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¿Cuál es el enigma tras el actual calendario occidental?

¿Qué pasaría si no ocupáramos calendarios? Simplemente nuestra mente tendría que estar en el aquí y ahora, siempre en tiempo de eterno presente.

Desde antaño, el ser humano ha diseñado formas diversas de medir el tiempo dependiendo de la civilización y época que las contenga. Es así que medir el paso del tiempo lineal, más específicamente el paso de las estaciones y los grandes ciclos cósmicos, ha sido una constante, compleja e ingeniosa tarea a la que la humanidad se avocó, incluso hasta el día de hoy. La gran pregunta es ¿Cuándo comienza un calendario, en qué evento se basa para comenzar la cuenta? Una respuesta no tan fácil de entregar.

El calendario nos entrega un sentido mucho más profundo que sólo ser un modelo simbólico del Cosmos. Es un Talismán repleto de sabiduría y de energía que está constantemente actualizando el tiempo. En el libro Simbolismo y Arte” de Federico González, se cita lo siguiente: “Si el público medio supiera que entre muchos significados los calendarios son teúrgicos (conversión de energías neutrales universales en frecuencias mágicas prácticas) les tendría un cierto respeto, o al menos un temor, tal vez supersticioso, pero más adecuado a la naturaleza intrínseca de los mismos que a la desodorizada y aséptica indiferencia actual”.

Calendario Occidental

Foto: Aetos

Un calendario es lo que le permite al ser humano unirse con el tiempo (sincronizarse) con el cosmos y con la naturaleza. Aún más allá pues es lo que, en este plano, nos posibilita experimentar los distintos estados de evolución de la consciencia, a partir de lo que se conoce como Zodíaco (círculo de animales).

¿Qué pasaría si no ocupáramos calendarios?  Simplemente nuestra mente tendría que estar en el aquí y ahora, siempre en tiempo de eterno presente. ¿No es eso acaso lo que las antiguas tradiciones nos señalan, a lo que la meditación nos ayuda y a lo que algunos maestros más actuales nos invitan?

Definiciones

Los calendarios (del griego Kalendas: el primer día de cada mes para los romanos) tal como los conocemos alrededor del mundo, se basan en los ciclos de la Luna y el Sol. Un mes lunar es el tiempo entre dos lunas llenas y en uno solar, es el intervalo que separa dos pasos del Sol por el equinoccio de primavera.

Hay que precisar dos términos. Al consultar diversas fuentes uno se encuentra con diferentes valores, cercanos pero no iguales:

-          Año solar Sideral: es el tiempo que transcurre entre dos pasos consecutivos de la Tierra por un mismo punto de su órbita, tomando como referencia las estrellas “fijas”. Corresponde a 365 días 6 horas 9 minutos y 9,7632 segundos, lo que equivale a 365,256363 días solares medios, un valor aproximado.

-          Año solar Tropical: es el tiempo que tarda la Tierra en atravesar dos veces seguidas por el equinoccio de primavera. Su duración es de 365 días 5 horas 48 minutos y 45,9 segundos lo que equivale a 365,242198 días solares medios, un valor aproximado.

La conclusión es que el año Tropical es unos 20 minutos más corto que el año Sideral.

Precesión de los Equinoccios

En relación al año Sideral – más corrientemente usado por los Astrónomos – las 6 horas se ajustan cada 4 años al agregar un día a Febrero (año bisiesto). Ahora bien, el eje de rotación de la Tierra está 23,5 º inclinado desde la vertical, esto hace que la tierra rote formando un cono. Este fenómeno genera las distintas estaciones del año. En el caso de los equinoccios, el sol atraviesa el plano del ecuador generando una duración igual para el día y la noche; en cambio en los solsticios se producen el día más largo (verano) y el más corto (invierno). Este movimiento se conoce desde hace más de 2.100 años, siendo enunciado la primera vez por Hiparco de Nicea (190 – 120 a. c., aprox., director de la Biblioteca de Alejandría) y le llamó Precesión de los Equinoccios ¿Qué importancia tiene este fenómeno? En un caso, que nuestro norte celeste es relativo a la Estrella Polar (Polaris, la estrella más brillante de la constelación de la Osa Menor y que sólo se ve desde el hemisferio norte) para este período ya que la anterior era Alfa Draconis.

