Las 15 frases inolvidables del fútbol callejero: El significado definitivo de cada expresión

Costumbre que se fue perdiendo en el tiempo, los partidos que se improvisaban en la vía pública consideraban un código de frases que vale la pena recordar.

Guía de: Fútbol Total

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Eran los tiempos en que ni siquiera la novedad que significaba tener un Atari (si no sabe qué es el Atari, googléelo) le quitó rating al clásico partido callejero que se escenifica en cada barrio, con el atardecer como telón de fondo, congregando a una chiquillada cuyas edades se confundían entre medio de los goles que se anotaban. Símbolo de jornadas, sobre todo en los meses de verano, donde los niños se apropiaban de la vía pública tratando de imitar a sus ídolos futboleros. Jornadas que, literalmente, pertenecen al siglo pasado.

Es más, hace algún tiempo Guioteca sacó desde los baúles del tiempo las 20 reglas del ya nombrado y clásico fútbol callejero que se jugaba con la pelota de plástico que se compraba en el almacén de la esquina o con la pelota que uno de los improvisados jugadores facilitaba.

Pero además de la mencionada normativa, aquellas pichangas en la vía pública también consideraban variadas expresiones que conformaban un código táctico inherente a esa actividad. Algunas de aquellas clásicas frases, con su correspondiente significado, a continuación.

1. “Boli…” Sinónimo de pausa, una suerte de tiempo muerto en cada partido. Se aprovechaba para momentos tan disímiles como tomar un poco de agua o para que alguno de los jugadores se abrochara la zapatilla.

2. “Dos botes…” Cuando había que reiniciar el juego o se producía una jugada dudosa, se apelaba a esta regla. Lo chistoso es que, aparte de los dos jugadores que se ubicaba para esperar ese par de botes del balón y chutearlo, la mayoría de las veces también rodeaban la escena varios de los otros futbolistas, lo que podía derivar en un pandemónium en la disputa del esférico.

3. “Cachipún tercera…” A falta de moneda al aire, el clásico juego del papel-tijera-piedra servía para determinar cuál de los dos equipos comenzaba jugando o elegía lado.

4. “¡Auto!…” La voz de alarma clásica del fútbol callejero. Era el momento en que un vehículo transitaba por la cancha, por lo que todos los jugadores quedaban, literalmente, inmovilizados en el sector donde estaban. Una vez que el automóvil en cuestión ya había transitado entre los límites de la cancha, se reiniciaba el juego.

5. “Patita’ l lao…” Una de las reglas más importantes del fútbol callejero. Cuando se sancionaba penal, al ejecutor no se le permitía tomar vuelo sino que ubicar su pierna menos hábil al lado del balón, a modo de pie de apoyo para poder rematar. No faltaba el rival que tomaba el rol de inquisidor para revisar en terreno si se cumplía con esta normativa.

6. “Rompe, paga…” Aunque la mayoría de las veces se jugaba con la pelota plástica, no faltaba el hijo de vecino que recibía de regalo un balón de 12 ó 32 cascos que se compraba en algunas de las viejas tiendas como Sederap en la Estación Central o Deportes Capurro en Franklin. Y para protegerlo de alguna mala arte –como rajarlo con una cortapluma-, se avisaba que quien estropeara el esférico debería cubrir los gastos utilizados en su compra.

7. “¡Último gol gana!…” Lo que la FIFA después bautizó como Gol de Oro. Generalmente, se apelaba a esto cuando ya había oscurecido y había que definir a un ganador. La regla general indicaba que se invocaba a esta norma cuando el marcador estaba empatado, sin embargo, también se utilizaba sin importar la diferencia de los goles –o sea, era la gran opción cuando un equipo perdía, por ejemplo 20-7 y podía enmendar esa humillación con esta posibilidad-

8. “Tres pasos para un lado, tres para el otro…” La medida universal para establecer la medida de los arcos, tomando como referencia la línea central de la calle para colocar las correspondientes piedras que simbolizaban los parantes verticales. La idea era que dicha medida fuera a partir de pasos normales y no de zancadas desmedidas.

9. “Con puntete no vale… Nunca faltaba en el equipo del barrio aquel que tenía un disparo de temer –sinónimo de dolor y puchero seguro para quien recibiera ese pelotazo-. Por ello, y a modo de protección de los ocasionales arqueros, estaba estrictamente prohibido imitar al Pata Bendita Castro o al Mortero Aravena (si no conoce a estos jugadores, también googléelos)

10. “¡Sóbate pa’ callao!” Cuando algunos de los jugadores se atrevía a un fuerte remate y daba en un rival, a éste último se le desafiaba a no acusar dolor –llorar era mal visto- por el disparo recibido con esta clásica frase. Frase que, de cierta manera, llevaba un tinte sádico.

11. “Vale de todos lados…” Esto tenía que determinarse de común acuerdo entre los capitanes de ambos equipos, no restringiendo todo sólo a la improvisaba área establecida en la calle. Por supuesto, no faltaba quien agregara como condición la regla anterior, la de la prohibición del puntete. Por si acaso.

12. “Sólo gol en el área…” Lo contrario de lo anterior, obviamente. Vale recordar que el área eran dos cuadros ubicados a lo ancho de la calle.

13. “¡Altura!…”, “No fue gol, fue altura…” Regla muy subjetiva, la idea era establecer una medida como límite para levantar el balón. El objetivo era que, a falta de palo horizontal en los improvisados arcos, no se abusara con remates en altura imposibles para un improvisado arquero. Por eso no faltaban los avispados que ubicaban en el arco a un compañero de baja estatura para determinar una altitud no muy elevada.

14. “Manol…” Expresión clásica, generalmente con gritos, para avisar que se había cometido la pena máxima en el área. Lo gracioso era que, en la mayoría de las veces, se producía un coro de quienes denunciaban dicha falta. La “l” al final le daba el toque simpático a la palabra.

15. “Cornel…” Similar a lo anterior, era el anuncio de que se debía servir tiro de esquina. Obviamente, como la distancia, a lo ancho de la calle, era mínima dicho lanzamiento era con las manos y no con el pie. La gracia, también, era la “l” al final de la segunda sílaba.

Bonus track: “A entrarse…” o también “Pablo, a tomar onceeeeee…” Aparte del “último gol gana” la voz de la mamá de alguno de los jugadores –principalmente, del dueño del balón- podía poner fin a la pichanga porque ya era muy tarde. O también, si se trataba sólo de “tomar once” significaba el entretiempo para reiniciar el partido tras el té con pan con mermelada o dulce de membrillo.

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