Los grandes cracks que jugaron en el fútbol chileno (I)

A propósito de la llegada del uruguayo Sebastián Abreu a Deportes Puerto Montt.

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La confirmación de que el Loco jugará por los Delfines de la Décima Región en el próximo torneo de la Primera B motiva a la revisión histórica. Porque no se trata de cualquier refuerzo, sino que de un tipo que ha jugado dos Mundiales -Sudáfrica 2010 y Brasil 2014-, tres Copa América -1997, 2007 y 2011, donde fue campeón- y que, entre otros clubes, anotó goles en Deportivo La Coruña (España), Gremio (Brasil), Nacional (Uruguay), América (México), River Plate (Argentina), Real Sociedad (España), Aris Salónica (Grecia), Sol de América (Paraguay) y Santa Tecla (El Salvador), como su destino más exótico. Además, como distinción individual, es el futbolista uruguayo que más goles ha anotado, un total de 379 tantos -hasta diciembre pasado- superando al mítico Fernando Morena, quien se quedó con 331. O sea, currículum tiene para ser atracción.

Por eso, con el arribo de Washington Sebastián Abreu crece la galería de futbolistas que llegaron a nuestros campeonatos avalados por un interesante currículum, algunos de ellos con renombre mundial.

Advertencia: en la siguiente nota no se incluyeron a jugadores que prácticamente hicieron sus primeras armas en nuestro medio y se consagraron, erigiéndose como grandes referentes del balompié nacional como, por ejemplo, Severino Vasconcellos, Sergio Vargas y Marcelo Barticciotto. Así nos evitamos discusiones bizantinas y reclamos gratuitos.

Paralelamente, se agregaron futbolistas que llegaron y que desde nuestras canchas se consagraron en sus respectivos países y, también, en ligas más importantes como la italiana. ¿Estamos?

En la defensa. Si se armara una oncena ideal, en portería debiera estar el argentino-colombiano Carlos Fernando Navarro Montoya (Deportes Concepción 2001, 13 partidos). A la Octava Región llegó con toda el áurea de su leyenda en Boca Juniors, reforzando a los lilas en la Copa Libertadores de aquel año.

Armando una línea de tres zagueros, el ecuatoriano Jorge Henríquez (Green Cross 1940-1944, 57 partidos; y Audax Italiano, 1945-1948, 55 partidos) era conocido como el Chompi. Comenzó su carrera en nuestro país, para después emigrar al centro del mundo donde se convirtió en referente del Emelec de Guayaquil tras formar por Ecuador en las Copa América de 1945 y 1947.

Como líbero, aprovechando su ductilidad técnica, se ubicaría el peruano José Guillermo del Solar (U. Católica 1989-1992, 64 partidos, 1 gol). El Chemo llegó a San Carlos de Apoquindo siendo ya uno de los emblemas de la Selección de su país. Tras la UC, emigró a España para alinear en el Tenerife.

A la izquierda, otro que quedó en la historia de los cruzados, el también argentino Sergio Fabián Vázquez -así, con doble Z- (U. Católica 1993-1996, 51 partidos, 4 goles). El Charly fue pieza importante de la UC en la campaña que culminó con el subcampeonato en la Copa Libertadores de 1993. Ese derrotero ratificó sus campañas en la Selección trasandina, con la que ganó dos Copa América (1991 y 1993) y disputó el Mundial de Estados Unidos.

En el medio. En esta zona, el trasandino Miguel Ángel Montuori (U. Católica 1953-1955, 59 partidos, 28 goles) tiene un lugar asegurado. Formado en las divisiones inferiores de Racing, llegó con apenas 19 años a la UC en calidad de préstamo, sin haber alineado en la Primera División de su país. Era habilidoso y se podía desempeñar por todo el frente del ataque sin problemas. Cuando venció su primer año con la camiseta cruzada, el propio Montuori puso la diferencia de dinero que restaba para que Universidad Católica comprara su pase. Tras el título de 1954, emigró a Italia contratado por la Fiorentina que desembolsó 27 mil dólares, con el que ganó un Scudetto y formó en doce partidos oficiales por la Selección Italiana, de la cual fue capitán.

Acompañando en la zona, su compatriota Ángel Labruna (Rangers 1960, 4 partidos, 1 gol). Tras escribir su gran historia en River Plate, se aventuró a agregar un episodio más en el fútbol chileno. Sin embargo, y cuando se avizoraba que su impronta quedaría marcada en nuestras canchas, el terremoto de mayo de 1960 lo hizo repensar su estadía y retornó a su país.

Walter Jiménez (Colo Colo 1963-1966, 99 partidos, 30 goles; Audax Italiano 1967, 21 partidos; Palestino 1968, 24 partidos, 4 goles; y Deportes Concepción 1969, 17 partidos, 1 gol) fue conocido como Mandrake, porque se decía que escondía la pelota para hacerla aparecer de sorpresa con una habilitación bien hecha. Al llegar a Chile había ganado con Argentina la medalla de oro en los Panamericanos de Chicago 1960 y jugado las Clasificatorias para el Mundial de Chile 1962.

De José Manuel Moreno (Universidad Católica 1949 y 1951, 43 partidos, 12 goles) se señala que ha sido el mejor futbolista extranjero que ha alineado en este lado de la cordillera. Con facha de latin lover, bohemio empedernido, fue un maestro en la cancha. Llegó a la UC tras ser pieza importante de la llamada Máquina de River Plate.

Completando este mediocampo de ensueño, otro vecino, Marcelo Trobbiani (Cobreloa 1988-1989, 54 partidos, 12 goles). Arribó a Calama mostrando en su CV el título mundial con su país en México 86, donde intervino en la final ante Alemania Occidental.

Y en el ataque. Cuando llegó a Chile, el wing uruguayo Luis Cubilla (Santiago Morning 1975, 31 partidos, 3 goles) tenía 35 años y una hoja de servicios que mostraba tres Mundiales (1962, 1970 y 1974), haber ganado la Copa Libertadores con Peñarol y Nacional, más un paso por el Barcelona de España entre 1962 y 1964. Aún así, mantenía su regate y velocidad. Cuenta el mito que en su primer entrenamiento con Santiago Morning preguntó quién era el centrodelantero. Un joven Víctor Pelusa Pizarro levantó el dedo, ante lo cual Cubilla le dijo: “Pibe, a vos te sacaré goleador”. Dicho y hecho, Pizarro fue el scorer de ese campeonato 1975 con 27 tantos, muchos de ellos gracias a las asistencias de Cubilla.

Finalmente, Mario Alberto Kempes (Fernández Vial 1995, 11 partidos, 5 goles). Llegó en el segundo semestre de aquel año, para reforzar al Almirante en el entonces torneo de Segunda División -hoy Primera B-. Con 41 años de edad, salió de su retiro convencido por su amigo y DT de los penquistas, Pedro Lucio Olivera, sólo para jugar en los pleitos que el Vial oficiaba de local. Eso le bastó para refrendar toda su leyenda construida en tres Mundiales (1974, 1978 y 1982) con el título máximo en Argentina 78; una Copa del Rey, una Recopa Europea y una Supercopa de Europa con el Valencia español; y un título nacional trasandino con River Plate.

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