Chillán recuerda los 80 años del devastador terremoto de 1939: El más mortal de nuestra historia

Después del terremoto de 1939 la ciudad de Chillán fue reconstruida y se convirtió en “un tesoro de la arquitectura moderna”.

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La ciudad de Chillán (“Silla del sol”, en lengua mapuche), célebre por ser la cuna -20 de agosto de 1778- del prócer y principal protagonista de la Independencia chilena, Bernardo O’Higgins Riquelme, fue fundada el 26 de junio de 1580 por el mariscal español Martín Ruiz de Gamboa en la ribera Norte del antiguo cauce del Río Chillán, en una bucólica zona de privilegiada geografía, como una de las estratégicas villas fronterizas del sur, aunque debió ser reconstruida y cambiar su emplazamiento dos veces: en 1655, cuando un levantamiento indígena destruyó la villa; y en 1751, cuando la ciudad fue arrasada por la crecida del río, debiendo ser refundada por el gobernador Domingo Ortiz de Rozas en el actual sector de Chillán Viejo.

Imagen de una calle de Chillán a principios del siglo XX (Foto:chillanantiguo.blogspot.com).

Imagen de una calle de Chillán a principios del siglo XX (Foto:chillanantiguo.blogspot.com).

Sin embargo, tras el terremoto del 20 de febrero de 1835, que dejó un saldo de un centenar de víctimas, así como 356 casas particulares y nueve edificios públicos destruidos, se dictaminó la separación de la población chillaneja y la aparición de dos centros urbanos con características bien marcadas: Chillán viejo y Chillán nuevo, cuyo diseño constaba de un plano ortogonal conformado por 144 manzanas, delimitado por cuatro grandes avenidas, y la construcción de cinco grandes plazas, ubicando la principal en el centro de todo el plano. De ese modo, en Chillán nuevo se levantarían en las décadas siguientes bellos edificios erigidos bajo la estética del Neoclasicismo, como el teatro Municipal, la nueva iglesia La Matriz, la Intendencia y el Club Ñuble, un lugar de reunión de los más encopetados vecinos de la ciudad.

La antigua Catedral de Chillán, ubicada frente a la Plaza de Armas.

La antigua Catedral de Chillán, ubicada frente a la Plaza de Armas.

La plácida vida de esta ciudad sureña se volvería a interrumpir violentamente el martes 24 de enero de 1939. A las 23.32 horas de ese día, mientras los chillanejos vivían una cálida y apacible noche de verano, se produjo un devastador terremoto, que dejó 5.648 personas fallecidas y destruyó 1.645 inmuebles de un total de 3.526 que en ese entonces había en la ciudad. La catedral, hasta ese entonces una de las principales edificaciones de la ciudad, tal como la estación de trenes, resultó totalmente destruida.

La ciudad de Chillán vivió su jornada más aciaga el 24 de enero de 1939. Vista de la calle El Roble, una de las arterias céntricas de la ciudad, después del terremoto.

La ciudad de Chillán vivió su jornada más aciaga el 24 de enero de 1939. Vista de la calle El Roble, una de las arterias céntricas de la ciudad, después del terremoto.

El sismo de Chillán de 1939 alcanzó una intensidad entre 7,8 y 8,3 en la escala Richter y 10-11 en la escala de Mercalli (que evalúa la intensidad de los terremotos a través de los efectos y daños causados a distintas estructuras y donde el nivel 12 significa la destrucción total). Y, según los expertos, se trató de un denominado terremoto intraplaca, terremoto que en esta parte del mundo ocurre dentro de una placa tectónica (Nazca), mientras que los terremotos interplaca ocurren en los límites de dos placas tectónicas (Nazca y Sudamericana).

Los terremotos intraplaca de grandes magnitudes, según los sismólogos, tienen la particularidad de que son más raros y más destructivos, porque el mecanismo de liberación de energía es distinto, ya que el hecho que ocurran a menor profundidad hace que se sientan más fuerte, pues presentan ondas muy alargadas. Estos terremotos ocurren, por lo general, en zonas que no están acostumbradas a los terremotos y donde los edificios no suelen estar adaptados sísmicamente. En el caso chileno los terremotos intraplaca han ocurrido debajo de las ciudades, y eso hace que la percepción de los habitantes y la destrucción sea mayor, con otros casos icónicos como el terremoto de Punitaqui en 1997, el de Iquique en 2005 y el reciente movimiento telúrico de Coquimbo en enero del 2019.

La desolación  reflejada en una solitaria habitante de Chillán, sentada en medio de los escombros dejados por el violento terremoto de 1939 (Foto: Diario "La Discusión" de Chillán).

La desolación reflejada en una solitaria habitante de Chillán, sentada en medio de los escombros dejados por el violento terremoto de 1939 (Foto: Diario “La Discusión” de Chillán).

