Dan Burros: El líder neonazi y del Ku Klux Klan que logró engañarlos a todos y esconder su verdadero origen

Detrás de su violento discurso escondía un gran secreto.

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Daniel “Dan” Burros, quien se convertiría con el tiempo en secretario del Partido Nazi Americano y en Gran Dragón de la temida organización racista Ku Klux Klan, nació en Nueva York el 5 de marzo de 1937 en el seno de una familia judía. Desde su adolescencia sintió fascinación por la milicia y la estética nazi del régimen de Adolf Hitler; tanto así que en sus tiempos de estudiante solía rellenar sus cuadernos con dibujos de carros de combate y fotos de generales alemanes de la Segunda Guerra Mundial.

Daniel "Dan" Burros (1937-1965).

Daniel “Dan” Burros (1937-1965).

Bajo, regordete y corto de vista, Burros no tenía las menores aptitudes atléticas, aunque sí un temperamento competitivo, inestable y violento, que lo hacía involucrarse en continuas peleas con sus compañeros. También tenía una gran inteligencia, con un coeficiente intelectual de 154.

Tras enrolarse en la Guardia Nacional en su adolescencia, intentó ingresar a la academia militar de West Point, el instituto militar más antiguo y prestigiosa del país, pero fue rechazado, aunque sí logró ser admitido en la legendaria 101 Compañía Aerotransportada de Paracaidistas, que había jugado un destacado papel en la invasión de Europa y la derrota de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, pero en esa unidad militar no lo pasaría bien.

El periodista John McCandlish Phillips comentaría que Burros “tenía sobrepeso, mala coordinación, era lento y llevaba gafas gruesas y durante su servicio protagonizó tres intentos de suicidio falsos. En uno de ellos dio a conocer su obsesión por el nazismo, pues dejó una nota alabando a Adolf Hitler”. Finalmente, Burros sería expulsado del contingente por problemas psicológicos y trastornos de conducta.

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De ese modo, descartado de la carrera militar por “falta de idoneidad y carácter, y trastorno de la conducta”, Dan Burros iniciaría una nueva etapa en su vida, continuando su guerra personal a través de la política. En 1960, se unió al Partido Nazi Americano, el cual había sido fundado por George Lincoln Rockwell, un expiloto de la Armada de los Estados Unidos que había combatido en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Dan Burros, por cierto, ingresó después de rellenar un largo formulario jurado garantizando sus orígenes arios y caucásicos.

En ese partido de extrema derecha la inteligencia y proactividad de Burros serían ampliamente valoradas, llegando a ser nombrado secretario de la colectividad. Aprendió alemán para mantener correspondencia con neonazis de ese país y durante ese período hizo pintar un cuadro al óleo con las chimeneas del campo de concentración de Auschwitz de fondo.

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El origen judío de Daniel Burros, por cierto, no era aún conocido, aunque algunos de sus compañeros de partido sospechaban algo, especialmente por la costumbre de éste de comer Knist y citarse con chicas judías.

En 1961 Dan Burros, cuyo antisemitismo se volvía cada vez más agresivo, abandonó el Partido Nazi Americano tras una discusión con George Lincoln Rockwell, fundador de la colectividad. Burros aducía que ese partido era blando, retórico y desorganizado, por lo que se marchó para continuar su cruzada personal de tintes racistas y xenófobas. Por entonces consiguió trabajo en una imprenta en Manhattan, donde comenzó a imprimir un virulento fanzine racista llamado “Kill” (“Matar”).

Tras contactarse con distintos grupos neonazis, Dan Burros finalmente ingresaría al Ku Klux Klan, no sin antes ser sometido a una larga investigación del K.B.L. -el Buró de investigación de la secta- con la bendición más entusiasta del gran mago imperial Robert Shelton. Tras enrolarse en esa temida organización racista de los Estados Unidos, se convirtió en un Kleagle o reclutador para la rama estatal de Nueva York de United Klans of America, uno de los más violentos grupos en América del Norte, alcanzando posteriormente el grado de Gran Dragón, máximo responsable de la organización en esa ciudad.

