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Ser un padre abnegado, ¿es lo que nuestros hijos necesitan para ser felices?

Conoce de qué trata esta nota y la importancia del "autocuidado" en tu día a día siendo mamá o papá.

Convertirse en madre/padre es uno de los regalos más grandes que la vida te puede dar, qué duda cabe. Pero también representa uno de los desafíos más abrumadores. Y en el esfuerzo por querer dar lo mejor a nuestros hijos, solemos adoptar como propio el rol de “padres abnegados”. Por nuestros hijos, somos capaces de los más grandes sacrificios. De renunciar a todo, incluso a nuestros propios deseos e intereses. “Todo sea por la felicidad de mis hijos”, nos repetimos como mantra. Pero ¿y si no fuera así? ¿Y si esa respetada y valorada “abnegación” fuera uno de los motivos que conspira contra el bienestar y la felicidad de quienes más amamos?

padres abnegados

 

Ese punto es el que es precisamente trata la nota publicada por el sitio Mindfulness4Kids, acerca de un artículo publicado por la revista Mindful, el cual busca derribar los mitos que existen en torno a la idea de abnegación en el rol de padres como sinónimo de abandono de todo lo concerniente a nosotros como personas.

Para esta investigación, las psicólogas Stefanie y Elisha Goldstein, advierten sobre el malentendido que existe en torno al tema, con los siguientes argumentos:

“Hay una noción de que tienes que abandonarte a ti mismo para ser un padre y eso es lo que es admirado” en la sociedad actual, afirma Stefanie, pero esta idea a su juicio representa un grave error porque “si tú no estás bien, tus niños tampoco pueden estarlo”.

Elisha, por su parte, agrega que “cuando los padres traen a sus hijos a mi consulta, ellos dicen que quieren más de esa ‘cuestión del mindfulness’ para sus chicos. Pero los padres no necesariamente lo están haciendo por cuenta propia”. Explicó que eso es especialmente desafiante para las madres, porque ellas por lo general asumen la idea de que sus propias necesidades no importan a la hora de cumplir con su rol de “buena madre”.

Para ambas profesionales, quienes además son practicantes de meditación, el proceso de construir una “familia mindful” requiere un esfuerzo de tres partes: cultivar la atención plena en sí mismo, en la pareja y en los hijos.

Pero cuando se trata de llevar una vida “mindful” al interior de la familia, la mayoría de los padres olvidan la parte de cultivar la atención plena en sí mismos, afectando al resto de la tríada “uno mismo-pareja-hijos”. Para ayudar a corregir este problema, Stefanie aconseja tres simples maneras de “inyectar un poco de ‘yo’ (madre/padre) en la vida diaria familiar”.

Primero, hacer del “autocuidado” una prioridad en nuestra jornada, lo que para la psicóloga se traduce en “darnos permiso, sin excusas de por medio, de reservar un tiempo para mi”, para hacer lo que me guste hacer: running, yoga, ir al cine, tomar una siesta, tomar un café con un amigo/a.

En segundo lugar, Stefanie nos aconseja que cuando nos equivoquemos o cometamos un error en la crianza de nuestros hijos, aprendamos a perdonarnos a nosotros mismos y a dar rápidamente vuelta a la página. “Los fundamentos del mindfulness ayudan aquí: cuando la mente esté abrumada, invítala a regresar al momento presente, sin juzgar”.

“Como padres, siempre vamos a meter la pata en algo. Pero cuando llegas a ese momento de darte cuenta -ya sea porque tu hijo te lo enrostre, o tu pareja, o tú mismo-, ese es el momento del ‘Oh’. Ahí es cuando tú realmente puedes perdonarte lo mejor que puedas y volver a ti mismo”.

Por último, la psicóloga nos invita a dejar que nuestros hijos también sean a veces nuestros “guías” en la práctica de mindfulness. Para ilustrar esto, recordó una anécdota personal: cuando un día su hijo de dos años se rehusaba a dormir su siesta, ella comenzó a gritarle. Entonces, su otro hijo de cuatro años le pidió que no gritara. Eso le sirvió a Stefanie como el momento “oh” para detenerse, tomar un momento de respiro y luego retomar la situación de una manera distinta.

“Hay muchos padres que podrían ponerse a la defensiva en ese momento y reprender a ese hijo de cuatro años por hablarle de esa manera. Y eso es porque resulta a veces tan doloroso y humillante decir: wow, tienes razón, puedo hacerlo de una manera diferente”, concluye Stefanie.

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