“La noche oscura del alma”: Cuando el miedo, la tristeza, y desolación se apoderan de nuestras vidas

Es descrita como una fase existencial crítica en que parece que Dios nos hubiera abandonado de repente.

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A lo largo de sus vidas, los seres humanos pueden pasar por agudas crisis espirituales o fases de vacío existencial, motivados por un sinfín de motivos (fallecimiento de un ser querido, enfermedad, separación matrimonial, pérdida de valores y norte de vida, fracaso profesional o personal, o pérdida de un trabajo). En estos oscuros períodos, llamados por algunos autores como “La Noche oscura del alma”, por lo general se experimentan sensaciones como miedo, tristeza, soledad, impotencia y desolación.

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Estas difíciles circunstancias y experiencias vitales, donde se derrumba la estructura egoica del individuo, pueden ser asimiladas a un tsunami espiritual en el que predominan los sentimientos de vacío, miedo y soledad, así como de aislamiento, apatía, indiferencia, pérdida de energía y sentido, negación del presente (donde surge una necesidad imperiosa de volver al pasado, en un tiempo y espacio en el que supuestamente estábamos mejor), desconcierto y desesperanza, con la imposibilidad de ver el futuro como algo mejor.

La noche oscura del alma, en estricto rigor, es una metáfora utilizada para describir una fase crítica en la vida espiritual de una persona, basada en el título de un famoso poema escrito por el poeta, sacerdote y místico católico español del siglo XVI San Juan de la Cruz, que narra el viaje del alma desde su casa corporal hasta su unión con Dios, pasando por diversas experiencias dolorosas y siguiendo ciertos pasos tendientes a lograr la purificación de los sentidos y la purificación del espíritu. Desde entonces, el término “noche oscura del alma” se utiliza en el cristianismo para referirse a una aguda crisis espiritual.

San Juan de la Cruz.

San Juan de la Cruz.

Algunos teólogos, por ejemplo, han deslizado la posibilidad de que el mismo Jesucristo también pudo haber experimentado una noche oscura del alma, especialmente cuando en soledad y privado de alimentos ayunó por 40 días en el desierto, donde fue tentado por el diablo, o cuando fue crucificado en la cruz, momento en que pronunció su famosa frase “Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” antes de morir. Por ello, el término “noche oscura del alma“ se utiliza cuando el individuo creyente puede sentir como si Dios lo hubiera abandonado de repente.

El renombrado teólogo y psicoterapeuta Thomas Moore, en su obra “Las noche oscuras del Alma”, explica que “una noche oscura del alma es oscura porque no tenemos garantías de que lo que está ocurriendo tenga sentido y en última instancia sea beneficioso, pero hemos de aceptar la noche oscura y vivir en consonancia a ella porque el alma se alimenta de la oscuridad tanto como de la luz.

Todos atravesamos en determinados momentos de nuestra vida una época de tristeza, conflictos, pérdida, frustración o fracaso que nos trastorna hasta tal extremo que cabe denominarla una noche oscura del alma… Hoy en día calificamos muchas de esas experiencias como ‘depresión’, pero no todas las noches oscuras son depresivas, y esa palabra huele demasiado a patología para describir algo que hace que nos cuestionemos el verdadero significado de la vida. La felicidad es algo más que una sensación temporal de que todo va bien y que el cielo ha bendecido ese momento; la vida siempre es compleja, una mezcla de dolor y satisfacción, cuyas proporciones difieren en cada caso según el destino y la gracia”.

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Thomas Moore agrega que “una noche oscura del alma posee sus propias cualidades poéticas, es un drama en toda la extensión de la palabra. No es una ficción, es una narración protagonizada por nosotros mismos. Quizá sea dolorosa, desalentadora y angustiosa, pero es una importante revelación sobre lo que constituye nuestra vida.

Una noche oscura del alma puede sanar, y sanar significa estar más vivo y presente en el mundo que nos rodea. Nos sana abriéndonos en canal, a veces hasta el punto de desmembrarnos. La noche oscura puede ser una forma de morir. Purifica una vida llena de desechos, del mismo modo que el Antiguo Testamento dice que Dios purificó todo lo existente con un diluvio. Es una forma de catarsis”.

La psicóloga y terapeuta Ascensión Belart concuerda con Moore y explica que la noche oscura del alma puede ser considerada como una especie de iniciación espiritual, una desintegración emocional que puede ir seguida de una transformación que nos libere y lleve más allá de nuestros horizontes existenciales.