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Ya como respetado miembro de la triple “K”, Dan Burros colaboraría con publicaciones ultra racistas y xenófobas como “The free american”, dónde escribió que Israel era “una de las cuevas desde las cuales el judaísmo internacional extiende sus tentáculos nefandos”.

También solía escribir un folleto mensual llamado “órgano de combate del fascismo racial”, uno de cuyos últimos números fue dedicado al aniversario de la muerte de Adolf Hitler. “La obra iniciada por el maestro tiene que llegar a una conclusión victoriosa”, escribió Burros.

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Por entonces, el periódico The New York Times encomendó al periodista John McCandlish Phillips que investigara al joven bajo y regordete de gafas que era el Gran Dragón local del Ku Klux Klan.

McCandlish Phillips pronto se llevaría una gran sorpresa al descubrir que Dan Burros, el furibundo racista y antisemita que había desarrollado una meteórica carrera en el KKK, era hijo de padres judíos que se habían casado en un barrio del Bronx según el rito judío, había asistido a la escuela hebrea de Richmond Hill, había estudiado el Talmud con excelentes notas en la sinagoga de Queens y en julio de 1950 -cuando Burros tenía 13 años- había celebrado su bar mitzvah, la tradicional ceremonia en la que los niños judíos pasan a ser responsables de sus actos.

Con esa sorprendente información, John McCandlish Phillips pronto se presentaría en una peluquería del barrio neoyorkino de Queens a la que solía ir Dan Burros, la misma en la que le cortaban el pelo al rape. Tras proponerle una entrevista -que Burros aceptó encantado- y preguntarle sobre su pasada vida en el ejército y su ideario racista, el periodista de sopetón le preguntó sobre el matrimonio judío de sus padres -enseñándole una copia del certificado existente en un juzgado de Bronx-, de su propia confirmación a la fe hebraica y de sus estudios con notas excelentes en la escuela de la sinagoga.

Sin perder los estribos, el Gran Dragón de los K.K.K. en Nueva York bajó de la silla donde le estaban cortando el pelo, puso una mano sobre el hombro del reportero y le espetó: “Si esto se publica tomaré represalias, ¿entiende usted? Iré y lo mataré. No me importa lo que suceda después, porque de todos modos me habrá arruinado y este es el futuro de mi vida”.

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Sin embargo, pese a las amenazas de Burros, el domingo 31 de octubre de 1965 el diario New York Times publicó la nota escrita por el periodista John McCandlish Phillips, que llevaba como título “Un jefe del Klan neoyorkino esconde el secreto de su origen judío”. En ese momento Burros se encontraba en el pueblo de Reading, Pennsilvania, en casa de Roy Frankhouser, otro Gran Dragón del Klan, donde se habían juntado con varios correligionarios.

Burros, según relatarían los presentes en esa jornada, se encontraba preso de una gran agitación, y hablaba constantemente del “New York Times”, sin explicar los motivos. “Si publican esto -les dijo dos o tres veces a los presentes sin especificar de qué se trataba- iré a Nueva York hoy mismo, volaré el edificio del periódico y mataré a ese reportero”.

A las diez y media de la mañana Dan Burros acudió a un quiosco y compró el “New York Times”, encontrándose con el temido artículo que revelaba su origen judío. A sabiendas de que su vida en el Ku Klux Klan había acabado para siempre, volvió a la casa de Roy Frankhouser, cogió un revólver que éste guardaba en un cajón y ante él y otros invitados les dijo “no tengo ninguna razón para vivir”. A continuación se disparó un tiro en el pecho, pero falló. Hubo varios gritos en la sala y tras musitar la frase “esto si lo hará”, apuntó el revólver a su cabeza y disparó, falleciendo en el acto. Tenía sólo 28 años.

Se cuenta que su desconsolada madre, Esther Burros, cuando la llevaban camino al hospital para identificar el cadáver de su hijo, repetía una y otra vez: “Era un niño tan bueno”.

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