¿Por qué los golpes en la crianza son malos siempre? 13 razones que pueden marcar nuestra vida

Los golpes destruyen la sensibilidad y la compasión hacia los otros y hacia uno mismo.

Guía de: Maternidad

Soy una convencida de que no hacen falta grandes traumas en la infancia para dañar a un niño en el corto o largo plazo. De esta forma, las frases y justificaciones del tipo “a mí me hicieron tal o cual cosa y no me pasó nada”, no son más que formas de “normalizar” y negar una vivencia que tarde o temprano se somatiza con enfermedades de todo tipo.

Estoy absolutamente en contra de toda expresión y forma de violencia (no solo en la primera infancia) y considero que los golpes hacia los niños (y por supuesto entre adultos, pero hay que centrarse en lo que nos convoca) son malos, siempre.

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Para abordar esta profunda convicción, busqué un artículo que leí hace unos años de Alice Miller, psicoanalista francesa, autora de varios libros y artículos sobre las consecuencias de maltratar a los niños y cómo esta violencia lleva a una violencia global como la que podemos presenciar en la actualidad.

No existe “la buena zurra”, por Alice Miller (2008) traducido por Rosa Barrio y publicado en el blog Screams From Childhood .

¿Por qué las zurras, las bofetadas e incluso los golpes aparentemente anodinos, al igual que las palmadas sobre las manos de un bebé son peligrosas?

1.- Sólo le enseñan la violencia.

2- Destruyen la certeza sin falta de ser amado, como un bebé necesita.

3- Crean angustia: la angustia de la siguiente ruptura.

4- Llevan consigo la mentira: pretenden ser educativas, pero en realidad sirven a los padres para descargar su cólera, y si pegan es porque a ellos les pegaron siendo niños.

5- Incitan a la cólera y al deseo de venganza que permanece reprimido y que saldrá más tarde.

6- Programan al niño a la aceptación de argumentos ilógicos (te hago daño por tu bien) y los inscriben en su cuerpo.

7- Destruyen la sensibilidad y la compasión hacia los otros y hacia uno mismo, limitando así sus capacidades de conocimiento.

¿Qué aprende el bebé (agrego niños) de las zurras y otros golpes?

1- Que el niño no merece respeto.

2- Que se puede aprender el bien por medio del castigo (lo que es falso, en realidad el castigo enseña al niño solamente a querer castigar a su turno).

3- Que no hay que sentir el dolor, que hay que ignorarlo, lo cual es peligroso para nuestro sistema inmunitario.

4- Que la violencia forma parte del amor (lección que incita a la perversión).

5- Que negar las emociones es saludable (sin tener en cuenta que será el cuerpo el que pagará por este error, a menudo mucho más tarde).

6- Que uno no tiene derecho.. a defenderse hasta que sea adulto.

Es el cuerpo el que guarda la memoria de todas las marcas nocivas de las supuestas “buenas zurras”.

¿Cómo podemos liberarnos de la cólera reprimida?

Durante la infancia y la adolescencia:

-Burlándonos de los más débiles.

-Pegando a los compañeros

-Humillando a las niñas

-Agrediendo a los profesores.

-Viviendo las emociones prohibidas delante de la televisión o los videojuegos, identificándose con los héroes violentos (los niños a quien nunca se les pegó, se interesan menos por las películas crueles y no producirán escenas atroces, una vez adultos).

A la edad adulta:

-Perpetuando uno mismo la zurra como medio educativo eficaz, sin darnos cuenta de que en realidad estamos vengándonos de nuestro propio sufrimiento sobre la siguiente generación.

-Negándonos (o siendo incapaces) a comprender la relación entre la antigua violencia sufrida y la que se repite activamente en la actualidad; entreteniendo así la ignorancia de la sociedad.

-Alistándonos en actividades que exigen violencia.

-Dejándonos influir fácilmente por los discursos de hombres políticos que designan a víctimas propiciatorias en quien pueden depositar la violencia acumulada y de la que se pueden deshacer por fin sin ser castigados: razas “impuras”, etnias “que limpiar minorías sociales despreciadas.

-Como obedecimos a la violencia siendo niños, estamos dispuestos a obedecer a toda clase de autoridad que nos recuerde la de nuestros padres, como los alemanes obedecieron a Hitler, los rusos a Stalin y los serbios a Milosevic.

Inversamente, si tomamos conciencia de nuestros sentimientos reprimidos e intentamos comprender cómo se transmite la violencia de padres a hijos, cesaremos de pegar a los niños de cualquier edad. Es posible (muchas personas lo han logrado), una vez que hayamos comprendido que la única razón de dar golpes “educativos” se esconde en la historia reprimida de nuestros padres”. Alice Miller 2008.

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