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¿Cómo elogiar positivamente a nuestros niños?

Los elogios al proceso, y en menor medida a los resultados, resultan motivadores para el niño.

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En el libro “Creciendo Juntos” de Carlos Gónzalez, el autor le habla a los padres sobre cómo realizar elogios a los niños que resulten positivos para ellos. Para esto, utiliza una clasificación de los elogios en tres tipos:

Elogios a la persona: Es cuando se felicita directamente a la persona por cómo es; “eres muy bueno en matemáticas”, “eres un niño muy bueno”, “eres seco en tenis”.

Elogios al proceso: Es cuando se felicita una conducta del niño; “has estudiado mucho”; “se nota cómo has pintado con mucha dedicación”.

Elogios al resultado: Es cuando se felicita el resultado final de una acción; “qué buena nota te sacaste”; “ganaste el partido”, “qué dibujo más lindo”

El autor sostiene que los elogios al proceso, y en menor medida a los resultados, resultan motivadores para el niño. El menor que recibe elogios sigue haciendo las cosas bien, especialmente si se le muestra que realmente nos interesa las cosas que hace. “Qué dibujo más lindo” puede ser un elogio rutinario; pero el niño quedará mucho más contento si se le dedica unos minutos a su obra y se le dicen cosas más concretas: “Mira, si hasta le pusiste humo en la chimenea”; “este caballo parece que está corriendo”, “ayer estuviste mucho rato dibujando y se nota porque has puesto muchos detalles, como estos pecesitos en el agua”. Estos elogios, ni siquiera son elogios que hacen juicio (bien o mal, bonito o feo); simplemente son muestras de interés, de que nos gusta mirar sus dibujos.

En cambio, los elogios a la persona pueden resultar desmotivadores porque nuestro hijo puede tener la sensación de que lo queremos o de que estamos orgullos de él por sus logros, por lo que debe mantener cierto nivel porque, si baja, nos sentiremos menos orgullosos de él. Por ejemplo: “Eres seco en matemáticas”

Lo mismo ocurre con la crítica, cuando es necesario hacer una, se debe hacer al proceso o al resultado, por ejemplo; “ cuando ordenes tu pieza, es importante que mires debajo de tu cama porque a veces te quedan calcetines sucios”, en vez de decir “no te fijas nunca debajo de tu cama, eres un desordenado y haces las cosas al lote”. Con esta última frase damos por hecho que el niño es de esa forma, por lo que hacemos que resulte más difícil que pueda cambiar lo que hace, ya que se siente que es así, dañando muchas veces su autoestima.

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