Bruce Willis: ¿Cómo mejoró su escena más emblemática de “Pulp Fiction”?
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- Jorge Fuentes
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Uno de los mejores papeles de Bruce Willis en los años 90′ fue, sin duda, el del boxeador Butch Coolidge en “Pulp Ficction”, un pugilista en la etapa final de su carrera que amaña su propia pelea para cobrar una millonaria apuesta, sin saber que, intentando recuperar el viejo reloj de oro que le dejó su padre, se verá cara a cara con el gangster Marsellus Wallace al que acaba de estafar, además de quedar a merced de un par de sádicos violadores en el sótano de una casa de empeños.
La escena de la casa de empeños en “Pulp Fiction”, con Butch matando con una katana a uno de los violadores de Marsellus Wallace, era controvertida. Su tono violento e impactante la hacía difícil de filmar y vender. El director y guionista Quentin Tarantino imaginó la secuencia como un ballet de caos y redención. Bruce Willis, por su parte, vio a Butch de otra manera: duro, estoico, emocionalmente atrincherado. En ese momento dos visiones creativas, la del actor y la del director, chocaron de frente.
Durante los ensayos de la escena, Tarantino quería que la reacción de Butch ante la violación de Marsellus Wallace mostrara un conflicto interno, una mezcla de horror y toma de decisiones morales, mostrando arrepentimiento mezclado con adrenalina.
Willis, quien había pasado tiempo con entrenadores de boxeo para darle mayor verosimilitud a su personaje, abogó por su parte por una respuesta más fría e instintiva. Adujo que el regreso de Butch para salvar a Marsellus de los violadores no era emocional, sino ético, el código de un boxeador. Para él, Butch era un luchador, moldeado por el trauma infantil causado por la muerte de su padre y los años pasados en el ring. El arrepentimiento no tenía cabida en su conducta.
Quentin Tarantino le dijo entonces a Bruce Willis: “Ese no es Butch. No es un robot. Ha pasado por un infierno en ese sótano. Tienes que demostrarlo. Estás pensando como Bruce Willis, no como Butch. Esto no es ‘Duro de Matar’. Esto es humanidad cruda, despojada hasta los huesos”.
Bruce Willis, al oir aquello, replicó algo frustrado: “Entonces, si ya tienes todo resuelto, quizá tú deberías interpretarlo”.
En ese momento se hizo un gran silencio en el set y el rodaje se detuvo por la tarde. El equipo salió a buscar cigarrillos y refrescos a la espera que Willis y Tarantino se calmaran. Samuel L. Jackson recordó más tarde haber oído a Tarantino murmurar: “(Bruce) está intentando secuestrar todo el maldito tono de la película”, mientras Willis se paseaba por el estudio, con los brazos cruzados, quejándose de directores que escriben como dioses y dirigen como dictadores.
El productor Lawrence Bender, que ya había presenciado los enfrentamientos creativos de Tarantino con el actor Harvey Keitel durante el rodaje de “Reservoir Dogs”, llamó al director y a Bruce Willis a un tráiler para que se pusieran de acuerdo sobre cómo tenía que rodarse la crucial escena.
Willis, analizando los ensayos filmados de la secuencia, opinó que debía verse el conflicto ético y la inquietud en el rostro de Butch al oír gritar a Marsellus y los violadores, el destello primario de miedo y empatía antes de empuñar la espada japonesa. Tarantino reconocióm entonces que la moderación de Willis le daba al personaje un toque peligroso. Butch no necesitaba derrumbarse emocionalmente, pues su decisión de regresar al sótano de la casa de empeños para salvar a Marsellus Wallace ya lo decía todo.
Al día siguiente, se retomó la filmación de la escena y Tarantino se acercó a Willis con una media sonrisa y le dijo: “Vamos a filmar la escena a tu manera. Pero si no funciona, lo haremos a la mía”. Willis estuvo completamente de acuerdo.
El resto es historia. La escena se filmó de acuerdo al enfoque de Bruce Willis y se convirtió en uno de los momentos más inolvidables de “Pulp Fiction”, con el personaje de Butch no reflejando arrepentimiento, sino que decisión codificada en silencio estoico y ética pugilística.
Al final, esa disputa creativa en el set de “Pulp Fiction” entre Bruce Willis y Quentin Tarantino no debilitó la escena, la alimentó. Dos visiones opuestas colisionaron y, en lugar de arruinar la película, la mejoraron.
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