Las increíbles experiencias paranormales de Adolf Hitler

El líder del Tercer Reich, cuya llegada al poder fue anunciada por varios videntes, creía que la Providencia lo protegía.

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Considerado uno de los mayores villanos de la historia, Adolph Hitler es sindicado por los historiadores como el principal responsable de la mayor tragedia del siglo XX: La segunda Guerra Mundial. Y su fulgurante carrera de pintor aficionado, cabo de ejército y agitador de las masas a amo y señor de Alemania constituye una de los ascensos más asombrosos de la historia.

Pero, si bien muchos de sus aspectos de su vida son bastante conocidos (como su recalcitrante pangermanismo y su declarado y virulento antisemitismo, que le llevaría a declarar que “el judío es y sigue siendo el enemigo del mundo, y su arma, el marxismo, una plaga de la humanidad”), pocos saben que el hombre más temido del siglo XX no sólo tuvo una cercana relación con la religión, sino que incluso habría pasado, según él mismo confesó, por experiencias de tipo paranormal.

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Nacido a las seis y media de la tarde del 20 de abril de 1889 en la localidad de Braunau am Inn, ubicada a 60 kilómetros de Salzburgo, en la provincia de la Alta Austria, cerca de la frontera con Alemania, Adolph Hitler vivió parte de su niñez en Lambach, una ciudad rica en historia alemana medieval y arquitectura. Su nueva casa, de hecho, estaba cerca de la Abadía de Lambach, un gran monasterio benedictino, fundado en el siglo XI, en cuyas paredes Hitler contempló por primera vez el símbolo de la esvástica o Hakenkreuz (cruz gamada), un símbolo de origen pagano que le produjo una particular atracción.

Hitler fue también un lector voraz. Solía pasar su tiempo en toda clase de bibliotecas, leyendo todo tipo de libros, incluyendo aquellos que trataban sobre mitología, ocultismo y pangermanismo. Era un ávido lector de una publicación esotérica llamada “Ostara” ( nombre de una divinidad germánica de la primavera), cuyo emblema precisamente era una esvástica.

La voz que le salvó la vida a Hitler

Hitler consideraba desde los primeros momentos de su gobierno (el 30 de enero de 1933, cuando el mariscal Paul Von Hindenburg presidió la ceremonia donde fue nombrado Canciller de Alemania), que estaba predestinado por la Providencia. Al respecto, Hitler narró a sus más cercanos una experiencia que le habría ocurrido durante la Primera Guerra Mundial, mientras luchaba en una trinchera. Relató que una misteriosa voz le había ordenado: “Levántate y vete de aquí”, y justo después de obedecerle, un obús habría caído y explotado justo en el lugar donde se encontraba sentado. Este incidente no fue menor en la vida del futuro líder del Tercer Reich, pues a partir de este momento muchos de sus biógrafos sostienen que Hitler probablemente llegó a pensar seriamente en la creencia de que había sido elegido por Dios para cumplir una gran misión en la Tierra. Y aquella voz que lo salvó milagrosamente de una muerte segura en la Primera Guerra Mundial, a su juicio, bien podía ser una señal del Destino.

Luego de ser ascendido a cabo y a sargento y de ser premiado con dos cruces de hierro por su valor en el campo de batalla, el 13 de octubre de 1918, poco antes del final de la guerra, la unidad donde servía (la I compañía del 16 Regimiento de Infantería Bávaro de Reserva) sufrió un ataque venenoso cerca de Ypres, Bélgica. El cabo austríaco quedó ciego a causa de los gases tóxicos y fue trasladado a un hospital. Increíblemente, y también atribuyéndolo a algo intangible y milagroso que lo protegía, Hitler recuperó posteriormente la vista, pero la alegría por este hecho se vio ensombrecida por malas noticias: Alemania y sus aliados habían perdido la guerra, y la monarquía había sido depuesta, proclamándose la república. Posteriormente, el tratado de Versalles le impondría a Alemania reparaciones de guerra y sanciones económicas casi humillantes.

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Los vaticinios que anunciaron la llegada de Hitler al poder

En un almanaque astrológico publicado a principios de 1923, la astróloga Elisabet Ebertin incluyó varias predicciones y pronósticos políticos para Alemania, en los cuales vaticinó el fallido “Putsch de Munich”, que ocurriría poco después, y el posterior ascenso de Hitler al poder. Ebertin aseguraba que “un hombre de acción nacido el 20 de abril de 1889, con el Sol en grado 29 de Aries puede exponerse a un peligro personal a causa de una acción demasiado apresurada [...] Sus constelaciones muestran que hay que tomar muy en serio a este hombre. Está destinado a desempeñar el papel de líder de futuras batallas. [...] Este hombre está destinado a sacrificarse por la nación alemana”.

