¿Cuál es el origen de los apellidos españoles? Estos son los antecedentes históricos

Si te apellidas González, Madrid, Torres, Cortés o Palacios, esta nota es para ti.

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Los primeros antecedentes históricos sobre el uso de apellidos en España se remontan a fines del siglo IX, cuando las clases nobles locales comenzaron a usar apellidos formados por la derivación del nombre del padre, patriarca o jefe de familia, costumbre que se extendería hacia el resto de las clases sociales décadas más tarde.

En la segunda mitad del siglo XII se empezarían a utilizar apellidos que designaban un lugar de origen o de señorío, mientras que entre los siglos XIV y XVI se comenzó a utilizar el patronímico como una prolongación del nombre, independientemente de cuál fuera el nombre del padre. Ya en el siglo XV los apellidos comenzarían a heredarse y, por lo tanto, a identificar a linajes y familias enteras, masificándose fuera de la península ibérica a medida que se desarrollaba la conquista y colonización de América.
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Lo cierto es que los apellidos surgieron por una necesidad práctica, es decir, para poder diferenciar a una persona de otra. Por ejemplo, si en una ciudad o poblado había dos o más Juan, entonces se agregaba a continuación su patronímico (una prolongación del nombre del padre), profesión (Zapatero, Herrero, Monje), su lugar de origen (Navarro, Santander, Trujillo), alguna característica física o de personalidad (Delgado, Calvo, Bueno) o alguna referencia geográfica concreta.

Por ejemplo, un hombre le podía hacer el siguiente encargo a otro:

—Llévale este mensaje a Juan.
—¿Cuál Juan? —preguntaba el mensajero.
—Pues Juan, el “del valle” —explicaba el primero, para distinguirlo del otro Juan, el “del río”.

Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística de España, ocho de los diez apellidos más frecuentes de la Madre Patria son patronímicos terminados en “ez”. El origen de los apellidos patronímicos Fernández, Pérez, González, Sánchez, Rodríguez, López, Hernández o Díaz, de hecho, radican en un nombre propio. Y sería en la región de Castilla, cuna de la corona española, donde se utilizaría principalmente la desinencia “ez”, aunque también se utilizó la desinensia “oz”. Ambas desinencias, por cierto, equivalen a “hijo de” o “descendiente de”.
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De ese modo, Rodríguez significa “hijo de Rodrigo”; Sánchez, “hijo de Sancho”; Pérez, “hijo de Pero o Pedro”; Fernández, “hijo de Fernando”; Estévez, “hijo de Esteban”; López, “hijo de Lope”; Rodríguez, “hijo de Rodrigo”; Martínez, “hijo de Martín”; Jiménez, “hijo de Jimeno”; Álvarez, “hijo de Álvaro”; Benítez, “hijo de Benito”; Domínguez, “hijo de Domingo”; Hernández, “hijo de Hernando”; Ramírez, “hijo de Ramiro”; Velázquez, “hijo de Velasco”; Muñoz, “hijo de Muño”, y así. No obstante, algunos apellidos no se transformaron y siguieron siendo usados igual que el nombre que los originó, como fue el caso de los apellidos Alonso o García.

Con respecto al origen del sufijo “ez”, algunos investigadores lo han atribuido a una supervivencia del genitivo latino “is”, que guarda relación con un valor de posesión o pertenencia, mientras que otros opinan que se trata más bien de un sufijo de origen prerromano. El genealogista español Fernando González del Campo, en una nota publicada por el medio BBC, explicó que “si lo comparamos con los apellidos de otros países de lengua románica, como Francia, Italia o Rumania, los únicos que utilizan la terminación ‘ez’ son los de la península Ibérica”.

Los apellidos de origen patronímico, en todo caso, no son privativos de España, pues también fueron usados en otros idiomas y latitudes. El apellido anglosajón Johnson, por ejemplo, significa literalmente “hijo de John” en inglés (John-son); Petersen significa “hijo de Pedro” en danés y alemán: Erickson es “hijo de Erick” en escandinavo; MacArthur significa “hijo de Arthur” en escocés; Ivanic es “hijo de Iván” en croata; y Martini es “hijo de Martín” en italiano.
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Muchos apellidos de origen español son los llamado apellidos toponímicos, que tomaron su denominación de un lugar, región, comarca o paraje en el que nuestros antepasados vivían, procedían o poseían tierras. Algunos de estos apellidos comenzaron a ser usados precedidos de la preposición “de”, “del” o “de la” (como “De la Vega”, “Del Monte” o “Del Río”) o son simplemente gentilicios relacionados con algún accidente geográfico (Arroyo, Montes, Soto, Ribera, Ríos, Canales, Molina, Costa, Cuevas, Peña, Prado, Rivera), mientras que otros tuvieron su origen en alguna ciudad o localidad concreta de España (Ávila, Burgos, Trujillo, Santander, Logroño, Madrid o Toledo).

Otros apellidos hispanos, en tanto, se originarían por alguna peculiaridad arquitectónica con la que se relacionaba una persona determinada. Si un antepasado vivía cerca de un castillo o de varias torres, o a pasos de unas fuentes, o detrás de una iglesia, o al cruzar un puente, o era dueño de varios palacios, posiblemente terminaría por apellidarse Castillo, Torres, Fuentes, Iglesias, Puente o Palacios.
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El trabajo, profesión u ocupación que tenía una persona en la Edad Media también serviría como un medio bastante eficaz de identificación personal, dando origen a varios apellidos, como Cantero, Alcalde, Carnicero, Herrero, Manzanero, Zapatero, Guerrero, Pastor, Monje y Vaquero.

Finamente, otra creativa manera de crear apellidos en España se hizo aludiendo a alguna característica física o un rasgo de la personalidad de una persona determinada. Ese sería el caso del origen de los apellidos Delgado, Bueno, Barriga, Calvo, Rubio, Moreno, Blanco, Alegría y Cortés.

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