Las profecías de Hildegarda von Bingen, la santa que predijo la llegada del anticristo y el fin de EE.UU.

La vidente y sabia alemana, una de las personalidades más notables de su tiempo, vaticinó también hace casi mil años la misteriosa llegada de un cometa y una serie de desastres naturales.

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Hildegarda Von Bingen, quien sería conocida posteriormente como la sibila del Rin o la profetisa teutónica, fue una mujer fuera de lo común. No sólo fue la primera religiosa que recibió autorización explícita del Papa para escribir obras teológicas, y la primera en gozar del privilegio de predicar en iglesias y en plazas al clero y al pueblo. También compuso poesía y las partituras más antiguas que se conservan en la historia de la música; fue la primera autora de una pieza dramática moral con música (se le atribuye la invención de la opera) y la primera científica en tratar temas de sexualidad y de ginecología desde una perspectiva netamente femenina.

En su calidad de religiosa, abadesa, mística, líder monacal, médica, compositora y escritora, y gracias al hecho que poseía una cultura fuera de lo común, Hildegarda Von Bingen fue una de las personalidades más importantes de la Baja Edad Media, hecho que sería reconocido siglos más tarde cuando el papa Benedicto XVI le otorgó el título de doctora de la iglesia y la inscribió en el catálogo de los santos. El académico norteamericano Matthew Fox dijo de ella que “si hubiera nacido hombre, habría sido reconocida como uno de los artistas e intelectuales más grandes que el mundo haya visto”.

profecias-HildegardaHildegarda Von Bingen nació en 1098 en la localidad alemana de Bernersheim, en el valle del Rin, en el seno de una familia acomodada. Como era la menor de 10 hermanos, y siguiendo una vieja costumbre medieval, fue considerada desde su nacimiento como un “diezmo para Dios”, por lo que fue consagrada desde su nacimiento a la actividad religiosa. Así, antes que ingresara en la orden benedictina, ya conocía bastante bien el latín, el canto gregoriano y las Sagradas Escrituras.

Ya convertida en religiosa, se decía de ella que gozaba de habilidades milagrosas, pues curaba a la gente de sus enfermedades usando el agua del río Rin. Su fama como sanadora atraía a tal cantidad de multitudes (también curaba a las personas con remedios hechos con plantas y piedras) que se dice que una de sus compañeras de claustro trató de convencer al obispo de que le ordenara a Hildegard que parara de hacer milagros. Aunque a Santa Hildegarda von Bingen no se le conoce un patronaje específico (su día se celebra cada 17 de septiembre), algunas personas la reconocen como la santa patrona de la ecología, la medicina, la música, el arte y hasta de la cerveza, pues esta sabia visionaria, consciente que beber agua en la época medieval, debido a las pésimas condiciones sanitarias de la época, era peligroso, le aconsejaba a las monjas de su orden que tomaran cerveza para mantener las mejillas rosadas y las enfermedades alejadas.

Hildegarda Von Bingen también fue una temida predicadora. En monasterios y en plazas públicas amonestaba al clero y a los monásticos relajados para que reformaran sus vidas. Fue tan amplia su participación en la Iglesia que también realizó, supuestamente, varios exorcismos.

El don de la profecía

Desde niña, y debido a su débil constitución física, Hildegarda von Bingen sufrió de recurrentes enfermedades, pero también comenzó a experimentar a los 3 años fabulosas e inexplicables visiones. “Vi una luz tal que mi alma tembló”, aseguró la religiosa, detallando que esta gran luz llegaba acompañaba de imágenes, formas, colores, una voz que le explicaba todo lo que veía e, incluso, en algunas oportunidades, de música. A contar de ese momento, la religiosa sufriría de recurrentes visiones durante todo el transcurso de su vida, las que le sobrevenían en forma mental y en pleno estado de vigilia, pues, al contrario de otros místicos, no entraba ni en trance ni en un estado de éxtasis.

Cuando tenía 42 años, después de una visión particularmente “fuerte”, la religiosa recibió la orden divina de escribir todas las visiones que tuviese, las cuales fueron compiladas en su primer libro, “Scivias” (“Conoce los caminos”). Pero Hildegarda todavía se resistía a hacer públicas sus visiones, repletas de predicciones e información sobre los hechos futuros. En una carta enviada al ilustre monje cisterciense Bernardo de Caraval, la religiosa le explicaba que “estoy profundamente perturbada por una visión que se me ha aparecido por medio de una revelación divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente en mi espíritu. Desdichada, y aún más desdichada en mi condición mujeril, desde mi infancia he visto grandes maravillas que mi lengua no puede expresar, pero que el Espíritu de Dios me ha enseñado que debo creer. [...] Por medio de esta visión, que tocó mi corazón y mi alma como una llama quemante, me fueron mostradas cosas profundísimas. No oigo estas cosas ni con los oídos corporales ni con los pensamientos de mi corazón, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos, de tal manera que nunca he sufrido la ausencia del éxtasis. Veo estas cosas despierta, tanto de día como de noche”.

