Reencarnación: Sobrecogedores casos pretenden demostrar su existencia

La creencia de que el alma humana toma un cuerpo diferente para volver a nacer en la tierra es esgrimida por varias religiones.

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El concepto de reencarnación ha estado presente en la humanidad desde tiempos muy antiguos. La mayoría de las religiones orientales –como el budismo, el hinduísmo y el taoísmo- y también en algunos cultos tribales de África, América y Oceanía, creen que al morir una persona, su alma se separa momentáneamente del cuerpo y, después de algún tiempo, toma otro cuerpo diferente para volver a nacer en la tierra. De este modo, a través de los siglos las personas pasarían por muchas vidas en este mundo.

¿Y por qué el alma necesitaría reencarnarse? Porque en una nueva existencia ésta debe, en teoría, pagar los pecados cometidos en la presente vida, o bien tomar la recompensa de haber tenido una conducta honesta. El alma está, sostienen estas mismas religiones, en continua evolución. Y las sucesivas reencarnaciones le permitirían progresar hasta alcanzar la perfección. El alma, así, se convertiría en un espíritu puro y ya no necesitaría más reencarnaciones, sumergiéndose para siempre en el sublime infinito de la eternidad.

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En la historia de la humanidad, la creencia de que una persona fallecida volverá a vivir o aparecer con otro cuerpo (con una personalidad generalmente más evolucionada) ha sobrevivido incluso en forma de herejías y posturas no oficiales dentro de religiones como el cristianismo, el judaísmo y el islam, los únicos credos que no la contemplan. Sin embargo, a la luz de los siguientes casos documentados que han ocurrido en el mundo occidental, muchos sostienen que la reencarnación es una creencia mucho más verdadera y real de lo que muchos sostienen.

Situación dramática

El doctor argentino Armando Scharovsky, psicólogo especializado en hipnosis clínica e investigador del fenómeno de las regresiones a vidas pasadas, relata que a mediados de marzo de 1998 llegó a su consulta una mujer de 35 años que, en estado hipnótico, contó que se encontraba en una colina, cerca de una aldea, y que a lo lejos veía una casa iluminada. El doctor cuenta que “le pedí que se acercara y me dijera si ésa era su casa. Entonces comenzó a hablar en una lengua extraña. Yo le seguía haciendo preguntas en castellano, pero ella continuaba respondiéndome en esa lengua desconocida. De pronto, su voz se hizo muy angustiada, porque estaba reviviendo una situación muy dramática. Luego volvió a responderme en castellano y me dijo que se llamaba Olenka. Pero hablaba con un fuerte acento y trabajosamente”.

El doctor Sharovsky agrega que “con la sesión de esa paciente ya grabada, consulté a varias personas europeas, pero ninguna me supo decir en qué lengua hablaba la paciente. Rescataban alguna que otra palabra, pero no más. En mi búsqueda le comenté el hecho a un conductor y periodista y acordamos que él pasaría la grabación en su programa de radio. Salió al aire el 17 de marzo de 1998, y al día siguiente una oyente llamó para decir que reconocía la lengua desconocida. Se trataba del dialecto que hablaban los alemanes del Volga, una comunidad establecida en Saratov, una zona de Rusia. La oyente, ciega de nacimiento, contó que lo había aprendido de su bisabuelo que era oriundo de esa región. La traducción reveló una historia trágica ocurrida 110 años atrás, en que una hija narra cómo su padre la encierra y la viola”.

El doctor Ian Stevenson, famoso por estudiar casos de supuesta reencarnación, relató en una de sus tantas investigaciones el caso de una niña birmana, MaWinTar, nacida en 1962 y quien desde la edad de tres años aseguraba ser un soldado japonés capturado por rebeldes birmanos, y que había sido atado a un árbol y quemado vivo. La niña, curiosamente, tenía defectos congénitos en ambas manos: su dedo medio y anular de la mano derecha estaban entrelazados y libremente unidos al resto de la mano. Le faltaban varios dedos o tenían anillos de constricción y su muñeca tenía depresiones similares a las dejadas por una cuerda quemada.

El mismo doctor Robertson relató el caso de John McConnell, quien murió asesinado de seis balazos en 1992. Cinco años después de su muerte, su hija Doreen Mc Connell dio a luz a un hijo, William. Los médicos le diagnosticaron al recién nacido atresia pulmonar, una malformación congénita de la válvula pulmonar que impide que la sangre se bombee hacia los pulmones para que se oxigene. El estado de William, afortunadamente, mejoró después de una serie de cirugías y tratamientos. Lo asombroso es que la patología de William reflejaba los mismos daños físicos que había recibido su difunto abuelo, a quien una de las balas le entró por la espada, perforando su pulmón izquierdo y la principal arteria pulmonar de su corazón. Para rematar esta historia, un día, cuando intentaba faltar a la escuela, William le dijo a su madre unas palabras que la dejaron estupefacta: “Cuando eras una niña y yo tu padre, te comportabas mal de vez en cuando, pero yo nunca te golpeaba”.

