¿Se está muriendo el fútbol chileno? Ocho razones para un diagnóstico fatal

Las peleas entre dirigentes que afectan en estos momentos a nuestro balompié son solo una muestra de que la actividad está entrando en estado crítico.

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Las últimas semanas del fútbol chileno han sido sinónimo de enredos, escaramuzas dirigenciales y falta de claridad en los manejos de los dineros que ingresan a la actividad. Todo esto redunda en que el Producto Fútbol se está devaluando a cada momento. Razones para este retroceso a nivel local –seamos sinceros, hay un retroceso donde el triunfo de la Selección en la pasada Copa América asoma sólo como un oasis- pueden ser varias. Presentamos algunos de esos ítems que tienen a nuestro balompié prácticamente con respirador artificial.

* Refuerzos de calidad, por favor: Hasta la década de los 90 los clubes se esforzaban en invertir con algún nombre con peso específico para llevarse el trofeo de campeón. ¿Ejemplos más recientes? Alberto Acosta y Néstor Gorosito, en Universidad Católica 1994; Leonardo Rodríguez, en Universidad de Chile 1995; Marcelo Espina, en Colo Colo 1995; Claudio Borghi, en Audax Italiano 1996; Gerardo Martino, en O’ Higgins 1996. (Bueno, la verdad sea dicha: algunos de estos nombres lucieron sólo el nombre pero por lo menos tenían un destacado currículum previo). Sin embargo, con el nuevo siglo el nivel de los refuerzos, en su mayoría, no ha resaltado. ¿No podrán los dirigentes aprovechar de la mejor manera posible los excedentes del CDF para contratar extranjeros que sean muy buenos pa’ la pelota?

* Carencia de figuras: Derivado en algún grado de lo anterior, la ausencia de figuras excluyentes conspira contra un espectáculo atractivo para el público. El devenir de la coyuntura, con la conectividad mundial existente, indica que los jóvenes valores con un futuro esplendor prácticamente apenas salen del colegio se van a jugar al extranjero. Muestra de esto son Alexis Sánchez y Arturo Vidal, quienes antes de los 20 años ya alineaban en Europa. Claro, el lado positivo es que se potencia la Selección Nacional pero… ¿y cómo andamos por casa?

* Nivel de campeonato: Sumado los dos puntos anteriores, se conspira contra un nivel superlativo de la competencia. El público capta aquello por eso, en parte, hay bajas asistencias… incluyendo en los llamados clásicos. Eso sin considerar que el debate sobre el sistema de torneo adereza la polémica. ¿Tener dos campeonatos anuales para que los contratos de los jugadores sólo duren seis meses y después se verá si se le renueva, dependiendo si el presupuesto da? ¿Un torneo con play offs para alargar lo máximo posible la temporada y así tener más partidos para vender en un paquete de transmisiones televisivas? ¿O retomar un campeonato largo con dos ruedas, como los viejos tiempos?

* Papelones en el extranjero: El nivel casero afecta lo que se pueda hacer ante el resto del vecindario. La discusión sobre el nivel del campeonato reflotó hace tres meses con la temprana eliminación de los equipos chilenos en la Copa Sudamericana. Si se hacen mal las cosas en la interna, no se puede esperar destacar hacia afuera. ¿Algún ejemplo concreto? La Copa Libertadores 2004, cuando entre los tres equipos chilenos de 18 partidos que jugaron en primera ronda sólo se anotaron dos triunfos y dos empates. Y eso que entre nuestros representantes estaban Cobreloa y Colo Colo. Eso sucedió en la época en que no hubo descenso a Primera B, durante el período del directorio encabezado por Reinaldo Sánchez, por lo que los clubes se dejaron estar y se niveló hacia abajo.

* Factor barras bravas: Una de las principales causas del alejamiento del público de los estadios. Tácitamente, dispone de fuero esta muchachada para que haga lo que quieran. Incluyendo, destrozos y raptos en el transporte público. (Además, ver a tipos –algunos con aspecto intimidante- pidiendo monedas a la salida de una estación del Metro a más de alguien asusta… ¿o no?)

* Sistema engorroso de entradas: Con tanta contraseña en internet, poca claridad en su retiro y una serie de revisiones a la llegada al estadio el público se aburrió de asistir. ¿Cómo se llegó a ese nivel de complicar la nunca bien ponderada espera en la fila de la boletería del estadio? Habría que preguntarle a los dirigentes… si es que logran encontrar alguna explicación.

* Goles con insomnio: El esperar hasta cerca de la medianoche del domingo para que un hincha vea los goles de su equipo, que jugó el viernes, va contra la naturaleza. El factor “instantaneidad” no existe en este ítem. Y por eso hay más interés en las Ligas europeas, cuyos compactos son diarios.

* Credibilidad dirigencial: El FIFAgate fue la primera pieza del dominó que está haciendo caer al resto de las fichas, o sea a varios dirigentes en todo el Planeta Fútbol, incluyendo a Chile. La credibilidad en el accionar de los dirigentes, con los dineros turbios y cuentas empañadas –y ahora último, con un cuadro que regalaron a la ANFP y que no está por ningún lado porque dicen que Sergio Jadue lo vendió-, termina siendo nula entre el público.

Con este panorama, ¿el fútbol chileno está moribundo?

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