“La Campana”: El mito de la máquina secreta de los Nazis que permitiría viajar en el tiempo
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- Héctor Fuentes
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Durante la fase final de la Segunda Guerra Mundial (1943-1945), cuando los científicos e ingenieros nazis aceleraron la planificación y construcción de las “Wunderwaffen” (“armas maravillosas”), es decir, planos de cohetes, aviones a reacción y tanques de última generación con el buscaban darle un giro al curso desfavorable de la guerra, se creó “La Campana” (“Die Glocke” en alemán), un supuesto proyecto ultra secreto de los nazis que buscaba la propulsión antigravitatoria.

Igor Witkowski, periodista polaco autor del libro “La verdad sobre las Wunderwaffe”, asegura que la existencia de la “Die Glocke” fue reconocida tras un interrogatorio al oficial de las SS Jakob Sporrenberg, quien relató que “La Campana” fue creada en la locación secreta nazi conocida como “Der Riese” (“El gigante”), una base experimental ultra secreta que constaba de 7 laboratorios ubicada bajo las montañas en los Sudetes, cerca de la frontera con Checoslovaquia.
Este proyecto ultra secreto estaba al mando del general de la SS Hans Kammler, ingeniero científico que estaba involucrado en el desarrollo de los misiles V-2, aviones a reacción, alas volantes y construcciones subterráneas, entre otros proyectos.
Según detalla Witkowski en su libro, “La Campana” era un artefacto de metal especialmente pesado que estaba encadenado al suelo,
medía 5 metros de alto y 3 de diámetro, en su parte frontal llevaba la esvástica nazi, y tenía 2 cilindros giratorios que contenían una sustancia parecida al mercurio, de color violeta, llamada xerum 525, que era “almacenada en un termo alto y delgado, de un metro de alto y encapsulado en plomo”. El exterior del artefacto, además, estaba forrado con un material de cerámica que servía como aislante térmico, bastante parecido al revestimiento de losetas de cerámicas que décadas más tarde llevarían los transbordadores espaciales de la NASA.
¿Para qué servía “La Campana”? Cuando se ponía en funcionamiento, los 2 cilindros rotatorios giraban contrariamente y el objeto se elevaba, pudiendo desplazarse por el aire, aunque, al parecer, el artefacto despedía unas radiaciones que llegaron a afectar y matar a varios científicos del proyecto. Según detalla Igor Witkowski, cuando se activaba, desencadenaba una especie de reacción química que cristalizaba los tejidos celulares animales, gelificando la sangre en un radio de acción de hasta 200 metros.
“La Campana”, ingenio técnico que abrió un camino totalmente nuevo en el camino de la física y la tecnología, habría sido entonces el primer prototipo de un motor contra la gravedad que fue concebido como el sistema de propulsión que necesitaban los aparatos aéreos nazis que se estaban desarrollando en las ultimas fases de la guerra.
Se asegura que cuando el Ejército soviético estaba llegando a la aldea de Ludwigsdorf, el oficial de las Waffen SS Karl Sporrenberg, por orden directa de Hitler, llevó a cabo la ejecución de 62 científicos nazis que trabajaban en el proyecto “Die Glocke”, hechos por los cuales sería juzgado posteriormente en los tribunales como criminal de guerra. Según Sporrenberg, el prototipo secreto habría sido trasladado a una zona de seguridad en Noruega.

Como sea que fuere, tras el fin de la Segunda Guerra MUndial, los laboratorios de Der Riese fueron destruidos y los planos originales de “La Campana” supuestamente se perdieron. Sin embargo, muchos aseguran que en realidad cayeron en manos de los norteamericanos, quienes, con el máximo de los secretos, habrían continuado con el desarrollo del prototipo, trasladando el artefacto a sus instalaciones militares para estudiar la anti-gravedad y, con ello, preparar el asalto al espacio que acabó desembocando en el aterrizaje lunar del astronauta Neil Armstrong y sus dos compañeros en el proyecto “Apolo XI”.
El 9 de diciembre de 1965, de hecho, un objeto volador desconocido con forma de bellota o de campana, ante numerosos testigos, se estrelló en las proximidades de la localidad norteamericana de Kecksburg, en Pensilvania. Este suceso fue conocido en el estudio de la Ufología como el caso del “Ovni de Kecksburg”. El artefacto tenía inscripciones extrañas, al igual que la campana nazi, y fue recuperado rápidamente por las fuerzas militares.

El autor británico Nick Cook, en su libro “The Hunt for Zero Point”, describió a “La Campana” como un “artilugio brillante y giratorio” que posiblemente disponía de “algún efecto antigravitacional”, sosteniendo incluso que era una “máquina del tiempo”, elaborado como parte de un programa antigravedad de las SS” para el platillo volante “Repulsine” que los nazis estaban diseñando.
Cook agregó que el proyecto secreto de “La Campana” había sido desarrollado con los nombres de “Kronos” (“tiempo”) y “Lanterntrager” (“portador de luz”), figurando en los documentos secretos extrañas referencias a una “Puerta del Tiempo”. Es decir, el verdadero secreto de “La Campana” nazi es que podía ser usada como una máquina del tiempo, y para funcionar necesitaba activar su sistema de propulsores giratorios y realizar al mismo tiempo pequeños desplazamientos aéreos.
Según relata Nick Cook, Adolf Hitler comisionó al general de las SS e ingeniero científico Hans Kammler la construcción de un artefacto que fuera capaz de viajar en el tiempo a partir de una gran aceleración y que pudiera levitar, lo que habría dado origen a “La Campana”.
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