¿Cuáles son las siete cosas que más detesta Dios? Esta es la respuesta de la Biblia
Guía de: Mitos y Enigmas
- Héctor Fuentes
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El libro sapiencial más conocido de la Biblia es el libro de los Proverbios, un conjunto de sentencias de contenido religioso o moral atribuidos en su gran parte al mítico rey Salomón. En forma de observaciones comunes y como fruto de la revelación divina y de la experiencia y sabiduría humana, estas sentencias buscaban enderezar la vida del hombre durante su vida en la tierra, lo que se resume en el versículo 23 del capítulo 6 de este mismo libro, cuando se nos dice que “el mandamiento es lámpara, la enseñanza es luz, y camino de vida son las reprensiones que te instruyen”.
Una de los proverbios más famosos de este libro y que ha sido objeto de estudio de teólogos y exegetas de la Biblia, es el que se relata las 7 cosas que aborrece Dios, noción que a primera vista estaría en contradicción con el concepto de que Dios es amor. Los teólogos, sin embargo, aclaran que si bien Dios por definición es amor, Él aborrece el mal y todo aquello que el mal ha causado –y sigue causando- en la raza humana.
Contenido en Proverbios 6:16-19 este famoso pasaje bíblico dice lo siguiente:
“Seis cosas aborrece Jehová,
Y aun siete abomina su alma:
Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos que derraman sangre inocente,
El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal,
El testigo falso que habla mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos”.
Analizando las siete cosas que aborrece el Supremo Creador, la primera son los “ojos altaneros” u “ojos altivos”, que se relaciona con uno de los siete pecados capitales, el mismo pecado que hizo caer a satanás desde los etéreos valles del cielo: el orgullo, ese sentimiento que hace que una persona se sobrevalore a sí misma y simultáneamente subestime y desprecie a las demás. En Isaías 14:13-14 se nos cuenta que fue precisamente el orgullo el primer pecado que se manifestó en el Cielo, “cuando satanás, Lucifer, el hijo de la mañana, dijo en su corazón: Subiré al cielo. En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, en los extremos del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo”.
El orgullo también fue condenado por Jesucristo cuando, en las bienaventuranzas del Sermón del Monte, en Mateo 5:3, dice : “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, mientras que en el libro de los Salmos 131:1 el salmista dice: “Señor, no se ha envanecido mi corazón ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí”.
La segunda cosa que aborrece Dios, “la lengua mentirosa”, se relaciona con el simple hecho de que Dios es el Dios de la verdad, tal como afirma el rey David en el Salmo 51:6, mientras que la tercera cosa que detesta el Altísimo, “las manos que derraman sangre inocente”, dimana del hecho de que un asesino es especialmente odioso e inaceptable ante Dios y los hombres porque arrebata a alguien algo sagrado a los ojos del Creador: la vida humana.
La cuarta cosa que Dios detesta, “el corazón que maquina pensamientos perversos” o “planes inicuos” se relaciona con el pasaje bíblico contenido en Mateo 15:19, cuando Jesús dice: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias”. La quinta cosa que detesta Dios, “los pies que corren presurosos al mal”, es una consecuencia del pecado anterior, tal como explica Isaías en el capítulo 59 de su libro, versículo 7: “Sus pies corren al mal, se apresuran para derramar sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos perversos; destrucción y quebrantamiento hay en sus caminos”.
La sexta cosa que aborrece Dios, “el testigo falso que dice mentiras”, alude a uno de los pecados más comunes de nuestro tiempo, el perjurio, mientras que la séptima cosa que odia, “el que siembra discordia entre hermanos”, contrasta con la bienaventuranza pronunciada por Jesús en Mateo 5:9 : “Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios”.
El proverbio que describe las siete cosas que aborrece Dios, según los teólogos, se relaciona también con el capítulo de La carta de San Pablo a los Gálatas, en 6:7, cuando éste nos advierte: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará, porque el que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; pero el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna”.
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