“Carl Jung dijo que ‘la oscuridad y el caos preceden siempre a una expansión de la conciencia’. El crecimiento personal no es un proceso lineal, controlable y progresivo. El alma se hace visible, se manifiesta y madura con el descenso a lo oscuro. Es un proceso necesario para aprender a vivir desde el alma, en lugar de desde la tiranía del ego, con menos certezas sobre las cosas y más en contacto con las intuiciones y las emociones. La noche oscura del alma es un viaje sagrado, iniciático y solitario, un vacío fértil que destruye la pequeña voluntad, el orgullo y el egoísmo para crear un nuevo estado de conciencia”.

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Belart aconseja durante esta crisis espiritual rendirnos al dolor y dejar que sea éste el que nos pula, nos forje, purifique y transforme en su fuego alquímico.

“El alma se nutre de la noche oscura. El dolor, las adversidades, las renuncias obligadas a algunos sueños nos hacen humildes. Destruyen capas de orgullo, omnipotencia, vanidad, arrogancia y narcisismo; destruyen capas de egocentrismo, perfeccionismo, rigidez e intolerancia. La humildad se forja en el fuego alquímico del dolor. Tratar de evitar el sufrimiento inevitable solo genera más dolor. Ahora bien, podemos aliviar la pesadumbre y el dolor sin negarlos ni tratar de huir de ellos. Algunas personas se transforman mediante el dolor y las crisis, otras se instalan en la amargura, la tristeza y la desolación, se abandonan en una actitud de víctimas. Las crisis y las pérdidas son las grandes maestras de la vida que nos colocan al borde del abismo. Podemos elegir entre ser aprendices, discípulos de la vida o víctimas. Si queremos ser aprendices hemos de permitir sus iniciaciones.”

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Los especialistas recomiendan que la mejor forma de transitar por esos momentos de contracción, miedo y dolor es entregarse a ellos y mirarlos de frente, cultivando la virtud de la paciencia y evitando la ansiedad. Tomar conciencia del momento y observar nuestros pensamientos para sentir las emociones plenamente y evitar caer en hábitos autodestructivos y adicciones. Lo principal es recordar que la oscuridad no es real, sino que sólo una percepción distorsionada nacida del miedo.

Ascensión Belart concluye que crisis espirituales como la noche oscura del alma “son estados de transición, puntos de inflexión, momentos inciertos en los que existe una máxima tensión entre opuestos y a la vez se hallan cargados de fecundidad. Son en sí mismos momentos óptimos para el cambio. Las dificultades, tristezas, desafíos, conflictos y frustraciones nos configuran, son las experiencias que posibilitan el crecimiento y la evolución de la conciencia. Cada sufrimiento es una puerta que se abre a otro plano. El dolor y la pérdida cumplen la función de despertarnos a nuestra verdadera naturaleza primigenia, descubrir quiénes somos más allá de la máscara de la personalidad y los condicionamientos. Cuando muere el ego, el alma resplandece”.

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Thomas Moore sugiere que la noche oscura del alma puede ser un viaje hacia la unión con Dios, similar a lo descrito por San Juan de la Cruz en el siglo XVI. “La noche oscura nos ofrece la oportunidad de llevar a cabo una auténtica catarsis. Nuestro objetivo es la pureza de corazón. Debemos recuperar, no ingenuamente ni en las condiciones habituales, una visión de lo divino. La noche oscura puede ser considerada como como una depuración de la percepción a fin de intensificar la vida de nuestra alma y potenciar nuestra espiritualidad. Aunque las noches oscuras de la sociedad le infundan temor y le depriman, hay que tener presente que la oscuridad es necesaria para que la vida continúe”.

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Moore concluye afirmando que “la verdadera noche oscura no puede ser despachada tan a la ligera. Deja una marca indeleble y cambia a una persona para siempre. No es algo de lo que debamos ufanarnos. La noche oscura puede perturbarnos profundamente, sin ofrecernos ninguna salida, salvo quizá depender de nuestra fe y nuestros recursos más allá de nuestra comprensión y capacidad. La noche oscura requiere una respuesta espiritual, no sólo terapéutica. Una noche oscura del alma no es extraordinaria ni rara. Forma parte de la vida, y podemos beneficiarnos de ella tanto o más que de los momentos normales. Yo considero la noche oscura del alma como un período de transformación. Se parece más a una fase de la alquimia que a un obstáculo que nos impide alcanzar la felicidad”.

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