Como sea que fuere, la arquitectura de carácter neoclásico del viejo Chillán colonial desapareció casi por completo esa noche de 1939. El temblor fue tan violento, que las personas no se podían sostener en pie para intentar correr y ponerse a salvo; los pocos que lograron salir de sus casas buscando refugio al aire libre fueron heridos -o muertos- por una lluvia de tejas que se desprendían con gran fuerza desde los techos de las casas y edificios. Y los que no salieron de sus casas tampoco corrieron mejor suerte, ya que debido a que la gran cantidad de casas existentes eran de adobe, la gran mayoría se vinieron todas abajo, aplastando a un gran número de personas.

terremoto regimiento

En el documental “Chillán: Terremoto de 1939: La Noche que se abrió la tierra”, la vecina Clementina Bobadilla recordó que “yo estaba acostada a esa hora. Lo que más recuerdo es que después salimos a las calles y la gente estaba llorando o gritando que las casas se les habían caído encima. Había soledad y lamentos por todas partes”, mientras que la señora Georgina Concha comentó que “todavía recuerdo las aberturas de la tierra en algunas calles, porque esa noche eso fue lo que sucedió: tembló en forma espantosa y se abrió la tierra”.

Terremoto chillán 1939

Una de las tantas tragedias que esa noche enlutaron a Chillán se produjo en el Teatro Municipal de la ciudad, ubicado en la calle 5 de Abril (en la actual Casa del Deporte, donde según testimonios todavía se pueden escuchar los lamentos de los muertos y otros increíbles eventos paranormales). Ese día se estrenaba “La Zandunga”, película mexicana de 1937. Y como era una función benéfica, en ayuda al Cuerpo de Bomberos, el público llegó en masa para ver la cinta, pero la proyección de ese drama romántico se convirtió por culpa del terremoto en un impensado montaje de muerte, espanto y horror. Según cifras oficiales, en ese lugar murieron casi 500 personas –otras crónicas hablan de 300- y sólo unos 10 espectadores lograron salvar con vida. La gran mayoría falleció a causa del aplastamiento cuando cayó la entrada (muchos iban saliendo), y el resto tras el derrumbe de la marquesina interior.

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Aunque la estación de trenes de Chillán resultó totalmente destruida, varios de los vagones que había estacionado en los alrededores de las vías férreas fueron utilizados como viviendas para los damnificados, mientras que la Plaza de Armas se convirtió en un lugar de campamento y el Estadio Municipal de Chillán en un improvisado pabellón de urgencias hospitalarias, debido al colapso del Hospital San Juan de Dios.

Las crónicas relatan que, en los días siguientes al terrible movimiento telúrico, el olor de los cadáveres en descomposición reinaba sobre casi toda la ciudad, por lo que se iniciaron de inmediato los trabajos para sacar los cuerpos sin vida debajo de los escombros, triste tarea que fue encomendada a los efectivos de los regimientos del ejército y de la policía de la provincia. La señora Pabla Sepúlveda, quien era una pequeña niña en 1939, recuerda que “veíamos a las carretas y coches municipales tirados por burros y caballos que traían a los muertos, la mayoría de ellos sin identificar. Algunos venían dentro de sacos y otros venían amontonados, para sepultarlos en fosas comunes en el Cementerio Municipal”. La expresión carros de sangre, de hecho, comenzó a aplicarse en la ciudad a estas carretas y vehículos porque los cadáveres que eran transportados dejaban tras de sí un reguero de sangre a lo largo de las calles.

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Como se había interrumpido el suministro de agua y electricidad en toda la ciudad, se debió ir a buscar agua a una vertiente ubicada en la actual calle Cancha Rayada, ubicada en el Barrio Santa Elvira, uno de los más antiguos de Chillán. “Esa vertiente ayudó a mantener con vida a la ciudad. La gente venía en carretilla o auto a buscar agua al arroyo”, recuerda la señora Georgina Concha, mientras que el vecino José Luis Ortega recordó que “semanas después la gente comentaba que se veían imágenes de fantasmas de la gente que solía lavar su ropa en ese mismo arroyo y que resultó muerta por el terremoto”.

El movimiento telúrico de 1939 que provocó la destrucción de más de la mitad de las edificaciones de la ciudad de Chillan, también acarreó una ola de destrucción en todas las ciudades y pueblos aledaños, como Concepción, Cauquenes y Penco, provocando -según fuentes de la época- en total más de 24 mil muertos en toda la región, es decir, más de la mitad de la población que vivía por entonces en esa zona del país. Debido al carácter intraplaca del terremoto y al uso generalizado del adobe y la quincha en la gran mayoría de las edificaciones de la zona, se produjo una situación catastrófica de destrucción casi total.

T chillan 1939

El terremoto de Chillán de 1939 marcó el inicio de las grandes campañas de ayuda a los damnificados, pues tanto el Estado chileno como la sociedad civil, además de algunos países del extranjero, se movilizaron para entregar ayuda humanitaria. Muy valorada fue la visita del presidente radical Pedro Aguirre Cerda, quien se apersonó en las localidades más afectadas y una vez que regresó a Santiago comentó que “una de las regiones más ricas y prósperas del país ha sido convertida en un montón de ruinas y miles de hogares chilenos están siendo sometidos a una terrible prueba. He regresado de la zona devastada con la sensación de un luto nacional; Talca, Linares, Maule, Ñuble, Concepción y Bío-Bío están bajo el peso de un intenso dolor”.