Otro caso llamativo es el de Cameron Macaulay, un niño de 10 años que vive en la ciudad de Glasgow, Escocia, y que comenzó a los dos años de edad a hablarles a sus padres de su “otra casa”, que supuestamente estaba ubicada de la isla escocesa de Barra, a 260 kilómetros de su domicilio. El niño les decía que la “otra casa” era de color blanco, estaba cerca de la playa y tenía tres baños. Además, su “otra familia” se apellidaba Robertson y tenía un gran perro de color blanco y negro y un amplio automóvil negro, en el que solían viajar. Pese a que los padres del niño pensaban que estas historias eran producto de una fértil imaginación, decidieron contactar al doctor Jim Tucker, psicólogo de la Universidad de Virginia, quien, impresionado por los detalles que daba el niño en sus relatos, decidió llevarlo a la isla de Barra, lugar en el que ningún miembro de la familia Macaulay había estado jamás. Luego de llegar al lugar, la familia de Cameron y el doctor Tucker caminaron un gran techo por la playa, llegando por fin a una casa blanca, que Cameron identificó como “la suya”. El historiador de la isla, luego de enterarse del caso, les informó al doctor Tucker y a la familia Macauley que en la isla había vivido una familia de apellido Robertson, con una casita blanca de una planta en la playa, que tenía un perro blanco y negro y un coche negro. La único extraño es que la familia Robertson vivió allí… en los años sesenta del siglo pasado.

El caso de una joven colona

Brian Weiss, un psiquiatra de Miami, por su parte relató que una paciente suya llamada Diane, luego de ser sometida a la hipnosis, se recordó a sí misma como una joven colona norteamericana durante el conflicto con los indígenas. La joven, muy emocionada, relató que una vez mientras se ocultaba con su bebé (que tenía una mancha de nacimiento en forma de media luna en una parte específica del cuerpo) de la persecución de los indígenas, ahogó accidentalmente a su hijo al cubrirle la boca para que su llanto no los delatara. Meses después de la hipnosis, Diane, quien trabaja de enfermera, se enamoró de un paciente suyo que sufría ataques de asma y que resultó tener la misma mancha de nacimiento en forma de media luna, en la misma parte del cuerpo, que su bebé de la vida pasada. Según el doctor Weiss, el asma podía ser un remanente de una sensación de ahogo mortal en una vida anterior.

El caso de la danesa Jette Toft también dio que hablar. Ella aseguraba a su familia y amigos que había vivido en el siglo XIX en la localidad de Autol, en la Rioja, España. La mujer, que tenía recurrentes sueños de su vida pasada, aportó muchos datos históricos y nombres que eran demasiado precisos para ser inventados. Por ejemplo, afirmó que en el lugar había un antiguo puente con un molino, una ermita de la Virgen de la Nieva y que el nombre del alcalde de 1850 era Gerardo González. Un equipo del programa Strix, del segundo canal de televisión más visto de Dinamarca, tras enterarse de este caso, llevó en el año 2003 a Jette a España, donde permaneció tres días. Allí se descubrió que todo lo que había soñado era totalmente cierto.

La reencarnación también ha sido creída por célebres personajes históricos. El famoso general norteamericano George Patton, héroe militar en dos guerras mundiales, aseguraba que había vivido en siglos pasados como soldado raso, en la legiones de César, en las Cruzadas y en el ejército de Napoleón. Curiosamente, Patton vaticinó que no fallecería hasta que no hubiera acabado victoriosamente la guerra, cosa que efectivamente ocurrió. Tres meses después de la rendición incondicional de Japón, un tanque con los frenos rotos aplastó accidentalmente su jeep en la ciudad alemana de Heidelberg, causándole heridas mortales.

Por último hay que mencionar el caso de la actriz chilena Sandra Solimano, famosa por actuar en teleseries como “la última Cruz”, “Cerro Alegre” y “Adrenalina”. Luego que se sometiera a una sesión de hipnosis, la actriz comenzó a farfullar palabras en castellano y alemán, lengua que desconocía. Después de la sesión, cuando hubo recuperado la conciencia, la actriz, muy impactada, afirmó que había descubierto que en una vida pasada había sido… un oficial nazi.

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