Si se mira la estrella polar, se puede observar que ella permanece inmóvil mientras el resto de las estrellas giran a su alrededor; en otro sentido este fenómeno implica que el equinoccio de primavera, entre un año y otro, se retrasa los 9 minutos y casi 10 segundos (9’ 9,7632”). Haciendo los cálculos de rigor se aprecia que en 400 años hay un retraso de 3 días, mismos que generan una diferencia similar entre el solsticio de verano para el hemisferio sur (este año fue el 22 de diciembre) y el día de Navidad. Hay que recordar que en el Concilio de Nicea (325 d. C.) se dictaminó que el solsticio de invierno para el caso del hemisferio norte sería el 21 de diciembre y no el 24 como astronómicamente correspondía ya que por la precesión de los equinoccios, éste, se había retrasado en los 3 días mencionados. Una lectura más fina o sutil si se desea de esta medida hace notar que se pierde el sentido astronómico original de celebración de la llegada del solsticio de invierno para el hemisferio norte el 25 de diciembre.

Todo calendario necesita de ajustes periódicos, si no se irían corriendo de estación todas las fechas de celebración como, lo que ya se mencionó que ocurrió con la Navidad.

Calendario Egipcio

Este se basaba en el año Sótico (seguir el ciclo de la estrella Sirio) y era eminentemente agrícola. La aparición de Sirio marcaba el desborde del río Nilo, lo cual era vital para la subsistencia del pueblo egipcio. Sirio se mantenía visible durante 40 días, lo mismo que duraba la inundación. Un número importante en el antiguo Egipto por lo visto. Las fuentes consultadas entregan diversos momentos de inicio para este calendario. Me inclino por el 4.241 a. C. lo cual no coincide con las fechas de la tradición egiptológica más ortodoxa.

El año Sótico era de 12 meses divididos cada uno en 30 días. Ellos sabían que el año Trópico duraba algo menos de 365,256363 días que es el año Sideral. Por esta razón se producían desfases que para corregirlos, sumaban 5 días (festividades de año nuevo) al final de cada año, los que quedarían fuera de los 12 meses egipcios, agregando un día más cada cuatro años.

El primer día del año era el día de coronación del rey egipcio.

Este conocimiento atesorado por los sacerdotes de las escuelas mistéricas, como la del Ojo de Horus fue traspasado a los griegos. Cuando Julio Cesar llegó a Egipto, le encargó a Sosígenes de Alejandría que confeccionara un calendario para el imperio romano.

Calendario Juliano

El calendario Juliano, una reforma al calendario egipcio, fue abiertamente confeccionado por encargo y para servir a un rey, en este caso Julio Cesar, el cual comenzó a introducirlo en el imperio a partir del año 45 a. C., año que es llamado de la “confusión” pues hubo que agregar 90 días, dicen algunas fuentes, 85 días otras, para así compensar toda la acumulación de errores del antiguo calendario romano que sólo constaba de 10 meses de 30 y 31 días (304 en total). Aunque esto variaba dependiendo de las distintas regiones y pueblos, no era homogéneo.

El calendario solar (no consideró el ciclo lunar) Juliano consta de un año de 365 días y 366 cada año bisiesto en los años que eran múltiplos de 4. El nuevo calendario no estuvo exento de fallas; generaba un error de 7,5 días por cada 100 años. Se trasladó el inicio del año al 1º de Enero (antiguamente era en Marzo).

Debido a que el calendario Juliano no consideró que el año dura algo más de 365,25 días, en el año 1582 se introdujo el calendario Gregoriano para así volver a corregir los cálculos. En el fondo, adecuar el calendario civil Juliano al año Tropical para así regularizar el calendario litúrgico.

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