La teoría de Lissa Rankin, la doctora que afirma que la mente puede sanar al cuerpo

Esta especialista afirma que el cuerpo humano ha construido un asombroso mecanismo de auto-reparación incluso contra las enfermedades más graves.

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En 1957 se produjo el siguiente caso médico en Estados Unidos. El doctor Philip West estaba tratando a un paciente de apellido Wright, afectado de un cáncer en fase avanzada denominado linfosarcoma. El pronóstico, por cierto, era bastante desalentador. Todos los tratamientos habían fallado y el tiempo corría en su contra. El cuello, el tórax, el abdomen, las axilas y las ingles estaban llenos de tumores del tamaño de una ciruela. El bazo y el hígado estaban agrandados y, para más inri, cada día el cáncer le provocaba al paciente que las dos cuartas partes de su tórax se llenaran de un líquido lechoso que tenía que ser drenado para permitirle respirar. El doctor West no esperaba que su pobre paciente sobreviviera más de unas cuantas semanas.

Pero el señor Wright se aferraba con todo a la vida y puso su esperanza en un nuevo y prometedor fármaco llamado Krebiozen. Así que le suplicó a su médico que le administrara el nuevo medicamento, pero había un gran problema. El remedio sólo se probaba en ensayos clínicos en personas con una esperanza de vida de por lo menos tres meses más, así que el señor Wright estaba demasiado grave para ser considerado apto para el ensayo. Pero éste no se dio por vencido. Sabiendo de la existencia del medicamento y creyendo que sería el responsable de su milagrosa curación, insistió e insistió a su médico hasta que éste cedió a regañadientes y le inyectó Krebiozen. El doctor West le aplicó la inyección un día viernes, pero en el fondo no creía que su paciente pasara del fin de semana.

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Para su absoluto desconcierto, el lunes siguiente, el doctor West encontró a su paciente fuera de la cama, paseando. Según el médico, «las masas tumorales del señor Wright se habían derretido como bolas de nieve en una estufa» y su tamaño era, ahora, la mitad que al principio. A los diez días de la primera dosis de Krebiozen, el hombre abandonó el hospital, aparentemente sin tumor maligno alguno. El señor Wright estaba entusiasmado y durante dos meses se refería con elogios al Krebiozen como un medicamento milagroso, hasta que diversas publicaciones científicas empezaron a informar de que el Krebiozen parecía no ser eficaz. El señor Wright, que creía todo lo que decían los medios escritos de divulgación científica, cayó en una depresión profunda y el cáncer apareció de nuevo.

Esta vez, el doctor West, que sinceramente deseaba salvar a su paciente, decidió ser más astuto. Le explicó al señor Wright que alguno de los primeros lotes del fármaco se había deteriorado durante el envío, provocando una pérdida de su eficacia, pero que había conseguido un suministro de un nuevo lote de Krebiozen, muy concentrado y ultrapuro, que podía volver a administrarle. Por supuesto, todo se trataba de una descarada mentira. A continuación, en vez del supuesto medicamento, el médico le inyectó agua destilada al señor Wright. Y de nuevo sucedió el supuesto milagro. Los tumores volvieron a derretirse, desapareció el líquido que inundaba su tórax y el señor Wright se sintió perfectamente durante otros dos meses.

Sin embargo, la Asociación Médica Estadounidense descubrió el engaño del doctor West al anunciar que un ensayo de alcance nacional con Krebiozen había demostrado que el fármaco era totalmente ineficaz para tratar el cáncer. Esta vez, el señor Wright perdió toda la fe en su tratamiento. El cáncer reapareció enseguida y murió a los pocos días después.

Prejuicios con respecto a los placebos

Décadas más tarde, la doctora norteamericana Lissa Rankin, que había leído los pormenores de este caso y los de otros tantos semejantes que se produjeron posteriormente, tenía, al igual que la mayoría de sus colegas, ciertos prejuicios con respecto a los placebos, uno de los cuales afirmaba que las personas que reaccionaban a los placebos tenían un coeficiente intelectual menor al promedio de los pacientes o bien eran más «neuróticos». Pero, investigando las últimas investigaciones médicas sobre el tema, se llevó una gran sorpresa. Varios estudios científicos habían concluido que casi todo el mundo podía ser inducido a responder a un placebo si se daban las condiciones adecuadas, incluso los médicos y los científicos. Además, otros estudios sugerían que aquellos pacientes con mayor coeficiente intelectual eran los que respondían de forma mucho más afectiva a un placebo.

