Antihéroes de los Mundiales de Fútbol: Jan Jongbloed, el arquero amigo de Cruyff

En la legendaria Selección Holandesa subcampeona en las citas de 1974 y 1978 el rendimiento de este guardavallas motiva debates.

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En los Mundiales de fútbol siempre se llevan los principales encabezados y las fotos para la posteridad los mejores –como Pelé y Maradona-, los que anotan un golazo que se sale de todo marco –como el del ya mencionado Pibe de Oro ante Inglaterra, en México 86- o los que son caudillos en un equipazo –como Franz Beckenbauer en la Alemania campeona en 1974-.

Pero están los otros, cuyas acciones pasan prácticamente desapercibidas por el grueso de la hinchada en el orbe. Una suerte de antihéros, que también merecen su espacio. Es lo que intentaremos otorgar en este espacio, en la previa de una nueva cita mundialistas ahora en canchas rusas.

Comenzaremos con uno a quien unos pocos le destacaron su virtud de jugar mejor con los pies que con las manos. Pero muchos lo miraron bajo el hombro, definiéndolo como un portero del montón. Que había muchos mejores que él. Incluso, que por su miopía –por lo cual utilizaba lentes de contacto- no podía alinear en la Selección Holandesa. Y lo peor de todo, el correo de los chismes indicaba que había llegado al equipo Orange gracias a su amistad con Johan Cruyff.

Como sea, Jan Jonngbloed quedó en la historia por jugar en las finales que la Naranja Mecánica disputó en las citas de Alemania 74 y Argentina 78. Lo surrealista fue que, a menos de un mes del debut de los holandeses en el Mundial alemán, el bajo perfil de Jongbloed ni soñaba con tomar parte de la máxima cita. Con 33 años, atajaba tranquilo en el humilde FC Amsterdam. A lo más, exhibía en su hoja de servicios sólo cuatro minutos en el seleccionado tulipán, el 26 de septiembre de 1962 en un amistoso ante Dinamarca.

Jongbloed y su clásico polerón mundialista de color amarillo con el número 8.

Jongbloed y su clásico polerón mundialista de color amarillo con el número 8.

La enemistad entre Cruyff y Jan van Beveren, considerado el mejor guardavallas holandés de la historia y que tras una grave lesión estaba listo para retornar al equipo y jugar el Mundial, dejó al mencionado arquero abajo del avión. Y Jongbloed, a sugerencia de Cruyff al técnico Rinus Michels, quedó en la lista de los 22.

Para refrendar aquello que a quien buen árbol se arrima buena sombra lo cobija, el recién nominado quedó como el titular por sobre Piet Schrijvers, el eterno reserva de Van Beveren y de quien se suponía heredaría la posta. ¿Algo más? Él no era muy dado a jugar con guantes en esa época. Y como los encarnadores del Fútbol Total inscribieron los números de sus jugadores en orden alfabético –salvo Cruyff, que mantuvo su eterno 14-, Jongbloed quedó con el 8. Misma dorsal, tal vez por costumbre, que lució en Argentina cuatro años después.

En canchas germanas, en Primera Ronda y Cuartos de Final Jongbloed sólo recibió un tanto en contra –producto de un autogol cometido por Ruud Krol, en la victoria 4-1 sobre Bulgaria-. Pero en la instancia crucial, la final ante Alemania Federal, no se movió en el penal servido por Paul Breitner ni en el suave remate esquinado de Gerd Müller que construyeron el 2-1 a favor de los teutones. Disparos que, según los ponzoñeros de siempre, habrían sido contenidos por Van Beveren. Y todo por haber cometido el pecado de ser amigo de Cruyff.

Holanda en el Mundial de 1974. Arriba, de izquierda a derecha: Jan Jongbloed, Wim Rijsbergen, Arie Haan, Johan Neskeens, Ruud Krol y Wim Suurbier. Abajo: Johnny Rep, Johan Cruyff, Rob Rensenbrink, Wim Jansen y Willem van Hanegem. El campeón sin corona en la cita en canchas alemanas.

Holanda en el Mundial de 1974. Arriba, de izquierda a derecha: Jan Jongbloed, Wim Rijsbergen, Arie Haan, Johan Neskeens, Ruud Krol y Wim Suurbier. Abajo: Johnny Rep, Johan Cruyff, Rob Rensenbrink, Wim Jansen y Willem van Hanegem. El campeón sin corona en la cita en canchas alemanas.

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