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El día que Iron Maiden fue censurado en Chile

El 28 de julio de 1992, la popular banda metalera tocaría por primera vez en el país. Sin embargo, una extraña oleada de manifestaciones satánicas provocó la reacción de la Iglesia Católica.

A principios de junio de 1992, miles de metaleros empuñaron sus manos y gritaron  oh yeah! Por fin Iron Maiden, la legendaria y popular  banda de heavy metal vendría a tocar en Chile. El recital se programó para el 28 de julio de ese año en la Estación Mapocho, con lo cual se hacía realidad el sueño de aquellos jóvenes de escuchar por primera vez en vivo en el país, una batería de éxitos como “Run to the hills”, “Hallowed be thy name”, “The Trooper”, “Two minutes to midnigth” y “Can I play whit madness”, entre muchos otros.

Si bien la banda británica no vivía su mejor momento, especialmente por rumores que indicaban que el vocalista Bruce Dickinson se alejaría del grupo (lo que hizo efectivamente un año después), estrenaba su séptimo álbum “Fear of the dark” en una espectacular gira mundial del mismo nombre.  Acostumbrados a cantar en recintos con más de 20 ó 30 mil fans, no fue fácil incluirlos en el circuito latinoamericano, especialmente porque el mercado chileno era insignificante en cuanto a ventas de discos para las grandes bandas de rock.

Iron Maiden

Foto: Manuel Herrera

Pero los productores del evento se la jugaron con todo y lograron que Maiden agendara a Chile en su nueva gira. Todo marchaba sobre ruedas hasta que extraños acontecimientos empañaron la ilustre visita de estos titanes del rock. A principios de junio, aparecieron mensajes alusivos al diablo en un par de criptas del cementerio de Playa Ancha de Valparaíso. El Obispo auxiliar de esa diócesis, Monseñor Francisco Prado habló ante la prensa indicando que se trataba de influencias nefastas de diversas sectas cultoras del satanismo, lo que hacía peligrar seriamente la estabilidad de la familia. Relacionó tal acto vandálico con la visita de Iron Maiden y desde ese momento los medios replicaron increíbles teorías acerca ocultismo y misas negras. Con ello, dieron pie a una de las más recordadas polémicas de la historia de los espectáculos en el país.

Más denuncias

Como por arte de magia, aparecieron nuevas denuncias de actos de satanismo en diversas ciudades del país. Una de las más comentadas fue la de un menor de 16 años que robó un copón con hostias consagradas de una parroquia en Puerto Montt. Al ser detenido manifestó haber cometido el delito “poseído por el demonio”. Ante estos hechos, el Obispo Prado no se quedó sólo en declaraciones, ya que envió una carta respaldada por la iglesia católica al Gobierno pidiendo que se prohibiera el ingreso al país del conjunto británico, calificándolo no sólo de “satánico”, sino también de “elaborar mensajes que propagaban contaminantes microbios psicológicos”.

El debate fue intenso, pero el Gobierno finalmente desestimó la prohibición de ingreso de Dickinson, Harris, Murray y compañía. Los que sí tuvieron muchos problemas fueron los ejecutivos de la productora Providencia TV, los que debieron cambiar la fecha del recital, hecho que acarreó una serie de inconvenientes con Mano Negra, una banda francesa de rock que también tocaría por esos días. Finalmente la productora anunció -para el infortunio y decepción de los fans– que Iron Maiden no tocaría en la Estación Mapocho por problemas con la administración del recinto. Pero el asunto era mucho más complejo que una cuestión de agenda. Los auspiciadores y un canal de TV que grabaría el espectáculo cancelaron sus acuerdos ante tantos inconvenientes.

Iron Maiden finalmente desistió de venir al país en calidad de turista. La multinacional EMI pidió explicaciones, al igual que el gobierno británico de John Major. Les parecía al menos insólita la censura de carácter “medieval” que existía en Chile. En una conferencia de prensa dada en Argentina, Steve Harris indicó: “Es lamentable que alguna gente no nos dejara tocar. No conocemos con claridad la verdadera razón. Si alguna persona pudiera pararse y darnos una razón coherente, estaríamos listos para escucharla”. Bruce Dickinson, con algo más de humor señaló tomando en sus manos la grabadora de un periodista: “Esta debe ser del servicio secreto chileno”. El comentario  arrancó risas y aplausos de la concurrencia.

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