Hexagonales de Verano del fútbol chileno: Una historia que hay que conocer y recordar

En los 60, los torneos estivales en el Estadio Nacional constituyeron un espectáculo importante que quedó destacado en los estantes del tiempo.

Guía de: Fútbol Total

1En la historia del fútbol chileno, la década de los 60 está marcada por dos hitos claramente definidos: por un lado, el tercer lugar en el Mundial de 1962; por el otro, los Torneos de Verano escenificados en el Estadio Nacional, definidos simplemente como Hexagonales… aunque en estricto rigor, en los once certámenes estivales disputados entre 1962 y 1970, sólo cuatro consideraron seis equipos participantes, propiamente tal. Además, dos de ellos se disputaron en otoño… pero eso es un detalle.

A grandes rasgos, se trata de un evento que forma parte del argot histórico chileno y que adorna las memorias de los futboleros que vivieron esa etapa viendo en directo a equipos de tonelaje específico.

Santos, campeón del Hexagonal de 1965 que incluyó el mítico duelo con los checoslovacos. Arriba, de izq a der: Haroldo, Zito, Geraldinho, Joel, Ismaely Gilmar. Abajo: Peixinho, Lima, Coutinho, Pelé y Dorval.

Santos, campeón del Hexagonal de 1965 que incluyó el mítico duelo con los checoslovacos. Arriba, de izq a der: Haroldo, Zito, Geraldinho, Joel, Ismaely Gilmar. Abajo: Peixinho, Lima, Coutinho, Pelé y Dorval.

El génesis. Los antecedentes de estos certámenes estivales se encuentran en las décadas de los 40 y 50 con algunos torneos amistosos, que congregaron en nuestra capital a equipos de jerarquía como Peñarol y River Plate, en 1942; Nacional de Montevideo y Boca Juniors, en 1946; y Vasco da Gama, en la Copa de Clubes Campeones en 1948 -precedente directo de la Copa Libertadores-.

2Fue en el verano de 1962, en la previa de la cita mundialista, cuando comenzó esta saga de campeonatos. El mentor fue el promotor argentino Samuel Ratinoff, en sociedad con Casildo Osses. Ratinoff conocía hacía tiempo estos escenarios, ya que aparte de ser representante de jugadores también organizaba giras de clubes chilenos. Sus contactos le permitían tener muy buenas relaciones con las más importantes instituciones del balompié trasandino, uruguayo y brasileño.

Revisando las estadísticas, el primer nombre que destaca es la participación del equipo paulista Santos, con Pelé a la cabeza. No en vano, este cuadro asistió en 1965, 1967, 1968 y 1970. Y el mérito de la asistencia de O Rei y sus escuderos liderados por Coutinho se debe, justamente, a los buenos oficios de Ratinoff, quien negociaba buenos precios con aquel club para que viniera a Santiago, con la garantía de venir con Edson Arantes do Nascimento en la delegación.

3El cuadro se completaba con los tres grandes de nuestra escena -Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica, casi siempre reforzados con jugadores de otras tiendas-, elencos argentinos –como Racing Club en 1964, River Plate en 1965 o San Lorenzo de Almagro en 1969-, uruguayos –Peñarol en 1963 y 1967; o Nacional en 1964- y oncenas europeas. Fundamentalmente, representativos que venían de países del, en ese entonces, bloque socialista por un asunto estrictamente económico ya que traer a un Real Madrid o Manchester United constituía gastos que se salían del presupuesto. De esta manera, jugaron en el coliseo de Ñuñoa el Estrella Roja de la hoy desaparecida Yugoslavia, en 1962; la Selección de Checoslovaquia en 1965 y 1968; o la extinta Alemania Democrática, también en 1968.

Eso ya constituía un atractivo, garantizando multitudinarias asistencias. Claro, no había televisión ni satélite así que era la oportunidad de apreciar en vivo y en directo, aparte de Pelé, a otros astros del balompié mundial.

