Diario secreto de John Kennedy sugiere que la muerte de Hitler pudo haber sido un gran engaño nazi

En 1945, el futuro Presidente de Estados Unidos visitó el búnker donde murió el dictador alemán.

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Desde que el historiador inglés Hugh Trevor-Roper fue enviado a Berlín por el Canciller Winston Churchill para intentar averiguar qué había sucedido en las entrañas del búnker de la Cancillería durante los últimos días del nazismo -y para rebatir las insinuaciones soviéticas de que Adolf Hitler aún estaba vivo bajo la protección de los aliados occidentales-, la teoría oficial (que el mismo Trevor-Roper ayudó a divulgar) afirma que Adolf Hitler se suicidó junto a su amante Eva Braun para evitar caer en manos de los soviéticos. Esta idea (y la de que sus subordinados quemaron posteriormente sus restos en un intento de que el cadáver no fuera vejado por el Ejército Rojo), ha sido replicada desde entonces por miles de expertos.

John Kennedy muerte Hitler

Sin embargo, la falta de pruebas fehacientes que corroboraran dicha tesis (cuando los rusos llegaron al “Führerbunker” el presunto cadáver de Hitler había quedado reducido a meros huesos) provocó que, años después, varios investigadores deslizaran la peregrina posibilidad de que todo había sido un ingenioso engaño perpetrado por los nazis, el que habría posibilitado que Adolf Hitler lograra escapar con un destino incierto y en secreto de la trampa mortal en la que se había convertido Berlín en abril de 1945, cuando la capital germana se encontraba cercada por el Ejército Rojo.

Esta teoría es la que también puso de manifiesto el diario de vida de un joven John Kennedy -que escribió durante su viaje por Europa en 1945-, donde el entonces futuro Presidente de Estados Unidos se pregunta sobre si la muerte de Adolf Hitler habría sucedido de esa forma.

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Kennedy, que por entonces tenía 28 años, visitó el búnker de Hitler en Berlín en calidad de reportero de guerra y describió sus impresiones. “La habitación donde se supone que Hitler se encontró con su muerte mostró paredes calcinadas y rastros de fuego. Sin embargo, no hay evidencia completa de que el cuerpo quemado que se encontró fuera de Hitler. [...] Los rusos dudan de que esté muerto”, relató Kennedy, quien además de visitar el búnker de la Cancillería en Berlín visitó la residencia Berghof de Baviera -una de las mansiones favoritas del «Führer»- y el «Nido del Águila», una lujosa casa de retiro ubicada en los Alpes Bávaros que el Partido Nazi le regaló al líder nazi cuando éste cumplió medio siglo de vida.

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En esos documentos, el que años más tarde se convertiría en el trigésimo quinto presidente de EE.UU. también había confesado previamente su fascinación por la controvertida figura del Führer alemán. “Se puede entender fácilmente cómo en pocos años, Hitler emergerá del odio que lo rodea en estos momentos y se convertirá en una de las figuras más valiosas que han existido”, escribió Kennedy, quien agregó que “la ambición sin límites de Hitler lo llevó a convertirse en una amenaza para la paz mundial, pero el misterio que rodea a su vida y su muerte continuará viviendo aún después de él. Hitler cuenta con todos los elementos que conforman una leyenda”.

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