¿Cuál fue el verdadero rostro de Calígula, el emperador más controvertido de Roma?

El tercer emperador romano manchó su corto reinado con asesinatos, extravagancias y perversiones sexuales.

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Calígula (12-41 D.C.), el tercer emperador romano perteneciente a la dinastía Julio-Claudia que gobernó Roma desde del año 37 al 41, vivió y reinó durante poco tiempo: murió asesinado a los 29 años de edad como resultado de un complot urdido por senadores y guardias pretorianos. Después de creerse un dios en vida durante sus apenas 4 años de poder absoluto, entraría en el lado oscuro de la historia al marcar su triste y breve reinado con excesos de todo tipo, extravagancias, asesinatos, ejecuciones y escándalos sexuales.

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Nacido bajo el nombre de Cayo Julio César Augusto Germánico, durante su infancia Calígula acompañó a su padre Germánico (uno de los más grandes y carismáticos generales de la historia de Roma) en las campañas que este lideró al norte de Germania, convirtiéndose en la mascota del ejército.

A los legionarios les hacía mucha gracia que el pequeño hijo de Germánico fuera vestido siempre con un uniforme militar en miniatura que incluía botas (“Caliga”) y armadura, y por ello le dieron el cariñoso apodo de “Calígula” (“Botitas”). Según relata Séneca, siendo ya emperador, Calígula odiaba el apodo con que lo conocería la historia.

Según los escritos de la época, la ascensión al poder de Calígula tras la muerte del emperador Tiberio, en el año 37 D.C. (donde fueron sacrificados más de 160 mil animales en su honor) fue muy bien acogida por el pueblo romano: emprendió varias reformas públicas y urbanísticas, respetó al Senado, devolvió a la Asamblea popular el derecho a elegir a los magistrados, decretó amplias amnistías para los perseguidos políticos en tiempos de Tiberio y organizó grandes espectáculos circenses.

No obstante, las cosas se torcerían drásticamente luego que Calígula sufriera una grave y desconocida enfermedad, dando a partir de entonces muestras de un carácter despótico y atrabiliario, rayano en la locura. “Hiérele de forma que sepa que se está muriendo”, solía decirles Calígula a los verdugos antes que torturaran a alguno de sus enemigos personales y políticos.

El actor británico Malcolm McDowell interpretando al emperador romano Calígula en la película homónima de 1979.

El actor británico Malcolm McDowell interpretando al emperador romano Calígula en la película homónima de 1979.

Calígula, quien había envenenado a dos de sus tíos y mandó asesinar a su primo Tiberio Gemelo y al jefe de los pretorianos, Macrón, para quedarse con el trono de Roma, partió imponiendo un protocolo monárquico en la corte para que el emperador fuera divinizado en vida. Para financiar el pago de las legiones y sus fastuosas fiestas y orgías, subió los impuestos y comenzó a pedirle dinero a la plebe, reanudando la política de eliminación física de senadores para apoderarse de sus posesiones. Anexó la provincia de Mauritania, pero no trepidó en asesinar a su monarca “por su fracaso en la conquista de Britania”. Y para alimentar su megalomanía ordenó que se erigiera una estatua en su honor en el Templo de Jerusalén.

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El historiador romano Suetonio, en su célebre libro “Vida de los Doce Césares”, hace un decisivo comentario al terminar la primera parte sobre la vida de Calígula: “Hasta ahora hemos hablado del hombre; hablemos ahora del monstruo”.

Según las fuentes de la época, el poder de Calígula, tras sufrir su extraña enfermedad, cruzó todos los límites conocidos: mantuvo relaciones incestuosas con sus hermanas y las obligó a prostituirse, cosa que también habría hecho con sus cuatro esposas: Junia Claudilla, Lolia Paulina, Milonia Cesonia y Livia Orestila, a la última de las cuales violó en la ceremonia de esponsales para repudiarla pocos días más tarde.

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Durante su corto reinado su locura llegó a límites insospechados: Le ordenó a su ejército que en vez de atacar a las tribus britanas se pusiera a recoger conchas, el tributo que según él las aguas británicas le debían a la Colina Capitolina y al Monte Palatino. También intentó nombrar como cónsul a su amado caballo Incitato, al que le mandó construir una caballeriza de mármol con pesebres de marfil para su uso exclusivo, levantándole después una villa con jardines y 18 sirvientes para su cuidado personal.

