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¿Cuáles son los errores de los padres al alimentar a los niños? Conoce los más graves

Los trastornos alimentarios en la infancia (TAI) tienen una historia relativamente reciente en la psiquiatría.

Desde que una guagua nace, la primera de todas las tareas, la que se repite más veces a lo largo del día, la que no se demora ni se puede aplazar, es la alimentación. Constituye un proceso complejo, en el que están en juego factores biológicos, psicológicos y sociales desde su inicio. Comer no es sólo el cumplimiento de una necesidad básica, sino que puede llegar a ser un determinante fundamental en las relaciones entre los padres y sus hijos. Por lo mismo, la conducta que tengan los padres a la hora de alimentar a sus hijos influye en la conducta alimentaria de ese niño.

Los trastornos alimentarios en la infancia (TAI) tienen una historia relativamente reciente en la psiquiatría, afectando entre un 6 y un 25% de los niños con desarrollo normal. Según los padres, un 24% de los niños de 2 años, el 19% de los de 3 años y el 18% de los de 4 años tienen problemas con la alimentación (Almendra, 2005).

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Los TAI pueden tener su origen en causas orgánicas y no orgánicas. Los trastornos orgánicos constituyen un grupo muy heterogéneo de afecciones que requieren de un enfoque específico, generalmente encabezado por médicos.

Por otro lado, dentro de los trastornos de origen no orgánico existen varios subtipos dependiendo de la causa desencadenante, pero una división que resulta clarificadora puede ser la siguiente: niños que comen de forma limitada en cantidad, aquellos que comen alimentos de manera selectiva, es decir limitada en calidad y niños que tienen miedo a comer.

Los estilos de alimentación de los cuidadores son una parte esencial del manejo de estas dificultades. Las prácticas de alimentación de los cuidadores están influenciados por las normas culturales, la preocupación de los padres y las características del niño.

Existen tres prácticas alimentarias problemáticas:

1.- Los alimentadores controladores cuyos padres ignoran las señales de hambre del niño y utilizan estrategias coercitivas, como el castigo o recompensas inapropiadas para presionar al niño a comer. Aunque parecen inicialmente ser efectivas, se vuelven contraproducentes, resultando en un pobre ajuste de la ingesta de energía, en un menor consumo de frutas y verduras, y en un mayor riesgo de sobrepeso o bajo peso.

 2.- Los alimentadores indulgentes quienes satisfacen las demandas de alimentación del menor, sin considerar las señales de hambre del mismo y el establecimiento de límites. Frecuentemente preparan comidas especiales o variadas, ya que sienten que es imprescindible cumplir con todo lo que el niño necesita, pero al hacerlo ignoran las señales de hambre del mismo y no establecen límites. Las consecuencias de estas prácticas de alimentación incluyen un menor consumo de alimentos adecuados que contienen importantes nutrientes y un consumo desproporcionado de productos ricos en grasas, aumentando el riesgo de sobrepeso posterior.

3.- Los alimentadores negligentes son cuyos padres ignoran las señales de hambre del niño, así como también, las necesidades físicas y emocionales, existiendo además ausencia de límites y de contacto visual en las instancias de alimentación. Los alimentadores negligentes abandonan la responsabilidad de alimentar al niño y pueden dejar de ofrecer alimentos o poner límites. A menudo dejan que los niños más grandes se valgan por sí mismos.

¿Cuál sería el ideal?

Padres que sean cálidos a la hora de ofrecer los alimentos, que sirvan de modelo a lo hora de alimentarse ellos mimos de manera sana y equilibrada, con capacidad de dar respuesta a las señales del niño, donde además sean capaces de tener una adecuada estructuración a la hora de alimentarse.

Son los cuidadores quienes determinan dónde, cuándo y lo que come el niño; mientras que el niño es el que determina cuánto come, donde el padre guía al niño a comer en lugar de controlarlo. Fijan límites y modelos apropiados para comer, hablan positivamente acerca de la comida, y responden a las señales de alimentación del niño. Organizan un esquema para inducir el apetito o recompensar el logro de los objetivos, pero no recurren a técnicas de coacción desagradables. Este estilo de alimentación se conoce como alimentadores sensibles y diversas investigaciones señalan que darían lugar a que los niños coman más frutas, verduras, y productos lácteos y menos “comida chatarra”, lo que resulta en un menor riesgo de sobrepeso posterior.

En otro artículo les daré algunas sugerencias a tener en cuenta al momento de alimentar a un niño

 

 

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