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Amadeo, el personaje homosexual de la teleserie “Trampas y caretas” que rompió los moldes en los años 90’

El actor Luis Gnecco interpretó en 1992 a uno de los personajes más recordados de las teleseries chilenas.

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En marzo de 1992, durante la incipiente guerra de teleseries protagonizada por los canales TVN y Canal 13, el canal estatal estrenó su teleserie “Trampas y caretas”, basada en la exitosa teleserie brasileña “Transas e Caretas”, escrita por Lauro César Muniz y emitida por el canal TV Globo en 1984.

Los protagonistas de la teleserie "Trampas y Caretas" (1992). De izquierda a derecha aparecen Jael Unger, Bastián Bodenhöfer, Claudia Di Girólamo, Francisco Reyes y Patricia Rivadeneira.

Los protagonistas de la teleserie “Trampas y Caretas” (1992). De izquierda a derecha aparecen Jael Unger, Bastián Bodenhöfer, Claudia Di Girólamo, Francisco Reyes y Patricia Rivadeneira.

Adaptada en Chile por los guionistas Jorge Marchant Lazcano y Sergio Bravo, la teleserie contaba la historia de la altanera y materialista Carmen Mackenna (Jael Unger), una mujer de la alta sociedad, adinerada y pretenciosa, que estaba obsesionada con casar a sus dos hijos adultos: Maximiliano (Francisco Reyes) y Luis Felipe (Bastián Bodenhöfer), motivándolos a que el primero que se casara y le diera un nieto, iba a heredar su cuantiosa fortuna.

Como sus dos hijos no se dieran por aludidos con el ofrecimiento, tras hacer una especie de casting con decenas de bellas jóvenes, Carmen Mackenna “contrataba” finalmente a Mariana Ríos (Claudia Di Girólamo), una ejecutiva cesante a la cual le encomendaba el trabajo de enamorar a los dos hermanos y casarse con el que más le gustara, a cambio de un suculento sueldo mensual. El problema era que los dos hermanos no podían ser más diferentes uno del otro: Mientras Max era un serio y conservador joven que vivía en una antigua mansión y estudiaba violín y música clásica, Luis Felipe era un soltero empedernido amante de la vida bohemia y las mujeres que vivía en un moderno departamento.

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La teleserie, una efectiva y graciosa comedia con toques rocambolescos que abordaba temas como la ética y el materialismo, reventó el rating de la época y se convirtió en una de las mejores producciones televisivas de la década, iniciando una época de oro en las teleseries de TVN, con el director Vicente Sabatini a la cabeza.

Si bien la galería de personajes de “Trampas y Caretas” era francamente desternillante (la actriz Jael Unger estaba soberbia como la madre adinerada y manipuladora), las miradas de todos los televidentes se clavaron en dos personajes secundarios: Felipito, el robot mayordomo de Luis Felipe, que al final de la teleserie era abducido por unos extraterrestres y volvía convertido en una suerte de guía espiritual, declamando versos shakesperianos; y Amadeo, el afeminado mayordomo de Max, encarnado magistralmente por el actor chileno Luis Gnecco, hoy bastante conocido en América Latina gracias a varias películas (“Neruda”, “No, “Una mujer fantástica”, “El ángel”).

El actor Luis Gnecco interpretando al afeminado mayordomo Amadeo en la teleserie "Trampas y Caretas".

El actor Luis Gnecco interpretando al afeminado mayordomo Amadeo en la teleserie “Trampas y Caretas”.

La irrupción del personaje de Amadeo representó un verdadero quiebre en las teleseries nacionales de la época, que no solían presentar personajes homosexuales debido al represivo ambiente cultural que existía en aquella época. Mal que mal, nuestro país venía saliendo de la dictadura militar, vivía sus primeros años en democracia y hablar de la homosexualidad a principios de la década de los 90′ era un tema totalmente tabú. Por ello, no fue mala la idea de caricaturizar a ciertos personajes invertidos, con el fin de ver esta inclinación sexual de una forma diferente y más amigable.

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Eso fue lo que hizo, al menos, el actor Luis Gnecco en 1992 cuando dio vida a este mayordomo afeminado, eficiente pero envidioso, y también algo manipulador, que sentía una admiración declarada hacia su patrón Maximiliano Cruchaga (Francisco Reyes) y a la vez experimentaba una fuerte rivalidad ante la belleza, osadía y frescura popular que proyectaba su compañera de labores, la deslenguada empleada doméstica Doris (Paulina Urrutia). Recordados son varios capítulos donde intervenía Amadeo, como cuando el serio Max se iba de juerga por primera vez en su vida a un Night Club y volvía de madrugada, ya pasado de copas, acompañado de la sensual Roxana, una cabaretera que se quedaba a vivir en la mansión para intentar conquistar al dueño de casa y quedar embarazada, por lo que Amadeo le empezaba a hacer la vida imposible para alejarla de la casa y dejara tranquilo a su patrón. O la escena en que, hablando de música clásica con una amiga, el mismo Amadeo daba algunas pistas del comienzo de su homosexualidad: “Fue mi padrino el que me introdujo…en la música clásica”.

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El personaje de Amadeo hoy todavía es recordado porque no sólo sacó miles de sonrisas entre la conservadora audiencia nacional de televisión de principios de los años 90’, sino que permitió mostrar, por primera vez, de una manera suave y liviana la temática gay en la televisión abierta chilena.

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