La memoria popular recordaría también la catástrofe del terremoto de Chillán de 1939 durante años a través de canciones cuyos versos rememoraban la pérdida de los seres queridos más cercanos y la ayuda posterior que recibieron los damnificados, como la satírica cueca conocida como “Cueca del terremoto”, de autor anónimo, cuyas primeras estrofas comienzan del siguiente modo: “Ni don Pedro Aguirre Cerda / Ni su legítima esposa / Sienten haberse perdido / Fiesta tan maravillosa / Viva Viva Chillán / La ciudad del movimiento / Donde los fiambres se asoman / Zapateando debajo del pavimento…”

T chillan 1939 portada

La desastrosa coyuntura de ver a gran parte de la ciudad de Chillán derrumbada por los suelos, sin embargo, crearía una situación parecida a la tabula rasa que estaban postulando algunos arquitectos modernos de la época como modo de borrar los esquemas urbanos pasados. Fue el caso del afamado arquitecto francés Le Corbusier, quien recién en 1933 había publicado su plan “Ville Radieuse”, donde proponía eliminar las cuadras centrales de París para construir de cero la nueva ciudad moderna, y que en 1939 ofreció sus servicios para diseñar el nuevo plan de reconstrucción de Chillan, siguiendo sus novedosos preceptos revolucionarios. Y aunque su viaje a Chile al final no se realizó por diversos motivos, la reconstrucción de Chillán se realizó con una visión claramente influenciada por la arquitectura moderna, adoptando estilos como el Bauhaus y el Art-Deco.

Construcción de la moderna y vanguardista Catedral de Chillán, ícono arquitectónico de la región del Ñuble.

Construcción de la moderna y vanguardista Catedral de Chillán, ícono arquitectónico de la región del Ñuble.

El arquitecto Sebastian Gray, ex presidente del Colegio de Arquitectos de Chile, explica que “Chillán actualmente es un increíble repositorio de arquitectura racionalista, como se denomina al estilo moderno de la primera mitad del siglo 20. La ciudad fue arrasada por el terremoto de enero de 1939, el más mortífero de nuestra historia, pues la mayoría de las construcciones, incluidos importantes edificios públicos, no era apta para resistir. Chillán comenzó a ser reconstruido inmediatamente tras el terremoto con monumentales proyectos públicos, como es el centro cívico en torno a la Plaza de Armas, que incluye un enorme teatro, municipalidad, gobernación, tribunales de justicia y servicios; la célebre catedral, cuya fantástica vanguardia maravilló a todo Chile. Se levantó un gran hotel, una nueva estación de ferrocarril, un imponente cuartel de Bomberos, obra de Tibor Weiner, profesor húngaro de la Bauhaus que escapó de la Alemania nazi, también autor del arruinado Mercado de Concepción. Se construyeron escuelas y liceos, entre los que sobresale, por su historia y contenido artístico, la Escuela México, donada por dicho país a la ciudad en señal de solidaridad con Chile y el proyecto ideológico de Pedro Aguirre Cerda”.

El arquitecto relata que al mismo tiempo, por toda la ciudad, “se levantaron casas en el sólido estilo racionalista; algunas de ellas realmente extraordinarias y aún intactas, transformando a la ciudad en un tesoro de la arquitectura moderna”.

Edificio del Cuerpo de Bomberos de Chillán, obra de los arquitectos Tibor Weiner y Ricardo Müller, que se caracteriza por su remate en rotonda de la esquina. Fue levantado en el centro de la ciudad tres años después del terremoto de 1939 que arrasó con el antiguo edificio.

Edificio del Cuerpo de Bomberos de Chillán, obra de los arquitectos Tibor Weiner y Ricardo Müller, que se caracteriza por su remate en rotonda de la esquina. Fue levantado en el centro de la ciudad tres años después del terremoto de 1939 que arrasó con el antiguo edificio.

Tal como explicó el arquitecto Sebastian Gray, de todos los edificios que se levantaron en Chillán después del terremoto de 1939, destaca sin dudas la hermosa Catedral, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad que se erigió en el mismo lugar donde se encontraba la antigua iglesia. Diseñada por el arquitecto Jorge Larraín Errázuriz, esta construcción es considerada como una de las iglesias más hermosas y originales de Chile debido sobre todo a su original estructura formada por 11 arcos parabólicos que sostienen una enorme bóveda y que asemeja a dos manos entrelazadas.

Catedral de Chillan

Como parte complementaria de la nueva Catedral de Chillán, pero separada al mismo tiempo de la iglesia, el arquitecto Jorge Larraín destinó una sección del conjunto para levantar una imponente torre de 36 metros de altura, en forma de una gigantesca cruz, que serviría como campanario, pero también como un memorial para las víctimas del terremoto de Chillán de 1939. Allí, hoy día una placa recuerda ese triste suceso, con la inscripción: “El espíritu de Dios que resucitó a Jesucristo dará vida a sus cuerpos mortales. Este monumento testimonio de fe en la vida eterna se levantó en memoria de las víctimas del terremoto del 24 de enero de 1939. Homenaje de la ciudad de Chillán a 50 años de la tragedia, 24 de enero de 1989.”

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