4El cénit. Quienes fueron testigos directos de los Hexagonales coinciden que el punto máximo se alcanzó el sábado 16 de enero de 1965, con el mítico partido que el Santos brasileño venció al representativo checoslovaco por 6-4. Una verdadera obra de arte, al decir de los que presenciaron ese pleito. Porque, oficialmente, asistieron 67 mil 185 espectadores… aunque más de 500 mil comentaron, en los días posteriores, que habían presenciado esa verdadera obra de arte sobre el césped ñuñoino.

Por un lado, se lució la elegancia y destreza innata de los brasileños. Y por el otro, la laboriosidad y despliegue impresionante de los europeos, liderados por Kvasnak, un verdadero obrero. Una exhibición donde el primer tiempo fue una oda al buen fútbol, con el público asistente aplaudiendo de pie tras el pitazo del juez Rafael Hormazábal indicando el entretiempo.

No es mentira que hubo un rato de unos 30 minutos en que la pelota no salió del campo de juego. “Pasará el tiempo. Veremos centenares y miles de partidos. Pero la memoria siempre volverá a este espectáculo de la noche del 16 de enero. 45 minutos para la historia… efectivamente. Todo se hizo bien en ese primer tiempo. Fútbol veloz, preciso, de esquemas claros. Los dos cuadros encaminados al mismo fin con medios diferentes, Más fluidos, más elásticos los brasileños. Más fuertes, más resueltos los checoslovacos. Fútbol de técnica pura, también en distintos matices. Más naturales los de Santos, con más esfuerzo los europeos. Pero con el mismo objetivo logrado. Dominio de pelotas, paredes y hasta túneles ejecutados por ambos lados con un mismo sentido funcional” escribió el recordado Julio Martínez sobre ese pleito.

5La guinda de la torta, por recurrir al lugar común, fue una jugada de chilena de Pelé cuando el primer tiempo expiraba. Fue “tan perfecta, tan plástica, tan violenta, que allí aplaudió todo el mundo. El público de pie. Los checos que corrieron a felicitar al astro. Rafael Hormazábal que no se aguantó y corrió a estrecharle la mano. Y hasta los propios santistas, sus propios compañeros que batían palmas. Desde Gilmar en su pórtico hasta Dorval. El único que no aplaudió fue Pelé. Y no habría chocado que lo hubiera hecho” perpetuó en su crónica la revista Estadio.

Para la historia, el detalle de aquella noche: Santos (6): Gilmar; Ismael, Haroldo, Geraldinho; Modestó, Zito (Mengalvio); Dorval, Lima, Coutinho (Toninho), Pelé y Pepe (Peixinho). Checoslovaquia (4): Smucker; Lala, Pluskal, Weiss; Populhar, Geleta; Pospichal, Mraz (Bencz); Masopust (Kvasnak), Masny y Valosck. Goles: 1-0, 28’ Coutinho (San); 1-1, 32’ Masny (Che); 1-2, 34’ Mraz (Che); 2-2, 44’ Pelé (San); 3-2, 50’ Dorval (San); 3-3, 60’ Masny (Che); 4-3, 61’ Coutinho (San); 4-4, 82’ Kvasnak (Che); 5-4, 85’ Pelé (San); 6-4, +91’ Pelé (San).

Selección Nacional de la, en ese entonces, República Democrática Alemana subcampeona del Octogonal de 1968.

Selección Nacional de la, en ese entonces, República Democrática Alemana subcampeona del Octogonal de 1968.

La extinción. Por curiosa coincidencia, el arribo de los años 70 terminó con estas tradiciones futbolísticas desapareciendo los torneos veraniegos de las agendas balompédicas.

6Las razones pueden ser variadas, como el comienzo de la masificación de las transmisiones televisivas con lo que ya no era necesario asistir al estadio para ver a tal o cual astro. También, la agitación social y cambios de mando que se sucedieron en aquellas coyunturas terminando con toda la bohemia que significaba jugar el tercer tiempo en algún café o aquella bendita quinta de recreo para comentar hasta el amanecer las alternativas del partido.

La tradición se había interrumpido. Y cuando una tradición se interrumpe, es complicado hacerla retornar a su cauce natural. De hecho, hubo dos tibios intentos de reflotar los Hexagonales, en 1977 y 1987. Pero quedó en eso, tibios intentos. Ya no era lo mismo.

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