Bernardo de Caraval, luego de recomendarle a la religiosa que reconociera “este don como una gracia y a responder a él ansiosamente con humildad y devoción”, intervino ante el papa Eugenio III, que ordenó que un comité de teólogos estudiara y aprobara parte del “Scivias”. El mismo papa, posteriormente, leyó públicamente algunos textos durante el sínodo de Tréveris y declaró que las visiones de Hildegarda Von Bingen eran fruto, sin duda, de la intervención del Espíritu Santo. Luego que el mismo papa le pidiera que continuara escribiendo sus visiones, Hildegarda inició una intensa actividad literaria (escribió en total nueve libros, varios de índole científica) y una relación epistolar con múltiples personalidades de la época, tanto políticas como eclesiásticas (como los papas Anastasio IV y Adriano IV, Enrique II de Inglaterra, Federico I Barbarroja, el rey Conrado III y Leonor de Aquitania), quienes le pedían sus consejos y orientaciones. En 1163, como fruto de sus constantes visiones, comenzó la escritura de “De Operatione Dei” y “Liber divinorum operum”, la tercera de sus tres obras más importantes y que tardaría alrededor de diez años en concluir.

Hildegarda von Bigen, la misma mujer que confesaba que no era educada y que todo lo que sabía venia de las visiones otorgadas por Dios, y que aseguraba que “la mujer podrá estar hecha del hombre, pero el hombre no se puede hacer sin una mujer”, falleció el 17 de septiembre de 1179, a la edad de 81 años. Las crónicas de la época aseguran que a la hora de su muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores que formaron una cruz en el cielo.

Sus profecías más conocidas

Entre las profecías más conocidas de Hildegarda Von Bingen se cuenta el anuncio de la crisis política causada por la irrupción del protestantismo, que dividió políticamente a su país natal y ocasionó una dura persecución al clero:

“Vendrá el tiempo en que príncipes y pueblos rechacen la autoridad del Papa. Algunos países preferirán sus propios jerarcas religiosos al Papa. El imperio alemán será dividido. La propiedad de la Iglesia será secularizada. Los sacerdotes serán perseguidos y los herejes predicarán su falsa doctrina sin ser molestados, lo que causará que los cristianos duden de su santa fe católica. Hacia el fin del mundo la humanidad será purificada por sufrimientos, en especial el clero, al que se le robará sus propiedades. Cuando el clero simplifique su modo de vida las condiciones mejorarán”.

Una de las profecías más misteriosas de Hildegarda von Bingen se relaciona con una profecía que, según algunos estudiosos, parece anticipar el fin de los Estados Unidos, pues en ella se refiere a un país que está al otro lado del océano, constituido por “diferentes tribus y linajes” (Estados Unidos se caracteriza por su gran variedad étnica), el mismo país que perdería sus colonias en el este por culpa de un “tigre” y un “león” (China y Rusia, probablemente):

“Antes de la llegada del cometa, muchas naciones, excepto las buenas, serán azotadas por la necesidad y el hambre. La gran nación al otro lado del océano que está habitada por pueblos de diferentes tribus y linajes será devastada por un terremoto, huracanes y olas marinas. Será dividida, y en gran parte sumergida. Esa nación también tendrán muchas desgracias en el mar y perderá sus colonias en el Este a causa de un Tigre y un León”.

Para la vidente alemana, la llegada de este gran cometa sería sólo la antesala de una catástrofe natural sin precedentes a nivel planetario:

“El cometa, con su inmensa presión, hará salir mucho del océano, que inundará muchos países y ocasionará mucha necesidad y plagas. Después del gran cometa, la gran nación será devastada por terremotos, huracanes y muchas olas de agua, que causarán gran necesidad y plagas. El océano también inundará muchos otros países, de modo que las ciudades costeras vivirán en terror, pues muchas serán destruidas por las olas y casi todas las criaturas vivientes serán muertas; incluso las que escapen morirán de horribles enfermedades porque nadie en esas ciudades vive según las leyes de Dios”.

Después de la llegada del supuesto y misterioso cometa, según la religiosa germana, el mundo vivirá otro trance tanto o más duro, marcado por la llegada del temido anticristo:

“El hijo de la perdición (el anticristo) vendrá al final de los tiempos, justo antes de que el Sol desaparezca en el horizonte… El hijo de la perdición será una bestia muy malvada que dará muerte a los que se niegan a creer en él, y se asociará con reyes, sacerdotes y ricos… Él se ganará a las personas permitiéndoles hacer lo que quieran. El anticristo nacerá de una mujer impía que, desde su infancia, tendrá conocimientos en las ciencias ocultas y en las creencias del demonio… A la vista de estas cosas, muchos estarán aterrorizados y creerán en él; y algunos, conservando su fe primitiva, sin embargo, serán juzgados y obligados a cerrar el ojo interior de su alma.”

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