“La tempestad del segador”: La saga de Malaz vuelve a ser irregular

Una combinación de tramas con distinta profundidad y complejidad hace que este séptimo tomo resulte a ratos decepcionante.

En mi peregrinar por el mundo de Malaz: El libro de los caídos, de Steven Erikson, he disfrutado de grandes momentos, plenos de magia, fantasía e indudable calidad narrativa, como también de profundos agujeros, compuestos por telarañas argumentales que solo han hecho mi camino más difícil.

Para mí, cada uno de los libros de la saga tiene varios altibajos que hacen más compleja esta obra de lo que debiera ser. Sin embargo, el último libro de Malaz reseñado por Guioteca —el sexto tomo titulado Cazahuesos—, había sido casi redondo, con muy pocas caídas en la narración. Y las que había, no lograban quitar al lector el entusiasmo por continuar. Esperaba que Erikson siguiera ese camino.

Malaz - La tempestad del segadorLamentablemente, con el séptimo tomo, La tempestad del segador, mis esperanzas no se cumplieron pues la novela alterna entre historias atrapantes y relevantes, con algunas que parecen ser más desechables.

Como siempre, en el libro hay varias tramas distintas, aparentemente sin ninguna gran relación entre ellas. Una de las más atractivas está en Lether, donde Rhulad, el Emperador de las Mil Muertes, espera que llegue alguien a terminar con su vida y con su sufrimiento. Y en camino a él van, por vías distintas, dos de los personajes más interesantes de la saga: Karsa Orlong e Icarium. Esta historia es una de las mejores y más entretenidas que he leído en estos libros y tiene, al parecer, implicaciones muy relevantes para lo que viene.

En la misma ciudad, hay otras historias, donde cientos de conflictos internos hacen que el imperio se desangre por dentro. Incluido uno que enfrenta a dos dioses.

Para allá también se dirigen las tropas malazanas de la consejera Tavore, junto a quien van “los cazahuesos”, los personajes más queribles e interesantes de todo Malaz.

Dentro de las historias interesantes también está el viaje, casi al estilo de Calabozos y Dragones, de una variopinta compañía de seres muy especiales y poderosos, que tanto en sus diálogos internos como en sus violentos encuentros con sus enemigos, son de lo mejor del libro.

Lamentablemente, todo esto contrasta con una historia en particular, protagonizada por un personaje llamado Máscararoja, que lidera a varias tribus a levantarse en armas contra sus dominadores. Esta trama está compuesta de páginas y páginas de acción y largos diálogos que no parecen llevar a ninguna parte ni conectarse con el resto. Uno podría saltárselas y no haberse perdido de nada. Y eso me parece muy reprobable, considerando que la saga se acerca cada vez más a unir sus miles de hebras.

En cualquier caso, es un pecado típico de Erikson. Y si has llegado hasta acá con Malaz, no tiene sentido renunciar.

Sin embargo, para los chilenos, continuar con la saga —que en inglés llega hasta el libro once— no será tan fácil. Esto pues Factoría de Ideas, la editorial que publicaba los libros en español, no lo hará más. Es de esperar que otra tome el desafío. Mientras, a esperar.

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