A 35 años de uno de los grandes enigmas del rock: ¿Asesinó la CIA a John Lennon?

Muchos afirman que su asesino fue parte de un programa de la CIA para asesinar a personajes peligrosos para Estados Unidos.

Guía de: Mitos y Enigmas

La historia oficial nos cuenta que el 8 de diciembre de 1980, mientras regresaba de un estudio de grabación, John Lennon recibió cuatro mortales disparos en la entrada del edificio Dakota de Nueva York, lugar donde vivía. Su asesino, quien le había pedido que le autografiara el disco “Double Fantasy” sólo horas antes, resultó ser un fan llamado Mark David Chapman, un ex empleado de hospital de 24 años que había intentado suicidarse años atrás y supuestamente estaba obsesionado con su música.

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Sin embargo, no son pocos los autores y periodistas que afirman que Chapman fue en realidad parte de una verdadera conspiración de las agencias de seguridad del gobierno de Estados Unidos para deshacerse de personajes molestos, característica que el ex beatle cumplía a cabalidad. Pero ¿Era realmente John Lennon una figura peligrosa para el gobierno norteamericano? A John Lennon, un músico genial con un aura de inconformista y rebelde, se le empezó a considerar problemático en América a partir de 1966, luego que se despachara su famosa declaración que “los Beatles eran más populares que Jesucristo”, lo que provocó que el cuarteto de Liverpool fuera boicoteado por numerosas radioemisoras estadounidenses y que miles de sus discos fueran echados a las hogueras instaladas en plazas públicas de varias ciudades americanas.

Posteriormente, en pleno estallido de la guerra de Vietnam y después de casarse con la artista japonesa Yoko Ono en 1969 en Gibraltar, el matrimonio celebró su peculiar luna de miel en Ámsterdam ante cientos de periodistas pidiendo la paz mundial en la cama de la Suite Presidencial del Hotel Hilton, cosa que repetirían en la cama de un hotel de Montreal. Estos “actos” no fueron comprendidos por algunos sectores más conservadores, que acusaron a Lennon de mofarse de ellos, a lo que éste replicó diciendo que “a mí y a Yoko nos ven como Laurel y Hardy. Y siendo así, nuestra probabilidades son mejores, porque a toda la gente que la toman en serio como Martin Luther King, Kennedy y Gandhi les pegan un tiro”.

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En 1971, cuando la mediática pareja se mudó a Nueva York, el gobierno americano, encabezado por el presidente Richard Nixon, los comenzó a mirar más de reojo. La letra de la canción de Lennon “Power to the people” (“Poder para la gente”) para muchos era derechamente subversiva y el lema “Happy Xmas (War is over)”, basado en el bello tema del mismo nombre, y su posterior campaña de vallas publicitarias, fue otro gesto de desprecio del ex beatle a la guerra de Vietnam, que por entonces mantenía Estados Unidos en el sureste asiático. John y Yoko, por lo demás, no sólo manifestaron su simpatía por Bobby Seale, fundador de los Panteras Negras, sino que también comenzaron a codearse con los activistas Abbie Hoffman y Jerry Rubin, que estaban en la lista negra del FBI. El mismo Lennon, a sabiendas que el rock and roll era un arma poderosa si se sabía como usarla, participaría en un concierto celebrado el 10 de diciembre de 1971 para pedir la libertad de John Sinclair, condenado a diez años de prisión por la posesión de dos cigarros de marihuana. Este esfuerzo dio sus frutos porque Sinclair fue liberado tres días después y las agencias americanas, como la CIA y el FBI, empezaron realmente a apreciar el poder que el músico inglés podía tener, por lo que, de acuerdos a varios archivos desclasificados, comenzaron a vigilarlo y a pinchar sus llamadas telefónicas.

El mismo Lennon, que por esa época recibiría un ultimátum de la oficina de inmigración para abandonar el país por porte de drogas, declararía que “me están acosando. Sé la diferencia entre cuando el teléfono está normal al descolgar y cuando cada vez que lo cojo se oyen un montón de ruidos. Y cuando abro la puerta, hay tipos con traje de pie en la acera de enfrente. Me subo a un coche y ellos me siguen en coche. Sin esconderse. Ese es el motivo por el que me volví un poco paranoico. Querían que viese que me seguían. De repente, me di cuenta de que esto era serio, venían por mí de un modo u otro. Cuando me sorprendieron con yerba y amenazaron con deportarme de Estados Unidos no fue por ese motivo. La razón real fue porque soy pacifista y porque siempre me opondré a cualquier tipo de guerra”.

