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El sorprendente detalle que convenció a Gary Oldman para aceptar el papel de “Drácula”

La película de terror de Francis Ford Coppola entregó una de las versiones cinematográficas más icónicas del vampiro de Transilvania.

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El camaleónico actor británico Gary Oldman ha sorprendido a la audiencia y a la crítica a lo largo de toda su exitosa carrera interpretando toda suerte de personajes históricos, desde el decadente y autodestructivo músico punk Sid Vicious hasta el carismático primer ministro inglés Winston Churchill, aunque sin duda que uno de sus papeles más recordados y logrados fue el del vampiro y Conde rumano Drácula en la película de 1992 del mismo nombre, dirigida por Francis Ford Coppola.

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Se cuenta que para preparar su interpretación del mítico vampiro, el actor leyó varias veces la novela homónima de Bram Stoker, ensayando con un tono pavoroso para interpretar al Drácula anciano, dándole un toque más terrorífico al personaje. Todo ello realzado por el excelente trabajo de sus maquilladores, que tardaban cinco horas para conseguir el físico del conde.

Según relató recientemente en un pódcast, Gary Oldman confidenció que aceptó interpretar el papel de Drácula en la película de Francis Ford Coppola principalmente por una línea del guión de James V. Hart, “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte”, frase que el Conde le dice a su amada Mina Murray, quien, siglos atrás, en una vida pasada, había sido Elizabeta, la esposa del Conde, que se suicidaba creyéndolo muerto, desencadenando los dramáticos acontecimientos posteriores.

El Señor Gary Oldman

Oldman agregó que aunque en esa época le ofrecieron otros proyectos cinematográficos, esa frase lo conmovió tanto que quiso interpretar al terrorífico Conde de Transilvania a como diera lugar, sin mencionar que también iba a tener la oportunidad de trabajar con Francis Ford Coppola, cineasta al que admiraba.

Finalmente, como saben todos los que vieron la película, su magistral interpretación convirtió al Conde Drácula en un ser trágico, romántico y cruel, y eternamente melancólico y atormentado. Interpretación que, con el paso de los años, se convertiría en una de las versiones cinematográficas más icónicas del vampiro.

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