¿Cómo era el verdadero rostro del general romano Julio César?
Guía de: Mitos y Enigmas
- Héctor Fuentes
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Una de las figuras más célebres y decisivas de la historia es el general, estratega, cónsul, estadista, orador y escritor romano Julio César (100-44 a.C.), cuyo prestigio y nombre han llegado hasta nuestros días para aludir y simbolizar el poder total. Tradicionales títulos imperiales como Kaiser (Alemania) y Zar (Rusia), de hecho, derivan de la palabra “César”, vocablo que se aplicaría a todos los emperadores romanos que asumieron el control de Roma y sus vastos dominios después de su prematura muerte.

Nacido en el seno de la gens o familia Julia, que aseguraba descender del mítico héroe troyano Eneas -cuyo hijo se llamaba Iulo, nombre que daría origen a la denominación de esta familia-, Julio César fue un personaje crucial en la transición de la República al Imperio Romano. Su meteórica carrera política y militar lo elevaría, tras dirigir la victoriosa campaña de las Galias y derrotar a su rival Pompeyo en la guerra civil romana de los años 49-46 a.C., a las más altas magistraturas romanas. Ello le permitiría pasar sobre las debilitadas instituciones republicanas y tomar el control absoluto del poder, con el propósito de acometer ambiciosas reformas para acrecentar la influencia política, económica y cultural de Roma sobre todo el ámbito del mar Mediterráneo.

Imagen que recrea la rendición del rey galo Vercingetorix ante Julio César, hecho que puso punto final a la campaña militar de las Galias.
El complot que terminaría con la vida de Julio César en los Idus de Marzo del año 44 a.C., tras ser asesinado en el Senado romano a manos de un grupo de conspiradores que lo acusaban de dictador, le impidió ver materializados sus ambiciosos proyectos. Sin embargo, ya había echado a andar un proceso político imparable, pues aquel a quien había designado como su hijo y sucesor, Octavio Augusto, acabaría por convertirse en el primer emperador, dando inicio a la tradicional era de los césares o emperadores romanos.
Con respecto a su aspecto físico, las fuentes y referencias de la época describen a Julio César como un hombre alto, delgado, fibroso y con un particular rostro donde despuntaba una nariz recta y una barbilla típicamente romana, además de una incipiente calvicie que le causaba una suerte de complejo físico. Con esa apostura, de hecho, fue retratado en los bustos y las monedas que se conservan de aquella época.

Especialistas del Museo Nacional de Antigüedades de Leiden, en los Países Bajos, tomando precisamente como modelo la conocida imagen del político y militar romano que se plasmó en bustos y monedas de la época romana pre-imperial, realizaron una recreación y reconstrucción tridimensional de la cabeza de Julio César, revelando cómo era su rostro y la forma de su cabeza.
La imagen resultante de Julio César –una reconstrucción hecha de arcilla y silicona, para darle mayor autenticidad- alteró en todo caso algunos de las tradicionales y diferentes representaciones de sus rasgos, entregando un rostro con un cráneo prominente y otras características que desmienten algunos mitos que todavía se conservan sobre el genial militar y político romano. En el caso de su cabello, por ejemplo, la imagen recreada tenía menos pelo del que le han atribuido algunos historiadores, mientras que sus ojos resultaron más pequeños y agudos, algo menos impresionantes que los descritos por los libros históricos que abordaron la historia de su aventuras.
El arqueólogo Tom Buijtendorp, con respecto a la protuberancia craneal que mostró la reconstrucción tridimensional de la imagen de Julio César, no descartó que la desproporción del cráneo se debiera a una consecuencia de un parto difícil, que hubiera obligado a la madre del estadista romano a someterse a una cesárea, compleja operación médica que ya existía en su época, pero que se practicaba por lo general en mujeres ya fallecidas para salvar al bebé.
Si bien se cree que etimológicamente la palabra “cesárea” proviene del nombre Julio César, el historiador romano Plinio el Viejo aseguró que “era muy poco probable que Julio César hubiera nacido de acuerdo con este proceso porque su madre, Aurelia Cotta, vivía muchos años después del nacimiento de su glorioso hijo”.
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