Lennon CIALennon, que había donado 75 mil dólares para la formación de la Election Year Strategy Information Center (EYSIC), una organización partidaria que se dedicaba a organizar actividades de protesta contra los republicanos, representantes del sector más conservador de Estados Unidos, no estaba ciertamente paranoico. Jonathan Wiener, profesor de Historia de la Universidad de California, quien en 1983 demandó al Gobierno de EE.UU. esgrimiendo la ley de Libertad de Información para reclamar los documentos secretos del que fuera miembro de “The Beatles”, lograría que en 1997 se desclasificaran varios reveladores documentos gubernamentales, como uno que afirmaba que, según el FBI, Lennon “fomentó la creencia de que tenía puntos de vista revolucionarios… por el contenido de algunas de sus canciones”, y que, en una entrevista que el integrante de “The Beatles” había dado a “The Red Mole”, un diario suburbano londinense, el cantante recalcaba su “origen proletario y su simpatía por los oprimidos y la gente sin privilegios en Inglaterra y el mundo”. Estos documentos probaron, por cierto, que el FBI controló ampliamente las actividades de Lennon durante su estancia en Nueva York, con el fin de reunir pruebas para lograr su deportación. A partir de 1972 y durante más de un año, la agencia gubernamental recopiló de hecho abundante información sobre las actividades del cantante y compositor, con el objetivo de deportarlo y así “neutralizar” a una figura de la música a quien consideraba una amenaza.

Entre otros documentos, el mismo Wiener consiguió hacer público un mensaje del entonces director del FBI, Edgar Hoover, en el que alega que el caso Lennon “debe ser manejado de una forma rápida y por agentes con experiencia”. Otro documento fechado en 1972 advierte que Lennon se estaba uniendo a grupos “que siguen la línea comunista china”. Y en otra carta enviada por la oficina del FBI en Nueva York al mismo Hoover se explica que la policía neoyorquina “está al tanto del uso de narcóticos por el músico y que trata de reunir suficiente información para detenerle y también a su esposa”. Los documentos, en resumen, muestran con claridad que el FBI consideraba a Lennon una figura poderosa de la música que trataba de evitar la reelección de Richard Nixon y lograr con ello el fin de la guerra de Vietnam.

En la citada entrevista concedida por John Lennon en 1971 al periódico “The Red Mole”, el ex beatle confesó que “siempre he tenido conciencia política y he estado contra el statu quo. Es bastante básico, cuando has aprendido desde chico, como yo, a odiar y a temer a la policía como tu enemigo natural y a despreciar al ejército como algo que se lleva a todos y los abandona muertos en alguna parte.” Y más adelante agregó que “en una época estuve tan metido en la mierda religiosa que andaba por ahí llamándome comunista cristiano, pero pronto me di cuenta que la religión es la locura legalizada. La terapia me alejó de todo eso… Esa terapia me obligó a decir adiós a toda esa porquería de Dios.” Y ante la idea de su esposa Yoko Ono de que “tal vez podemos hacer una revolución sin violencia”, Lennon replicó que “no puedes tomar el poder sin lucha… “

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En 1975, en todo caso, las cosas parecieron tranquilizarse de momento. Estalló el escándalo de Watergate, que significaría la renuncia del presidente Nixon, John y Yoko tuvieron a su hijo Sean y el cantante obtuvo por fin el permiso de residencia para vivir en Estados Unidos que coincidió con su cumpleaños número 35. Con la llegada de Sean, John se retiró de los escenarios y se convirtió en un amo de casa para dedicarse exclusivamente a su hijo. Este silencio musical duró cinco años, hasta que en octubre de 1980 el ex beatle regresó con energías renovadas con su disco “Double fantasy”. Parecía que Lennon, a punto de cumplir 40 años, volvía por sus fueros, pero todo eso quedó en nada el 8 de diciembre de 1980 cuando Mark David Chapman le descerrajó cuatro balazos y acabó con su vida.

¿Mark David Chapman, asesino de la CIA?

