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Los ambientes verdes tienen una gran importancia en la crianza de nuestros hijos

Salir y renovar energías. Dejar de lado el celular para desarrollar la creatividad y el ingenio de nuestros pequeños.

Muchas veces nos vemos sobrepasados con la crianza y los espacios de ocio se vuelven difíciles, ya que en vez de disfrutar con nuestros niños en la casa, terminamos peleando y más de alguna vez, el televisor termina siendo nuestro mediador. Por lo mismo, cuando se encuentren en esos momentos, les aconsejo respirar hondo y salir a un parque o placita cercana a  jugar con ellos al aire libre. Esto les traerá muchísimos beneficios, además de salir de la rutina y respirar aire puro. 

En una investigación publicada por Frances E. Kuo y Andrea Faber Taylor en el año 2004, se encontró que los ambientes verdes ayudan significativamente a reducir los síntomas del desorden de atención e hiperactividad en los niños, disminuyendo además los niveles de estrés. Por lo tanto, los ambientes naturales parecen tener un efecto relajante.

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Ir a un parque implica caminar, correr, jugar, lo que se traduce en ejercicio para nosotros y para nuestros niños, desarrollándose de mejor manera todas aquellas habilidades psicomotoras relacionadas con la coordinación. Apagar el televisor, levantarse del sillón y salir a la calle a andar en bicicleta o a caminar, son actividades recomendables para toda la familia.

Sacarlos de la casa

Las plazas y los parques promueve el contacto de nuestros hijos con otros niños, donde en los juegos deben sociabilizar y compartir. Por otro lado, sacarlos de la casa, favorece la creatividad en nuestros niños, ya que deben jugar y entretenerse con aquello que está disponible, por lo tanto, incentiva el ingenio y la imaginación para crear nuevos juegos.

Jugar al aire libre es una de las mejores formas de unión familiar, donde podemos dedicarles tiempo y atención de calidad, además de disfrutar junto a ellos. Pasear por el parque con nuestros hijos nos permite estar en contacto con la naturaleza y conectados en el aquí y en el ahora. Podemos observar a nuestros niños y poder percatarnos de cómo están.

Si logramos caminar junto a ellos y dejar todos los pendientes entre paréntesis, así como el celular, hará que esas caminatas sin interferencias fomenten espacios de conversación entre padres e hijos, donde no hay apuro, sino que todo lo contrario, tiempo de encuentro.

 De esta manera, al salir de la rutina, hacemos un alto en el día y, al llegar nuevamente a la casa, nos encontramos con energía renovada, lo que hará más placentera la convivencia y la relación con nuestros hijos.

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