Los increíbles prodigios de San José de Cupertino, el “santo volador” a quien se atribuye la capacidad de levitar

Este santo napolitano, patrono de los aviadores y estudiantes, una vez levitó en presencia del Papa Urbano VIII.

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Los fenómenos místicos, como la levitación, bilocación, la facultad de curar con la señal de la cruz y el don de la profecía, suelen estar presentes en la vida de muchos santos, aunque San José de Cupertino (1603-1663), llamado el “Santo volador”, es considerado, sin duda, uno de los casos más prodigiosos y notables.

JoseCupertino

José María Desa, el futuro San José de Cupertino, nació en la localidad de Cupertino, Lecce, Italia, el 17 de junio de 1603, en el seno de una familia de escasos recursos económicos. Desde pequeño manifestó una gran dificultad para los estudios y el trabajo, aunque debido a que era piadoso y caritativo, también sentía una atracción genuina por la vida religiosa, por lo que a los 17 años solicitó ser admitido como franciscano en la Orden de los frailes menores conventuales, pero no lo logró debido a su escasa formación escolar. Tampoco sería admitido en los Hermanos menores reformados,y si bien fue aceptado como hermano lego, antes del año de noviciado fue expulsado debido a que sólo se preocupaba por las penitencias y la oración, descuidando las labores que se le encomendaban.

Antes de cumplir los 22 años no sabiendo qué hacer ni a quién acudir, José pasaba largas horas en el Santuario de Santa María de la Grottella, delante de la imagen de la Virgen, quejándose amargamente de su suerte: “Todos me echan… Todos me insultan… Todos se burlan de mí… ¡mis propios familiares!… mi madre también…! ¿Qué será de mí? ¿Qué hacer?… ¡Señor, en tus manos, entrego mi destino! ¡Virgen María, sálvame y ayúdame!”.

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Gracias a la mediación de un tío que era hermano franciscano conventual, quien se apiadó de su situación, José ingresó como terciario y mandadero en el convento de Grotella de los padres franciscanos. Y debido a su humildad, amabilidad, espíritu de penitencia y amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos. De ese modo, en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.

No obstante, Fray José adolecía de cierto déficit intelectual y era tan mal estudiante que cuando debió estudiar para prepararse al sacerdocio, la única frase que logró memorizar y entender del Evangelio era aquella que decía Santa Isabel: “Bendito el fruto de tu vientre Jesús”.

Se cuenta que cuando llegó el día del examen final, la prueba definitiva por la cual se decidiría qué jóvenes novicios serían ordenados, José se encomendó a la Virgen para que lo ayudara. El jefe de los examinadores lo hizo pasar adelante y le notificó: “Voy a abrir el Evangelio y la primera frase que salga, será la que tendrá que explicar”. Increíblemente, el religioso abrió la Biblia al azar y salió precisamente la frase de Lucas 1, 39-45, la única que Fray José sabía explicar. Y lo hizo tan perfectamente, que el obispo suspendió el examen otorgándole el diaconado al joven religioso.

San Jose de Cupertino, oracion estudiantes

José de Cupertino sería ordenado sacerdote en Poggiardo en 1628 y como reconocía que había sido ordenado sacerdote gracias a la intervención de la Virgen, celebró su primera misa en el convento de Grotella, frente a su imagen.

Más tarde, durante 10 años ejerció el sacerdocio en Cupertino y posteriormente en la localidad de Asís, atrayendo a multitudes de peregrinos debido a que en numerosas oportunidades manifestó diversos fenómenos místicos de orden corporal. Se dice que cuando entraba en éxtasis místico no sentía nada, aunque lo pincharan con agujas, le dieran golpes con palos o le acercaran a sus dedos velas encendidas. Lo único que lo hacía volver en sí era oír la voz del padre superior que lo llamaba a que fuera a cumplir con sus deberes. Cuando regresaba de sus éxtasis, solía decirle al padre guardián: “Perdóneme, Padre, es que estaba mareado”.

No obstante, de todos los fenómenos místicos por los que pasaba el religioso, sin duda el más sorprendente fue el de la levitación, capacidad respaldada por numerosos testigos y relatos históricos, siendo considerado el primer santo en número de manifestaciones de dicho fenómeno (se registraron más de setenta casos de levitación ocurridos solamente en la villa de Cupertino o sus alrededores, siendo presenciados tanto por los frailes como por los fieles de la villa).

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Una de las representaciones de San José de Cupertino.

En una época de su vida, estos increíbles fenómenos llegaron a ser tan frecuentes que sus superiores tuvieron que excluirlo del coro de su orden, pues en contra de su voluntad, interrumpía las ceremonias de la comunidad con sus vuelos cuando se encontraba en estado de éxtasis. Cierto día, los religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen que estaba a tres metros y medio de altura y darle un beso al Niño Jesús. A continuación rezó en el aire, presa de una intensa emoción. En otra ocasión, diez obreros intentaban llevar una pesada cruz pesada a lo alto de un monte cercano alta, pero no lograban hacerlo. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz y la llevó hasta la cima del monte.

¿Un fraude?

Por descontado, no faltaron los escépticos que acusaron a San José de Cupertino de ser un fraude, asegurando que sus prodigios eran meros engaños, por lo que fue juzgado por un tribunal inquisitorial acusado de falsa santidad y de abusar de la credulidad del pueblo. Por ello, fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma y luego frente al mismísimo Papa Urbano VIII, quien deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los célebres episodios místicos de éxtasis y de las levitaciones del frailecito italiano.

