La reivindicación del centrodelantero: El 9 se aleja del peligro de extinción

Los dos goles que anotó Mauricio Pinilla a Venezuela fortalece la idea de que el puesto que se identifica con el número 9 no está en peligro de extinción, como algunos observadores tácticos han pretendido afirmar.

Guía de: Fútbol Total

1Desde que fue confirmado como nuevo DT de la Selección, se sabía que a Juan Antonio Pizzi le gusta en sus sistemas de juego ubicar a un centrodelantero. Aspecto que con Jorge Sampaoli había quedado en el archivo, sin embargo los dos goles que Mauricio Pinilla le anotó a Venezuela, el martes en Barinas, reivindicó este puesto que, para algunos, está en peligro de extinción tras la aparición de dibujos tácticos como el 4-4-2 que descarta esa función favoreciendo a delanteros que se muevan por todo el frente, trocando ubicaciones.

Desde los primeros tiempos de las estrategias sobre el verde césped, el ariete -que se le identifica con el número 9- siempre estuvo considerado entre los once. Definido como el que le pone la firma final a la jugada ofensiva, además debe tener la fortaleza física necesaria para aguantar los marcajes rivales, la habilidad para recibir de espaldas al arco y pivotear al compañero que ingrese desmarcado o, simplemente, resolver en mínimo de tiempo para mandar el balón al fondo de las mallas.

Hay dos tipos de centrodelanteros. El clásico, aquel que vitrinea en el área ajena, merodeando para encontrar el resquicio y clavar la estocada. El depredador del área, que le llaman. Aparece en el momento justo, apelando a sus argumentos que puede ser un respetable disparo o un cabezazo dirigido –una de las virtudes de Pinilla-. Bajo esta definición se puede contar, entre varios, a Iván Zamorano, Humberto Suazo, el alemán Gerd Muller o el italiano Paolo Rossi.

El otro es aquel que llega con balón dominado desde unos metros más atrás, el Media Punta o 9 Mentiroso que le llaman, para finiquitar él o habilitar con un pase. Especialista en esta labor, sobre todo por su habilidad en espacios reducidos, era Carlos Caszely quien no se hizo problemas cuando formó, por ejemplo en 1981, con Sandrino Castec –el Bombardero Azul-. También en este aspecto se incluye a René Orlando Meléndez, referente histórico de Everton de Viña del Mar, quien se complementó muy bien –luciendo esta función- en la primera mitad de la década de los 50 con Jorge Robledo, otro de los centrodelanteros chilenos más destacados de la historia.

Amén de su capacidad para anotar, hay atacantes centros que destacan por su estatura. Por aquello de vestirse de pivot, lo que se mencionó más arriba. Ejemplos en el fútbol mundial hay varios, como Jan Kholer quien con sus 2,02 metros de estatura era el ideal en el esquema de la República Checa en la década de los 90, posibilitando la entrada de sus compañeros incluyendo a volantes como Pavel Nedved.

Más allá de todo lo anterior, lo hecho por Pinilla ante los venezolanos refuerza la propuesta táctica que pretende establecer el DT Juan Antonio Pizzi en la Roja. Pero ojo, el detalle estriba en que un centrodelantero pueda cumplir sus labores no sólo por sus habilidades, sino también por la alimentación de pases que le puedan entregar los extremos o punteros –como Alexis Sánchez-, otro puesto al que también le habían puesto la lápida a principios de siglo pero que, a la luz de lo que sucede en la cancha, también está reivindicado.

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