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Portando la coraza del mismísimo Alejandro Magno, que había robado en el Museo de Alejandría, y vestido de dios y semidiós, Calígula recorría a lomos de su caballo Incitato algunos de sus dominios, o a veces las mismas losas del Senado, haciéndose llamar Hércules, Mercurio, Venus, Apolo y Júpiter. También se hizo construir uno de los dos mayores barcos del mundo antiguo, un palacio flotante con pisos de mármol y un prodigioso sistema de cañerías para asegurarse agua fría y caliente.

Según relatan varias fuentes de esa época, como Filón de Alejandría y Séneca el Joven, Calígula era “un demente irascible, caprichoso, derrochador, enfermo sexual; se acostaba con las esposas de sus súbditos, mataba por pura diversión, sus gastos desmesurados causaban hambruna y convirtió su palacio en un burdel”.

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Después de tantos excesos, asesinatos y perversiones, los días del depravado emperador Calígula estaban contados. Tras una conspiración fallida realizada a principios del año 41, encabezada por Cneo Cornelio Léntulo y Marco Emilio Lépido (este último casado con Drusila, hermana del emperador), el 24 de enero del mismo año Calígula fue apuñalado en el Monte Palatino por un grupo de conspiradores pretorianos y senadores al mando del prefecto Casio Querea, de quien Calígula solía burlarse llamándolo “afeminado” y “el peor recaudador de impuestos del imperio, un incompetente sin igual”.

El asesinato de Calígula.

El asesinato de Calígula.

El deseo de algunos conspiradores de terminar con el Imperio y restaurar la República en Roma se vería frustrado cuando los pretorianos ungieron sorpresivamente como emperador al tío de Calígula, Claudio, el mismo día del asesinato. Una de las primeras acciones de Claudio como emperador fue ordenar la ejecución de los asesinos de su sobrino.

Según Suetonio, el cuerpo de Calígula fue escondido por sus hermanos hasta que pudieron cremarlo y guardar sus cenizas. La urna permaneció en el Mausoleo de Augusto hasta el año 410, durante el saqueo de Roma, cuando se perdió para siempre.

Según los historiadores, la maldad, depravación y crueldad de Calígula pudieron deberse a tres posible causas: encefalitis, epilepsia o hipertiroidismo. Según Suetonio, su locura se originó en la epilepsia que padeció en su juventud, “que lo impulsaba por las noches a hablar con la luna”. El poeta Juvenal, en cambio, sostuvo que “alguien le hizo tomar una poción que lo volvió loco”, mientras que Séneca, en el obituario del emperador, escribió que “la naturaleza lo produjo, en mi opinión, para demostrar hasta dónde puede llegar el vicio ilimitado cuando se combina con un poder ilimitado”.

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Con respecto a su apariencia física y salud, Suetonio describe a Calígula como delgado, de piel blanquísima y enfermizo de aspecto: “era alto, muy pálido, el cuello y las piernas muy delgadas, con los ojos y sienes hundidas, las cejas amplias, su cabello fino y la corona de la cabeza calva. Las otras partes de su cuerpo estaban muy cubiertas de pelo … estaba loco en cuerpo y mente, estando sujeto, cuando un niño, a la epilepsia. Cuando llegó a la edad de la adultez pudo soportar la fatiga bastante bien; pero aún así, de vez en cuando, él era responsable de un desmayo, durante el cual permanecía incapaz de cualquier esfuerzo”. Sobre la base de los testimonios de la época y las reconstrucciones científicas de sus bustos oficiales, Calígula fue descrito como un hombre delgado que tenía el pelo castaño, ojos marrones y piel blanca.

Siguiendo esas descripciones, el artista español Salva Ruano (quien valiéndose de una técnica de impresión 3D y de materiales propios de Hollywood, como siliconas, acrílicos y pelo natural, ha moldeado los verdadero rostros de varios emperadores romanos a través de bustos hiperrealistas) logró entregó una aproximación bastante fiel al supuesto rostro verdadero de Calígula, el emperador más depravado de la historia del Imperio romano.

El verdadero rostro de Calígula, el tercer emperador romano.

El verdadero rostro de Calígula, el tercer emperador romano.

Sobre el resultado final de su obra, Salva Ruano comentó que “el aspecto físico de Calígula que conocemos está deformado por la historia. A pesar de tener una frente amplia y padecer alopecia en la coronilla o ser muy velludo en el cuerpo, no hay razón para imponerle una apariencia deforme o monstruosa más allá de la difamación de las fuentes, máxime si tenemos en cuenta la extraordinaria belleza con la que sus padres, hermanas y abuelos fueron descritos”.

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