Cuando José de Cupertino compareció ante el Pontífice, se elevó por los aires ante la estupefacción de todos los presentes y sólo bajó hasta que un superior le ordenó que descendiera. Al terminar la audiencia, el Sumo Pontífice dijo, absolviéndolo de todos los cargos que pesaban en su contra: “Si este fraile muriera ahora, yo mismo testificaría a su favor en este proceso”. Se cuenta que cuando el Santo conversó más tarde con el mismo Papa Urbano VIII y con el futuro Papa Inocencio X, les predijo exactamente el día y la hora de la muerte de ambos.

Sus superiores, ante sus grandes poderes místicos, lo eligieron para exorcizar demonios, aunque el Santo se consideraba indigno de hacerlo. Por ello usaba la siguiente frase contra los espíritus malignos: “Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mí, sino por la obediencia que le debo a mis superiores”. Y los demonios salían.

También se cuenta que el Santo poseía el don de la bilocación, es decir, podía estar en dos lugares a la vez. Cuando su madre se encontraba agonizando en su pueblo natal, el Santo, que en ese momento se encontraba en Asís, la visitó en su cuarto antes de que falleciera, entrando al lugar rodeado de una gran luz. Cuando en Asís sus superiores le preguntaron a San José por qué estaba llorando amargamente, él les contestó que su madre acababa de fallecer. Posteriormente, fueron numerosos testigos los que acreditaron que el Santo realmente acompañó a su madre en Cupertino, pese a que se encontraba supuestamente a cientos de kilómetros de distancia.

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San José de Cupertino también tenía el don de sanar sólo haciendo la señal de la cruz. En una ocasión curó a un hombre lleno de llagas haciendo la señal de la cruz sobre sus heridas, milagro que repitió en otra oportunidad en que curó a unos enfermos de una plaga de fiebre altísima que fueron sanados cuando el Santo les hizo la señal de la cruz sobre su frente. Asimismo, una vez hizo recobrar la vista a un ciego poniéndole su capa sobre la cabeza, mientras que los mancos y cojos eran sanados al besar el crucifijo que San José ponía ante ellos.

El fraile italiano también podía comunicarse con los animales. Cuando paseaba por el campo y se ponía a rezar, las ovejas se reunían a su alrededor y escuchaban atentas sus oraciones. Las golondrinas volaban en bandadas alrededor de su cabeza y lo acompañaban por varias cuadras. San José de Cupertino, por esa época, solía exhortar a los peregrinos con estas palabras: “Cuándo quieran algo, confíen en Dios y recurran a la Virgen, mi Madrecita, y no desconfíen, ya que mi Madrecita los ayudará en todos los apuros”. También les decía: “¡Siervos de Dios, den ejemplo! Prediquen más por acciones que por palabras. Las acciones penetran en el corazón. Las palabras se resbalan y se esfuman”.

Los príncipes y nobles, al encontrarse con el Santo y presenciar sus milagros, sentían el poder de Dios. Una vez, el joven príncipe protestante Juan Federico, duque de Brunswick-Luneburgo, quien por entonces tenía 25 años, enterado de los prodigios del Santo, junto a dos de sus escoltas visitó Asís e ingresó a la iglesia donde San José se encontraba celebrando misa. Allí, el santo se elevó por los aires durante 15 minutos mientras tomaba la hostia consagrada, hecho que conmovió tanto al príncipe luterano que él y sus dos acompañantes decidieron convertirse a la fe católica.

jose de cupertino estudios oracion 1

Después de ser trasladado al convento franciscano de Osimo, en Ancona, San José de Cupertino, quien sería conocido en los siglos siguientes como el Santo volador, caería enfermo en agosto de 1663 y, como tenía el don de la profecía, vaticinó su propia muerte. Se preparó concienzudamente para ese momento y cuando le administraban los santos sacramentos, levitó ligeramente por encima del suelo diciendo: “Véase cuanto antes mi alma libre de la prisión de mi cuerpo y se una a ti, Mi Señor”.

San José de Cupertino fallecería pacíficamente en la mañana del 18 de septiembre de 1663, a los 60 años de edad. Sus últimas palabras fueron dirigidas a la Virgen María: “Muestra que eres mi madre”. Sería sepultado en la Capilla de la Inmaculada Concepción, en Osimo, lugar donde siete años antes profetizó que descansarían sus restos. En ese mismo sitio se producirían posteriormente grandes milagros, convirtiéndose en un lugar de peregrinación.

Reliquia del cuerpo de San José de Cupertino, que actualmente descansa en la Capilla de la Inmaculada, en el Convento franciscano de Osimo, Italia.

Reliquia del cuerpo de San José de Cupertino, que actualmente descansa en la Capilla de la Inmaculada, en el Convento franciscano de Osimo, Italia.

El Santo volador sería beatificado en 1753 por el Papa Benedicto XIV, mientras que el Papa Clemente XIII lo canonizaría en 1767. Su festividad se celebra el 18 de septiembre y, debido al don de la levitación del que hizo gala durante gran parte de su vida, es considerado el patrón de los viajeros en avión, los aviadores y los astronautas. Debido a las grandes dificultades que debió atravesar en su etapa de estudiante, también es considerado el patrón de las personas mentalmente discapacitadas y de los estudiantes, especialmente de los que tienen que presentarse a exámenes.

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