¿Qué aspecto tenía la serpiente antes de la maldición de Dios? ¿Hablaba y andaba en dos patas?
Guía de: Fenómenos Paranormales
- Héctor Fuentes
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La Biblia relata que cuando Dios supo que la serpiente en el Jardín del Edén, utilizada por el diablo, había tentado con éxito a Eva y luego a Adán a comer del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, la maldijo (Génesis 3:14-15): “Entonces Jehová Dios dijo a la serpiente: Por haber hecho esto, maldita serás entre todos los animales domésticos y entre todos los animales salvajes. Sobre tu vientre te arrastrarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza, y tú le herirás el talón”.
De acuerdo a este relato, entonces, la serpiente adquirió su forma actual, como una criatura sin extremidades que se desliza sobre su vientre, después de haber sido maldecida, lo cual plantea una inevitable interrogante: “¿Qué aspecto tenía la serpiente antes de ser maldecida?”.
Aunque la Biblia no lo detalla explícitamente, varias interpretaciones sugieren que la serpiente no era el reptil que conocemos hoy en día, sino un ser más formidable o astuto. Algunas interpretaciones, especialmente en la tradición rabínica, sugieren que la serpiente caminaba erguida o incluso sobre cuatro patas antes de la maldición, con características más “humanas” o más amenazantes.
La Biblia no ofrece muchos indicios en el tema. Aparte de revelar que podía conversar directamente con Adán y Eva, la única referencia a la serpiente antes de la maldición (Génesis 3:1) dice: “La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho”.
Algunos comentaristas de la Biblia y teólogos postulan que, sin duda, la serpiente fue transformada físicamente por la maldición de Dios. Carl F. Keil y Franz Delitzsch, en su “Comentario Bíblico del Antiguo Testamento” (1866), comentaron que “el castigo de la serpiente correspondía al crimen. Se había enaltecido por encima del hombre; por lo tanto, debía arrastrarse sobre su vientre y comer polvo todos los días de su vida. Si estas palabras no han de perder su significado completo, no pueden entenderse de otra manera que como que la forma y los movimientos de la serpiente fueron alterados, y que su actual forma repulsiva es el efecto de la maldición pronunciada sobre ella, aunque no podamos formarnos una idea precisa de su aspecto original. Arrastrarse sobre el vientre (=reptar, Levítico 11:42) era señal de la más profunda degradación; también el comer polvo, lo cual no debe entenderse como que el polvo sería su único alimento, sino que, al reptar en el polvo, también lo tragaría”.
El zoólogo Karl Shuker, consultor de medios y escritor científico, en su artículo “¿Una serpiente bípeda en el Jardín del Edén?”, comenta que “la tradición rabínica formuló diversas ideas sobre la apariencia de la serpiente antes de recibir la maldición divina. Según el Zohar (Libro del Esplendor), texto principal de la Cábala judía y extenso comentario del Pentateuco, antes de ser maldecida, la serpiente se erguía sobre dos patas traseras, como un humano, y era tan alta como un camello. De igual modo, ciertas tallas del antiguo Egipto la representan como un bípedo sumamente esbelto, de cuello y cola largos, con un par de brazos extensos, y ligeramente más alta que un humano, ofreciéndole a Adán una fruta con una de sus patas. Sin embargo, al ser maldecida, Dios (o San Miguel, según el evangelio apócrifo de San Bernabé) le cortó los brazos y las piernas, dando origen a la serpiente sin extremidades que conocemos hoy. Dios también le quitó la capacidad de hablar como un ser humano, partiéndole la lengua, de modo que desde entonces sólo podía silbar”.
Otros autores postulan que la serpiente pre-maldita era un animal alado. Matthew Henry, en su “Comentario a toda la Biblia” (1708-1710), especuló que “quizás se trataba de una serpiente voladora, que parecía venir de lo alto como mensajera del mundo celestial, uno de los serafines; pues las serpientes de fuego volaban (Isaías 14:29). Muchas tentaciones peligrosas se nos presentan con colores brillantes y llamativos, pero superficiales, y parecen venir de lo alto; pues satanás puede parecer un ángel de luz”.
Karl Shuker, en su anterior artículo, comenta que “otro aspecto de este evento bíblico que ha generado considerable controversia teológica es si la serpiente era simplemente un reptil, es decir, un animal corpóreo, o si era satanás disfrazado de serpiente, o incluso una serpiente controlada por satanás. De ahí surge la pregunta de si, por lo tanto, la maldición de Dios fue impuesta a la serpiente o a satanás. Citando al teólogo Winterbotham:
«1. Sostengo que Dios no infligió ningún castigo en forma de degradación física en su sentencia a la tribu de la serpiente.
2. Sostengo, y creo que nadie lo discutirá seriamente, que el verdadero tentador no fue la serpiente, sino el diablo.
3. Concluyo, con toda seguridad, a partir de lo anterior, que la serpiente no fue maldecida, mientras que el diablo sí lo fue”.
Algunos eruditos argumentan que la serpiente en Génesis 3 es una metáfora para satanás, quien usó a la serpiente como un vehículo para engañar a Eva.
El zoólogo Karl Shuker cuenta que todas las anteriores opiniones se ha manifestado también en las representaciones artísticas de la serpiente. “Como ya se ha mencionado, las primeras tallas egipcias la representaban como un ser erguido y bípedo, mientras que los primeros pintores europeos solían representarla como una serpiente normal, sin extremidades, enroscada alrededor del Árbol del Conocimiento. Sin embargo, hacia el siglo XII d. C., se produjo un cambio de opinión, y los artistas europeos comenzaron a representar una versión algo más humanoide, a menudo con cuerpo de serpiente pero con cabeza (y a veces también brazos) de mujer, una tendencia que se extendió del arte a la literatura. Un ejemplo temprano y famoso es la obra de Benjamín el Escriba, realizada hacia 1280, que representa a Adán y Eva flanqueando una serpiente con cabeza, brazos y torso de mujer”.
Shuker agrega que “aún más impactante, sin embargo, es la serpiente del Edén representada en ‘La Tentación’ (1470), del pintor flamenco del siglo XV Hugo van der Goes, que constituye el panel izquierdo de un díptico que se conserva en el Museo de Historia del Arte de Viena. Como se puede apreciar, van der Goes la concibió como un lagarto bípedo con patas palmeadas, una larga cola y cabeza de mujer, cuyo cabello estaba trenzado en forma de cuernos, apoyado contra el Árbol del Conocimiento junto a Adán y Eva”.
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