Lo anterior, entonces, la llevó a madurar y formular la siguiente conclusión: las creencias positivas de la mente podían sanar el cuerpo, por lo que potencialmente todos tendríamos la misma oportunidad de beneficiarnos de este extraño fenómeno. Cuando los pacientes —no sólo los crédulos, sino que todos ellos— creen que van a mejorar, un buen porcentaje de ellos experimenta de hecho una mejoría clínica.

Esta teoría fue finalmente condensada por la doctora Rankin en su libro “Mind Over, la prueba científica de que su cuerpo puede curarse”, que básicamente postula que ya sea que un paciente esté luchando contra una enfermedad potencialmente mortal, una condición de salud “crónica” que la medicina occidental no ha sido capaz de curar, o que esté luchando contra los síntomas molestos que disminuyen su calidad de vida, o simplemente esperando para optimizar su energía, vitalidad , y longevidad, existen pruebas científicas de que éste puede curarse a sí mismo.

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“Las cargas de los datos demuestran que la mente humana puede creer en sí misma también. En los ensayos clínicos lo llamamos “el efecto placebo.” Los pacientes tratados con placebos no sólo se sienten mejor, sino que ellos realmente saben que están mejor. Hay cientos de casos que así lo demuestran: verrugas que desaparecen, bronquios que se dilatan, inflamaciones que desaparecen, el cabello que crece en las cabezas de algunos hombres calvos, úlceras que sanan, y otros fenómenos fisiológicos medibles. También sabemos que puede ocurrir todo lo contrario. La mente puede pensar en sí mismo como un enfermo, lo que los investigadores llaman “el efecto nocebo.” Cuando los pacientes reciben inyecciones con solución salina y les dijeron que era la quimioterapia, vomitaban y perdían su cabello”, explica la doctora, que postula que hay toda una ciencia oculta detrás de cómo un pensamiento o una emoción positiva o negativa en la mente se traducen en la reparación espontánea en el cuerpo humano.

Mecanismos de auto-reparación

La científica agrega que “el cuerpo humano dispone de mecanismos de auto-reparación que pueden fijar proteínas dañadas, reparar el ADN y desequilibrios hormonales, y engullir las células del cáncer, agentes infecciosos y cuerpos extraños a los que nuestros cuerpos están expuestos a diario. Estos mecanismos son los que explican las remisiones espontáneas que se reportan en la literatura médica de aparentemente enfermedades “incurables” como la etapa 4 del cáncer, el VIH, el hipotiroidismo, la diabetes, e incluso una herida causada por un arma de fuego. Sin embargo, los pacientes a menudo se sienten impotentes para aprovechar estos mecanismos de auto-reparación naturales”.

La Dra. Lissa Rankin asegura que hay algunas herramientas para optimizar la capacidad de la mente y del cuerpo humano para autorrepararse, como la medicina preventiva, que permiten aumentar la probabilidad de que un día el paciente morirá de “edad avanzada”, en lugar de morir demasiado joven. También postula que existen algunos factores específicos que desactivan los mecanismos de auto-reparación naturales del cuerpo, como el estrés. “Los datos demuestran que el estrés se presenta en diferentes formas, ya sea el estrés de sentirse solo, el estrés en el trabajo, el estrés financiero, el estrés marital, el estrés familiar, el estrés de sentirse creativamente bloqueado o espiritualmente desconectado. Independientemente de lo que desencadena cualquiera de estos tipos de estrés, esto desencadena una serie de pasos fisiológicos asociados con el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y la respuesta de “lucha o huida” del sistema nervioso simpático. En palabras comunes y corrientes, esto significa lo siguiente: si usted está estresado, ya sea por la falta de dinero, por lo mal que anda su matrimonio o porque no lo valoran en su trabajo, su cuerpo no puede saber la diferencia entre una amenaza percibida, tales como la quiebra económica inminente, y una amenaza real, como ser perseguido por un león en un llano abierto”.

La doctora agrega que “lo anterior nos permite concluir una cosa: el cuerpo sólo puede repararse a sí mismo cuando está en un estado de reposo fisiológico y mental. Cada vez que nuestro cuerpo piensa que es hora de “huir de un león” o de cualquier otra amenaza percibida, se obstruye la auto-reparación. Después de todo, ¿quién se preocupa por el mantenimiento a largo plazo de cómo matar a las células cancerosas no deseadas si estás a punto de ser comido por un león o a punto de ser despedido de tu trabajo?”.

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