La mítica maldición de Tutankamón cumple 100 años: Las inexplicables muertes que lo rodean
Guía de: Fenómenos Paranormales
- Héctor Fuentes
- Ver biografía
- |
-
Ver más de fenomenos-paranormales
“La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón”, rezaba la inscripción de una pequeña pieza de arcilla que el egiptólogo inglés Howard Carter encontró en 1922 -junto a una máscara funeraria de oro y otros fabulosos tesoros arqueológicos- en la tumba de Tutankamón, el mítico faraón egipcio fallecido hace más de dos mil años. Esa advertencia, según algunos, sería el antecedente directo de una de las maldiciones más famosas de la historia, la cual supuestamente ocasionó la muerte de 16 personas relacionadas con el hallazgo de la tumba.
El egiptólogo inglés Howard Carter llevaba dos años excavando en la zona egipcia del Valle de los Reyes y el 4 de noviembre de 1922 descubrió la primera señal de la existencia de una tumba, cuando uno de sus trabajadores tropezó por casualidad con una piedra que resultó ser el comienzo de una escalinata descendente.
Carter y sus colaboradores excavaron siguiendo los escalones hasta que, ese mismo día, se toparon con una puerta de barro que tenía sellos de escritura jeroglífica. Era la entrada a una tumba que aún mantenía los sellos originales.
Carter se moría de ganas de abrir la tumba y entrar allí, pero primero debía esperar obligadamente que llegara al lugar su financista, el mecenas británico George Edward Stanhope Molyneux Herbert, quinto conde de Carnarvon. Mientras un impaciente Carter esperaba su llegada, una cobra -ofidio que en el Antiguo Egipto protegía a los faraones- devoró el canario que tenía en su tienda. Uno de sus trabajadores egipcios le advirtió que aquello constituía un funesto presagio, pero el escéptico arqueólogo inglés se burló del comentario.
Lord Carnavon llegó finalmente desde Londres, acompañado por su hija Evelyn, el 23 de noviembre de 1922. Al día siguientes se terminó de excavar la escalera y Carter le mostró a su mecenas la inscripción de la puerta de la tumba de Tutankamón, el joven faraón fallecido a los 18 años de edad, quien era hijo de Akenathon, el faraón que había intentado instaurar el monoteísmo en el Antiguo Egipto.

El 26 de noviembre de 1922 Howard Carter, su ayudante Arthur Callender, Lord Carnavon y su hija Evelyn, bajaron a la tumba y observaron su interior a través de una pequeña abertura que hicieron en la esquina superior izquierda de la piedra. El primero en asomarse a la oquedad fue Carter, iluminando el interior con una vela.
-¿Puede ver algo? – le preguntó Lord Carnavon.
-¡Sí, puedo ver cosas maravillosas! – respondió el arqueólogo.
La tumba sería abierta al día siguiente (pues se requería la presencia de un oficial del gobierno egipcio) y en su interior encontraron cerca de cinco mil valioso objetos, incluyendo cofres, estatuas, figurillas, tronos, altares y divanes. También encontraron otra puerta sellada, flanqueada por dos estatuas de Tutankamón, que a su vez llevaba a la cámara real del sarcófago. Allí encontraron a la momia del joven faraón, cubierta por una maravillosa máscara funeraria de oro.

La puerta sellada de la cámara real de la tumba de Tutankamón, que no había sido violada en más de dos mil años.
Lo que nadie sabía es que a contar de ese momento comenzaría una serie de extrañas muertes que afectaron a personas relacionadas con el hallazgo de la tumba. Lord Carnavon, el millonario financista de las excavaciones que había vendido la exclusiva del descubrimiento, con fotografías incluidas, al Times de Londres, y quien estuvo presente el día en que se abrió la tumba, falleció el 5 de abril de 1923 a causa de una neumonía fulminante, detonada por una septicemia ocasionada por la picadura de un mosquito mientras se afeitaba.
Se cuenta que a la misma hora de su muerte en el Cairo hubo un gran apagón que dejó a oscuras la ciudad y, en Inglaterra, su perro aulló misteriosamente para luego caer fulminado en su casa en Hampshire. Para abonar el terreno a las coincidencias, al proceder a la autopsia de la momia del faraón se encontró que justo donde el mosquito había picado a Lord Carnarvon, Tutankamón tenía la señal de una herida.