Dietrich Eckart, uno de los fundadores del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) y reconocido poeta y místico alemán, afirmó por su parte que había recibido un sorprendente mensaje mientras participaba en una reunión espiritista en 1915, años antes de conocer a Hitler. Una voz le habría dicho que “un hombre aparecería en Alemania para conducir la Raza Aria a la victoria final sobre los judíos”. La misma voz, por cierto, le dijo a Eckart que él mismo tendría una misión, pues él sería el encargado y el responsable de apadrinar y promover al “Elegido”. Años después Eckart conoció a Hitler y sintió de inmediato que se había topado con el hombre al que aquella voz se refería, el supuesto líder predestinado a salvar a Alemania y a redimir la raza aria conduciéndola a un lugar de privilegio de un imperio que habría de durar 1000 años. Antes de morir, en 1923, un agónico Eckart, hablando precisamente de Hitler, le dijo en su lecho de muerte estas últimas palabras a sus amigos : “Lo he iniciado en la Doctrina Secreta, he abierto sus centros de visión y le he proporcionado los medios para comunicarse con los poderes. ¡Síganlo! yo he compuesto la música, pero Él bailará”.

Las palabras de Eckart serían proféticas, pues Hitler se convertiría en uno de los hombres más poderosos del mundo y no serían pocos los alemanes que verían en él a una suerte de salvador, el mítico líder que anunciaban algunos místicos y leyendas alemanas. El alcalde de Hamburgo, durante el congreso del NSDAP celebrado en Núremberg en 1937, llegó a afirmar que “nos comunicamos directamente con Dios a través de Adolf Hitler. No necesitamos clérigos ni sacerdotes”.

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Los fallidos atentados en su contra

Siendo ya Canciller del Tercer Reich, la supuesta buena estrella que protegía a Hitler estaba en su cénit, lo que se demostraría en los fallidos atentados que se organizaron para terminar con su vida (se dice que fueron más de 40, de los cuales se recuerdan seis de ellos). En noviembre de 1939, por ejemplo, George Elser, un relojero y carpintero alemán, instaló un dispositivo explosivo en una de las columnas del estrado en la cervecería Bürgerbräukeller, lugar donde Hitler iba a dar un discurso con motivo del Putsch de 1923. Se suponía que Hitler debía terminar su alocución alrededor de las 10 de la noche, pero éste, inexplicablemente, lo finalizó pasadas las 21 horas y se retiró del lugar. Trece minutos después de marcharse explotó la bomba y mató a siete personas dejando el lugar en ruinas. Elser sería detenido y ejecutado cinco años después, en abril de 1945 ,en el campo de concentración de Dachau.

Otro intento fallido lo realizó Fabian Von Schalaberndorff, quien en marzo de 1943 instaló bombas barométricas en el “Cóndor”, el avión personal de Hitler, pero los artefactos no estallaron debido a la temperatura. Lo mismo sucedió con el plan de hacer volar su tren especial.

El intento que tuvo mayores probabilidades de éxito fue, sin duda, la famosa “Operación Walkiria”, el complot que se perpetró el 20 de julio de 1944 a instancias del coronel Claus von Stauffenberg, quien logró colocar en la sede del Estado Mayor Alemán, en Prusia Oriental, una poderosa bomba accionada por detonador químico, a menos de un par de metros del Führer. Sin embargo, cuando Stauffenberg ya se había ido de lugar, uno de los presentes, Heinz Brandt, se tropezó con el maletín que portaba el artefacto y lo trasladó detrás de las gruesas patas de la mesa de roble donde se apoyaba Hitler. La bomba explotó y mató a cuatro personas, pero hirió sólo de leve consideración a Hitler, quien volvió a salvar con vida. El organizador del atentado, el coronel Claus Von Staufenberg, fue fusilado junto a varios cómplices, poco tiempo después.

Después de sufrir todos estos atentados contra su vida, especialmente este último, al cual sobrevivió casi por milagro, la convicción que tenía Hitler en la predestinación de la Providencia se vio notablemente reforzada.

Así las cosas, parecía que la única persona que podía matar a Hitler era…Adolf Hitler, como efectivamente sucedió. Cuando las tropas soviéticas llegaron a los suburbios de Berlín el 24 de abril de 1945, el Führer comprendió que la Providencia ya no podía ayudarlo más y que se estaba por escribir el epílogo de su meteórica carrera militar y política. Como no quería terminar como su amigo y ex aliado Benito Mussolini, el “Duce”, cuyo ensangrentado cuerpo fue colgado por los partisanos italianos para mostrarlo a las masas, ordenó a sus edecanes que, una vez que se hubiera pegado un tiro, quemaran su cuerpo con gasolina para que no cayera intacto en manos de los rusos.

El 28 de abril Hitler se casó con su amante Eva Braun y al día siguiente dictó su testamento, diciendo “Yo mismo y mi esposa elegimos la muerte, para evitar la vergüenza de la destitución o la capitulación”. La tarde del 30 de abril de 1945 ambos se suicidaron.

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