La increíble experiencia paranormal de la poetisa Gabriela Mistral con su sobrino fallecido

En 1943 la famosa poetisa chilena de fama mundial sufrió el suicidio de Yin Yin, el sobrino al que había criado como a un hijo.

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La poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957), la única mujer iberoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura gracias a obras como “Desolación”, “Tala”, Ternura” y “Lagar”, nació y creció en diversas localidades del Valle del Elqui -uno de los lugares más místicos y visitados de nuestro país-, donde vivió escuchando de los lugareños extrañas historias de espíritus y aparecidos.

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Según el escritor César Parra, Gabriela Mistral tuvo experiencias paranormales en varias fases de su vida, partiendo en su infancia y adolescencia en la localidad de Montegrande. “La poetisa declaró haber visto duendes cuando era niña, además de haber participado, cuando ya era adulta, en varias sesiones de espiritismo”.

Gabriela Mistral recibiendo el Premio Nobel de Literatura el 10 de diciembre de 1945.

Gabriela Mistral recibiendo el Premio Nobel de Literatura el 10 de diciembre de 1945.

Si bien Gabriela Mistral, cuyo verdadero nombre era Lucila Godoy Alcayaga, no se casó nunca, logró satisfacer en parte su deseo de ser madre acogiendo a un sobrino, Juan Miguel Godoy Mendoza, quien había nacido en Barcelona el 1 de abril del año 1925, como hijo de la española Marta Mendoza y Carlos Miguel Godoy Vallejos, medio hermano de la poetisa.

Tras la repentina muerte de la madre, el hermanastro de Gabriela Mistral decidió entregárselo a la poetisa en 1926 para que lo cuidara y criara, comprometiéndose a no reclamarlo jamás. Desde ese momento Yin Yin, como Gabriela Mistral lo llamó desde muy pequeño, la acompañó en todos sus viajes en su trabajo diplomático en Europa y creció junto a la escritora, considerándola como su madre.

Gabriela y Yin Yin

Ambos vivieron en Francia hasta 1940 cuando, temiendo por la seguridad de su sobrino con el estallido de la guerra, Gabriela Mistral y Juan Miguel se trasladaron a Petrópolis, Brasil, donde la poetisa siguió ejerciendo su cargo diplomático de cónsul de nuestro país. En aquel lugar se hicieron grandes amigos del escritor Stefan Zweig y su esposa Lotte Altmann, una pareja de judíos que, para consternación de sus conocidos, decidieron suicidarse en 1942.

Gabriela Mistral y Yin Yin.

Gabriela Mistral y Yin Yin.

Este luctuoso suceso, junto al carácter cambiante e irascible de Yin Yin, quien además de sufrir las crisis propias de la adolescencia sentía un fuerte desarraigo cultural, pues Brasil distaba mucho de parecerse a las cosmopolitas ciudades europeas donde había crecido, precipitaría otro hecho aún más trágico, que se convertiría en uno de los dolores más grandes en la vida de Gabriela Mistral. El 14 de agosto de 1943, Yin Yin, el mismo joven de 17 años que quería ser aviador y escritor, pero que terminó transformándose en un joven confundido y apático, decidió quitarse la vida ingiriendo arsénico.

El adolescente, antes de suicidarse, había dejado una escueta nota de despedida dirigida a Gabriela Mistral: “Querida mamá, creo que mejor hago en abandonar las cosas como están. No he sabido vencer. Espero que en otro mundo exista más felicidad. Cariñosamente, tu Yin Yin “.

Gabriela Mistral y Yin Yin en Petrópolis, Brasil, en 1943.

Gabriela Mistral y Yin Yin en Petrópolis, Brasil, en 1943.

La poetisa, en sus cuadernos de Petrópolis, escribió que “nadie podrá entender mi espanto de hallarme a mi Yin Yin agonizando de arsénico. Nada, nada me había preparado para este golpazo. Y nada hubiera podido prepararme”. Y en una carta a Eduardo Frei Montalva, le confesó: “Ay, amigo mío, de este destrozo íntimo yo no podré rehacerme: él era el aroma y, sin metáfora, la llama dulce de mi vida”.

Sin embargo, días después del suicidio de Yin Yin sucederían varios hechos inexplicables, los que fueron narrados por la propia Gabriela Mistral: “Después de la muerte de Yin Yin han sucedido cosas muy extrañas. Contaré una sola, como compendio. Entro a su cuarto, días después, cuando mi alma poco a poco volvía a mi cuerpo. Entro, digo, y me hallo con todo arrevesado como después de un huracán: libros y cuadernos desparramados, anaqueles remecidos, su armario abierto y todos los cajones volcados sobre la alfombra. Me retiré horrorizada. Salí al jardín. Hubiera huido, de no llegar entonces Cecilia Meireles, que entró a comprobar mis palabras. Si no hubiese llegado y no tuviese yo su testimonio, habría pensado que todo era una fata morgana mía. He tenido pesadillas que se prolongan de noche a noche. Me despierto torturada. Vuelvo como de una inquisición”.

Gabriela Mistral y Yin Yin en Europa en 1936.

Gabriela Mistral y Yin Yin en Europa en 1936.

Lo increíble es que días después de estos extraños sucesos, la poetisa aseguró haber visto con sus propios ojos a su sobrino fallecido. En otra página de sus diarios escribió: “Anoche vi a Yin Yin. Rezaba yo jaculatorias por su alma, y de pronto sentí que alguien me miraba. Topé mis ojos en los suyos, verdes, únicos, inolvidables. No sentí miedo. Tampoco angustia. Sentí una dulcedumbre sosegada como un sueño, pero totalmente lúcida: yo veía moverse las cortinas y las ramas de afuera. Recuerdo, ahora, hasta unas campanadas tenues, muy a lo lejos. Yin estaba de pie ante mi cama, a unos pocos pies de distancia. Me miraba, me taladraba esa mirada dulcísima, sin tristeza: mirada de criatura que ya ha probado el cielo”.

Fotografía de Yin Yin cuando niño.

Fotografía de Yin Yin cuando niño.

La poetisa agregó que “yo le hablaba con los ojos, yo le pedía decirme qué quería, pero Yin era sólo mirarme y mirarme. Y poco a poco se me fue borrando, de abajo hacia arriba, de los pies a la cabeza, que permaneció por un rato como un fruto de esos ojos, suspendida en el aire. Y se desvaneció con una delicadeza de vaho. Yo quedé por mucho rato estática, clavada en mi cama, incapaz de moverme. Hasta que un brazo comenzó a acalambrarse, y al liberarlo, sentí que había pasado algún tiempo. He pensado a fondo, hasta hallar esto: Yin vino a verme porque quería que yo supiera su paz, su arribo final. Ya pueden sosegar mis oraciones. Ahora está a salvo, perdonado por la misericordia incesante de Jesucristo”.

La carta de despedida que Yin Yin le dejó a Gabriela Mistral antes de suicidarse.

La carta de despedida que Yin Yin le dejó a Gabriela Mistral antes de suicidarse.

Tras el fallecimiento de Gabriela Mistral en 1957 en la ciudad de Nueva York, debido a un cáncer de páncreas, la poetisa sería sepultada en el Mausoleo de profesores del Cementerio General de Santiago, aunque sus restos serían trasladados tres años más tarde -según su última voluntad- a la localidad de Montegrande. Los restos de Yin Yin, en tanto, serían repatriados desde Brasil el año 2005 a nuestro país y colocados junto a los de la gran poetisa de fama mundial, quien para todos los efectos prácticos fue como su verdadera madre.

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