Una de las grandes interrogantes en esta supuesta conspiración es la relativa a las motivaciones reales de Mark David Chapman, el asesino confeso de John Lennon que ya lleva 35 años redcluido en la cárcel de Attica. El día del asesinato, en la tarde, Chapman, un sujeto regordete y extraño, esperó a John Lennon en las afueras del edificio Dakota de Nueva York para pedirle que le autografiara un ejemplar del disco “Double Fantasy”. Luego que el músico saliera a la calle y le autografiara el LP y le preguntara “¿No necesitas nada más?”, Chapman asintió, pero en vez de largarse de allí se quedó rondando por el lugar para esperar a Lennon, quien había ido a un estudio de grabación junto a su esposa Yoko Ono para retocar unas canciones que estaba grabando. Cuando el ex beatle regresó a su casa, a las 22:50 hrs del mismo día, Chapman estaba oculto en la sombra del arco de la entrada del edificio. Cuando Lennon se acercó a la recepción, Chapman salió de las sombras y le descerrajó 4 balazos. A continuación, después que el portero del lugar le quitara la pistola y llamara a la policía, en vez de salir pitando del lugar, Chapman se sacó su abrigo y se sentó en la cuneta. Tenía entre sus manos su libro favorito, el famoso “The catcher in the rye” (conocido en nuestro país como “El cazador oculto” o “El guardián entre el centeno”), de J.D. Salinger, el cual comenzó a leer mientras esperaba que los agentes de policía vinieran a aprehenderlo. Cuando los policías llegaron, les dijo: “Lo he hecho solo, no me hagan daño”. Chapman, un supuesto admirador obsesionado con la música de los Beatles y John Lennon, había matado presuntamente al músico por considerar que éste era un “hipócrita” y porque “una persona que predicaba sobre el amor y la paz mundial no podía vivir como un millonario”.

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Sin embargo, para muchos, Chapman no era quien decía ser y fue el sujeto perfecto para ejecutar este magnicidio, es decir, el tipo desequilibrado y solitario obsesionado con Lennon que supuestamente actuó por su propia cuenta. El periodista norteamericano Fenton Bresler, en su libro “Who killed John Lennon?”, aseguró de hecho que John Lennon no había sido asesinado por un fan obsesionado, sino en realidad por alguien manipulado por la CIA, la temida agencia gubernamental norteamericana. Chapman, según la investigación de Bresler, no era para nada un fanático admirador del músico como se señaló en el informe oficial. Según sus amigos y familiares, aborrecía la violencia. Trabajó en la YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes), uno de los lugares predilectos de reclutamiento de la CIA. Y cuando tenía 19 años partió como voluntario para trabajar en la YMCA en Beirut, durante la guerra civil en ese país, aunque en realidad habría sido huésped de un campamento de la CIA en esa ciudad, donde fue sometido a una terapia que combinaba la torazina y la hipnosis. A su regreso trabajó con los vietnamitas refugiados en Fort Chafee, Arkansas, con World Vision, organización evangélica acusada de colaborar con la CIA en Honduras y El Salvador. Y, antes de matar a Lennon, pasó increíblemente por varios aeropuertos portando el arma asesina sin despertar la más mínima sospecha.

La CIA, por cierto, desde 1939 había comenzado a trabajar en investigaciones y experimentos de “lavado de cerebro”, mediante drogas, hipnotismo y otros procedimientos. Esta agencia gubernamental, de hecho, de acuerdo a varios investigadores implementó en secreto un programa llamado “MK Ultra (Mind Kontrol Ultra)”, para realizar ciertas actividades y operativos de control mental, usando señales eléctricas y drogas con ciertos individuos para cambiar el funcionamiento de su cerebro e inducirlos a convertirse en asesinos y hacer de ellos el “arma perfecta”, es decir, tipos supuestamente comunes y corrientes que podían matar a cualquier objetivo humano, siempre y cuando su comportamiento homicida fuera activado por ciertos “disparadores”, como estímulos visuales, canciones o frases de libros famosos. Chapman, que había llegado de Hawaii a Nueva York el 30 de octubre de 1980 para recrear los pasos que había dado en esa ciudad su héroe literario Holden Caufield, el adolescente de 16 años protagonista de “The Catcher in the rye”, de hecho declaró en el juicio que, antes de interceptar a Lennon en la entrada de su casa para vaciarle su revólver calibre 38, una voz en su cabeza le había dicho: “Hazlo, Hazlo, Hazlo”.

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CIA Killed Lennon

¿Era Chapman un asesino programado por la CIA o sólo un sujeto desequilibrado que perdió la cordura hasta cometer un inexplicable asesinato? Es difícil decirlo, aún cuando para muchos el comportamiento autómata que Chapman tuvo el día del asesinato basta para alimentar cualquier teoría conspirativa. Lo único cierto es que la pérdida del Beatle genial y deslenguado, del héroe de la clase obrera y del revolucionario pacifista que supuestamente puso en guardia a la mayor potencia mundial es uno de los capítulos más infaustos dentro de la historia de la música y del siglo XX. Sin embargo, para Yoko Ono, los cuatro balazos que disparó Mark David Chapman ese lejano lunes 8 de diciembre de 1980 no acabaron en realidad con John Lennon: “En muchos aspectos, John fue más poderoso que el presidente John Kennedy porque la música es más penetrante que la política. Entra en la sala de estar, en el dormitorio y en el cuarto de baño de la gente. Supongo que intentaron matar a John, pero no pudieron, porque su mensaje todavía sigue vivo”.

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