Alfonso de Portago: Su “beso de la muerte” antes de trágico accidente en una carrera de autos

Portago fue el primer piloto español de Ferrari y también el primer piloto de esa nacionalidad que compitió en la Fórmula 1.

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Alfonso de Portago (1928-1957), Marqués de Portago, fue el primer piloto español de Ferrari y también el primer piloto de esa nacionalidad que compitió en la Fórmula 1. Joven, aristócrata, millonario, carismático, intrépido y deportista nato, practicó todo tipo de disciplinas -tenis, golf, esquí, esgrima e hípica- hasta que en 1953 se enamoró del automovilismo, disciplina que descubrió gracias a su amigo Luigi Chinetti, importador de la marca Ferrari en América.

Alfonso de Portago.

Alfonso de Portago.

Amante de los desafíos y las emociones fuertes, en una ocasión sobrevoló con un avión el río Támesis y pasó por debajo del Puente de Londres sólo por ganar una apuesta de 500 dólares, lo cual le significó perder la licencia de piloto. También era un “playboy” consumado y un amante de las fiestas de la alta sociedad. En 1949 se casó con la modelo americana Carroll McDaniel, lo que no le impidió mantener otras relaciones esporádicas con otras bellas mujeres, como la modelo Dorian Leigh y la actriz Linda Christian, a la última que pudo besar sólo horas antes de morir trágicamente en la pista.

En efecto, mientras competía en la Mille Miglia, una clásica pero peligrosa carrera italiana que desde 1927 se disputaba por carretera entre las ciudades de Brescia y Roma, en un circuito de ida y vuelta, y donde participaban escuderías como Alfa Romeo, Maserati, Ferrari, BMW y Mercedes Benz, Alfonso de Portago, al llegar a Roma tripulando su automóvil de carreras Ferrari 335S, se daría un largo y apasionado beso con la actriz Linda Christian, en plena competición, para después continuar con la carrera, pero no alcanzaría a trasponer la meta.

"El Beso de la muerte" entre el piloto Alfonso de Portago y la actriz Linda Christian.

“El Beso de la muerte” entre el piloto Alfonso de Portago y la actriz Linda Christian.

Cuando faltaba unos 70 kilómetros para llegar a la meta, en la comuna de Cavriana, al noroeste de Mantua, el Ferrari 335S de Portago y su copiloto Edmund Nelson, que circulaba a más de 250 km/h, sufrió el reventón de un neumático mientras tomaba una curva.

El Ferrari se salió de la carretera, chocó contra un poste que partió el vehículo y sus restos volaron hacia una zona donde se encontraba un nutrido grupo de espectadores presenciando la carrera. Portago y su copiloto murieron en el acto, al igual que una decena de espectadores, cinco de ellos niños. La tragedia, que dejaría un saldo adicional de treinta personas heridas, acaparó los titulares en la prensa italiana, que tildó a la carrera de “peligrosa”, por lo que fue cancelada para siempre.
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Inmediatamente después de la trágica muerte de Portago, los periódicos y revistas publicaron la fotografía del último beso del piloto español y su amante, la actriz Linda Christian, con el título de “El Beso de la muerte”. “Si muero mañana, habré vivido 28 maravillosos años”, había dicho el piloto en una entrevista concedida meses antes de su fatal y última carrera.

Curiosamente, Portago no quería correr la fatídica competición en la que perdió en la vida. En una carta escrita a un amigo, fechada el 8 de mayo de 1957, sólo cuatro días antes de la carrera, le confesó: “No quiero participar en la Mille Miglia, pero Enzo Ferrari me obliga a hacerlo”.

Se cree que Enzo Ferrari, el dueño de la famosa marca de coches italiana, lo había amenazado con no dejarlo competir en la Fórmula 1 si no participaba en esa prueba. Después de la muerte del joven piloto español, Ferrari y los responsables de la marca de neumáticos Englebert fueron acusados de homicidio involuntario, aunque cuatro años más tarde fueron absueltos.

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