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¿Qué es el Acuerdo de Asociación Transpacífico?

La gran pregunta es si el Acuerdo de Asociación Transpacífico busca convertirse en el gran modelo de integración de la zona en cuestión o si es un complemento para los organismos ya existentes.

Aunque las miradas estaban centradas en el encuentro de los 21 países miembros del APEC, todos reunidos en Hawaii, Estados Unidos, los anuncios postreros hicieron que la atención se desviara hacia otro tema.

Se trata del Acuerdo de Asociación Transpacífico (AAT), una iniciativa de integración económica integrada por nueve países ribereños del Océano Pacífico.

El proyecto nació en 2005 y entró en vigencia en 2006. Sus socios impulsores fueron Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, razón por la cual se conoció a este tratado como el P4 (por ser cuatro los estados firmantes).

Este protocolo se gestó con la idea de liberalizar el comercio al interior de la región conocida como Asia-Pacífico y es por esto que los cuatro signatarios originales dejaron abiertas las puertas para futuras adhesiones.

Así fue que luego de unirían Australia, Estados Unidos, Perú y Vietnam, en 2008, y Malasia, en 2009. Con esto, el grupo de miembros del P4 llegó a nueve.

Acuerdo de Asociación Transpacífico

Foto: Claudio Bueno

Chile fue uno de los impulsores originales del Acuerdo de Asociación Transpacífico.

Desde su gestación, se han llevado a cabo nueve rondas de negociaciones, en las cuales el principal objetivo ha sido la elaboración de un marco que permita establecer, en el futuro, un Acuerdo de Libre Comercio Asia-Pacífico, algo que sería inédito y, además, el más grande TLC existente en el mundo.

En este contexto, la cumbre del APEC, celebrada en Honolulu, tuvo grandes implicancias para el Acuerdo de Asociación Transpacífico. El principal hecho fue que se anunció que se había logrado un acuerdo total respecto a las bases del acuerdo. Junto a eso, se estableció un calendario de nuevas negociaciones, una para diciembre de 2011 y otras para 2012.

En paralelo, Canadá, Japón y México hicieron públicas sus intenciones de adherir a este pacto, siendo el gobierno nipón el que avanzó más en este asunto y ya se mostró dispuesto a comenzar las negociaciones con los nueve miembros del Acuerdo de Asociación Transpacífico.

Esto último adquiere gran relevancia, pues en caso de consolidarse los ingresos de Canadá, Japón y México, el P4 contemplará cerca del 40% del comercio mundial y tendrá un mercado con más de 800 millones de consumidores. Hoy, el Acuerdo de Asociación Transpacífico ya representa el 29.8% del comercio mundial.

Las proyecciones, sin duda alguna, son grandes, ya que en este acuerdo aún no han sido incluidos, entre otros, potencias como China, Corea del Sur y Rusia y economías emergentes como Indonesia.

¿Un proyecto complementario?

La gran pregunta es si el Acuerdo de Asociación Transpacífico busca convertirse en el gran modelo de integración de la zona en cuestión o si es un complemento para los organismos ya existentes.

En este sentido, cabe recordar que el APEC tiene gran relevancia, pues ahí son 21 los estados miembros, incluyendo, además de los nueve miembros del P4 y los tres estados que están interesados en adherir, a Corea del Sur, China, Filipinas, Hong Kong, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Rusia, Tailandia y Taiwán.

Nacido en 1989, el APEC tiene como objetivo principal lo mismo, es decir, fomentar un libre comercio entre los países de la región Asia-Pacífico.

Junto a esto se encuentra el Foro de Cooperación América Latina-Asia del Este (FOCALAE), mecanismo de integración económica surgido en 1998, ante la iniciativa generada por Chile y Singapur. Tras esto, el protocolo se consolidaría y con el tiempo se convertiría en un grupo de 33 países (18 de América Latina y 15 de Asia del Este).

Al igual que los anteriores proyectos de integración económica, el FOCALAE se centra en el establecimiento de un sistema que permita mejorar y darle mayor fluidez al intercambio comercial entre los estados ribereños del Océano Pacífico.

Conclusiones

En este contexto, parece irreversible el proceso de integración económica que se viene realizando hace cerca de tres décadas en la región Pacífica. Al respecto, las proyecciones aún no tienen techo, pues en esta zona se encuentran las principales potencias económicas del mundo, salvo la Unión Europea.

Por lo mismo, los países emergentes de América Latina y del Sudeste Asiático son los más entusiasmados con este unión, ya que les podría permitir controlar gran parte del comercio mundial.

La variedad de sus integrantes, además, hace que estén involucradas todas las materias primas y los productos de exportación e importación más importantes del mundo. Sólo por mencionar algunos, aparecen el petróleo, el gas, el cobre, la agricultura, la industria pesada, la pesca y el turismo.

Sin embargo, los estados involucrados deberán estar atentos a posibles nichos de conflictos. Básicamente, se trata de tres asuntos. Primero, encontrar un mecanismo que permita converger, sin grandes problemas, la postura de grandes potencias hegemónicas como China, Estados Unidos y Rusia.

Segundo, ver hasta qué punto es viable la generación de un acuerdo que involucre a países que tienen problemas limítrofes o políticos. Es el caso, por ejemplo, de China y Taiwán o la lucha que mantienen diversas naciones asiáticas por el mar territorial y algunas islas del Oceáno Pacífico.

Por último, habrá que poner atención a la situación de los Derechos Humanos, pues si les interesa que esto tenga una base “ética”, entonces deberían revisar a fondo lo que ocurre en estados como Ecuador, Estados Unidos, China, Rusia y Vietnam.

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