A la repentina muerte del mecenas británico seguirían otras. En septiembre de 1923 su hermano Aubrey Herbert, que estuvo presente en la apertura de la cámara real, murió inexplicablemente en cuanto volvió a Londres. Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro para entrar en la cámara real, falleció por su parte en El Cairo poco después sin que los médicos pudieran determinar la causa de su deceso.
Sir Douglas Reid, el hombre que había radiografiado la momia de Tutankamón, enfermó y volvió a Suiza donde murió dos meses después. Alby Lythgoe, el arqueólogo del Metropolitan Museum de Nueva York que había prestado parte de su equipo para que Carter abriera la tumba de Tutankamón, perdió la vida a causa de un infarto en 1934.
George Jay Gould, amigo de Lord Carnarvon, se trasladó a Egipto después de la muerte del aristócrata británico, para ver el lugar con sus propios ojos, pero murió de neumonía después de resfriarse tras visitar la tumba. Richard Bethell, quien había ayudado a Howard Carter a clasificar el tesoro, murió poco después de un ataque cardíaco, a los 49 años de edad. Al poco tiempo, su padre, Lord Westbury, tras recibir la noticia, se suicidó en Londres, arrojándose por la ventana de su habitación. Curiosamente, tenía en su dormitorio un jarrón de alabastro procedente del sepulcro de Tutankamón.

La supuesta maldición de Tutankamón incluso afectó tangencialmente a personas que nunca había estado siquiera cerca de la tumba. En uno de sus viajes a Londres, Carter le regaló a su amigo Sir Bruce Ingram varios objetos procedentes de la tumba, pero pocos días después la casa de éste se incendió.
Para 1929, unas 16 personas relacionadas con Lord Carnarvon o Howard Carter habían fallecido y de inmediato la prensa sensacionalista, alimentada por un famoso artículo escrito por el novelista Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, en un conocido periódico de Londres, comenzó a hablar sobre la presunta maldición de Tutankamón, que supuestamente perseguía a quienes habían molestado en su descanso eterno al espíritu del joven faraón.
La novelista gótica Marie Corelli aderezó más la historia, afirmando poseer un primitivo texto árabe que mencionaba las maldiciones que seguirían a la apertura de la tumba.

La presunta maldición de Tutankamón reaparecería en las décadas de 1960 y 1970, cuando algunas de las piezas encontradas en la tumba del faraón se trasladaron a varias exposiciones temporales organizadas en museos europeos. Se dice que algunos de estos directores de estos museos murieron poco después de aprobar los traslados de las piezas.
El egiptólogo inglés Howard Carter, el descubridor de la tumba de Tutankamón en 1922, siempre negó la existencia de la supuesta maldición del faraón, asegurando que “estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas… Si esa maldición existiera, yo habría sido la primera víctima. Sin embargo, estoy aquí”. Sin embargo, para muchos supersticiosos, el joven faraón egipcio muerto prematuramente a los 18 años estaba protegido por una maldición, un fatal sortilegio que podía caer sobre cualquiera que violara su morada de descanso eterno.
Más sobre Fenómenos Paranormales
-
La isla-montaña Skellig Michael: El lugar donde el Arcángel San Miguel habría vencido a los demonios de Irlanda
En el siglo V, San Patricio comenzó su misión divina de arrancar a la nación irlandesa de las garras del paganismo.
-
¿Qué aspecto tenía la serpiente antes de la maldición de Dios? ¿Hablaba y andaba en dos patas?
Varias interpretaciones sugieren que no era el reptil que conocemos hoy en día.
-
Riaan Swiegelaar: El satanista que se convirtió al cristianismo tras supuestamente ver a Jesús
El ex cofundador de la Iglesia Satánica de Sudáfrica vivía inmerso en el ocultismo hasta que un día tuvo un encuentro sobrenatural que cambió su vida.
-
Donald Trump compartió sincera reflexión: “No estoy seguro de que vaya a llegar al Cielo”
El presidente norteamericano agregó que "quiero intentar llegar al Cielo si es posible. He oído que no me va bien".


