¿Cómo murieron los sumos sacerdotes que condenaron a Jesús? Este habría sido el destino de Caifás y Anás

En 1990, al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén, se encontró accidentalmente un cofre del siglo I d.C.

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Anás y Caifás son dos de los principales “villanos” de los Santos Evangelios. Fueron los jefes y sumos sacerdotes del Sanedrín judío responsables de organizar el infame juicio y la condena de Jesús de Nazaret, operando bajo la ocupación romana del procurador Poncio Pilato en Jerusalén. Caifás era el sumo sacerdote en funciones (18-36 d.C.) y yerno de Anás, quien, a pesar de haber sido depuesto antes, mantenía un enorme poder e influencia política y familiar.

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Cuando Jesús fue arrestado, fue llevado primero ante Anás y luego ante Caifás. Este último lo acusó de blasfemia y lo envió ante Poncio Pilato par que fuera condenado y ajusticiado en la cruz. Tras la muerte y resurrección de Jesús, Caifás persiguió con dureza a sus discípulos.

Algunos relatos gnósticos cuentan que ambos sacerdotes judíos sufrieron muertes horribles como un kármico castigo por el papel desempeñado en el juicio y crucifixión de Jesús de Nazaret. Se cuenta que Caifás ahorcó a Anás y que Caifás murió asesinado, en la toma y destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d. C. Otras versiones hablan que Anás murió en un linchamiento y su cuerpo fue desmembrado, o que vio cómo su descendencia (sus cinco hijos) era asesinada durante la toma de Jerusalén, pero no existen registros históricos fiables ni bíblicos que confirmen la forma específica de la muerte de ambos.

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En el estremecedor relato “La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, basada en las visiones místicas de la Beata Ana Catalina Emmerick, que inspiraron la película “La Pasión de Cristo” (2005), la religiosa relata que tras la muerte de Jesús y su posterior resurrección, “el Sumo Sacerdote y sus acólitos perdieron una gran parte de su osadía al ver que la doctrina de Jesús se propagaba tan rápidamente. En el tiempo del diaconado de San Esteban, Ofel y la parte oriental del Sión no podían contener la comunidad cristiana y fueron ocupando el espacio que se extiende desde la ciudad hasta Betania. Vi a Anás como poseído por el demonio y al final fue confinado para no volver a ser visto nunca más públicamente. La locura de Caifás era menos evidente exteriormente, en cambio era tal la violencia de la rabia secreta que lo devoraba, que acabó perturbado en su raciocinio”.

El poeta italiano Dante Alighieri retrató a ambos personajes en su poema “La Divina Comedia” siendo castigados y torturados en el infierno. El vate los mostró crucificados en la tierra de la fosa de los hipócritas, mientras eran pisados por los demás condenados, vestidos con capas de plomo (“Infierno XXIII”, vv. 110-126).

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En noviembre de 1990 se produjo un sorprendente descubrimiento arqueológico. Trabajadores que construían un parque acuático al sur de la Ciudad Vieja de Jerusalén desenterraron accidentalmente una cueva funeraria, donde encontraron una docena de cofres de piedra caliza que contenían huesos. Este tipo de cofres, conocidos como osarios, se utilizaban principalmente en el siglo I d. C. Uno de los cofres tenía grabada la inscripción “José, hijo de Caifás”.

Los huesos pertenecían a un hombre que había fallecido aproximadamente a los sesenta años. Según los expertos, debido a la rica decoración del cofre y al hecho de que el nombre de pila de Caifás era José, existe una alta probabilidad de que se trate de los huesos de Caifás, el sumo sacerdote que acusó a Jesús de blasfemia.

De ser cierto lo anterior, estos serían los primeros restos físicos descubiertos de una persona mencionada en la Biblia.

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