¿El alcohol estimula la creatividad? Miradas científicas a un mito extendido

¿Qué dicen los estudios sobre esta gran controversia?

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¿Qué tienen en común famosos escritores como Ovidio, Li Po, Charles Bukowski, Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Charles Baudelaire, William Faulkner, Malcolm Lowry, Fiódor Dostoievski y Edgard Allan Poe? Todos ellos tuvieron una relación estrecha con el alcohol, es decir, fueron bebedores habituales (llegando al alcoholismo en algunos casos), haciendo de la dipsomanía una forma de vida artística e incluso materia literaria. Además, consideraron al alcohol (y a veces a las drogas) como una manera de expandir el horizonte creativo del artista, liberando los límites de la razón y dándole una libertad creativa nueva.

Para algunos autores, de hecho, la creatividad emanaba en forma totalmente libre cuando las limitaciones que lastraban su vida diaria eran eliminadas por el efecto del alcohol, abriendo paso a otras percepciones espirituales y creadoras. Para otros, el alcohol es señal de carencias y su consumo excesivo termina por devastar la vida de las personas. Según dicen, su consumo busca calmar un estado de ánimo desequilibrado.

El mítico escritor Charles Bukowski bebiendo en el plató del programa cultural francés "Apostrophes", en 1978. Bukowski aseguraba que "si pasa algo malo , bebes para intentar olvidar; si pasa algo bueno, bebes para celebrar; y si no pasa nada, bebes para  hacer que algo pase".

El mítico escritor Charles Bukowski bebiendo en el plató del programa cultural francés “Apostrophes”, en 1978. Bukowski aseguraba que “si pasa algo malo , bebes para intentar olvidar; si pasa algo bueno, bebes para celebrar; y si no pasa nada, bebes para hacer que algo pase”.

Respecto al viejo mito de que existe un antiguo vínculo entre el consumo de alcohol y la creatividad, varios estudios científicos han demostrado que en el acto creador actúan diversas regiones del cerebro. Una investigación sobre la composición musical, llevada a cabo por la prestigiosa Escuela de Medicina de la Universidad John Hopkins, determinó que durante el proceso de escritura musical se tejía una “red creativa” entre el córtex prefrontal dorsolateral (región cerebral relacionada al planeamiento y monitoreo de los actos) y el hipocampo (vinculado con el manejo de recuerdos y emociones). Y se constató en monitoreos cerebrales que estas dos áreas suelen anularse mutuamente, por lo que se deduce que esta red creativa no es otra cosa que una compleja negociación entre nuestros impulsos de liberación y de control.

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Otra investigación realizada en la Universidad Northwestern de Chicago constató que estar relajado facilitaba la resolución de problemas, en particular el uso del giro temporal superior, que se bloquea al estar el individuo expuesto a situaciones estresantes.

Ambos estudios parecen indicar, entonces, que la característica sensación de relax que aporta el consumo de alcohol podía favorecer la inventiva, al permitir una mayor relajación y excitar las zonas del cerebro ligadas a la memoria emotiva.

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Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Illinois reveló, por su parte, que las personas que bebían alcohol de forma moderada podían aumentar su capacidad de resolver situaciones problemáticas de manera creativa y su capacidad de detectar pequeños cambios en un escenario visual. En un experimento que se realizó en 80 personas, a la mitad de ellos se les dio a beber alcohol y a la otra mitad no; y la prueba consistió en que debían ver la película animada “Ratatouille” para luego hacer juegos de asociación de palabras.

Los investigadores, después de ver los resultados, concluyeron que las personas que estaban levemente ebrias resolvieron más preguntas, de forma mucha más rápida, y tuvieron respuestas correctas en 58% de los casos, mientras que los que permanecieron sobrios sólo alcanzaron un 42%, por lo que el alcohol mejoró el rendimiento en un 30%.

“Esto sucedió cuando la gente está apenas ebria, no cuando bebía hasta el extremo. Los resultados no dan señal de que el consumo en exceso pueda tener los mismos efectos”, explicó Jennifer Wiley, profesora de psicología de la Universidad de Illinois (Chicago) y co-autora del estudio, quien agregó que, en todo caso, cuando se trató de resolver pruebas de memoria que exigían recordar secuencias de letras o formas a la vez que se les planteaba un problema matemático, las personas que habían bebido alcohol lo hicieron entre un 15 y un 30 por ciento peor que las que no habían consumido alcohol, ya que la ebriedad les impidió dirigir adecuadamente su atención.

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En otro estudio (“Non-linear relationships between cognitive function and alcohol consumption in young, middle-aged and older adults: the PATH Through Life Project”, Bryan, 2005), los autores determinaron que bebedores no excesivos presentaban resultados mejores que abstemios y ebrios en una batería de test cognitivos. Por ello, según algunos científicos, es que cuando las personas beben sienten ganas de “arreglar el mundo”, ya que por la atención desenfocada o mejor distribuida que experimentan, los bebedores llegan a conclusiones e ideas que no se les habrían ocurrido estando sobrios.

Otros estudios recientes defienden la idea que la mente creativa necesita un ambiente relajado para estimular la circunvolución temporal superior, un área del cerebro (conocida por sus siglas en inglés: ASTG) que se activa en los momentos previos a esa descarga de lucidez que experimentó, por ejemplo, Arquímedes de Siracusa en la bañera, antes de descubrir su famoso principio que afirma que todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado.

El escritor Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, practicando uno de sus pasatiempos favoritos:  bebiendo en un bar. Hemingway acuño la frase "escribe borracho, edita sobrio".

El escritor Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, practicando uno de sus pasatiempos favoritos: bebiendo en un bar. Hemingway acuño la frase “escribe borracho, edita sobrio”.

El alcohol como vía de evasión

Sin embargo, no todos los científicos se rinden antes los supuestos beneficios del consumo de alcohol. La doctora Virginia López, coordinadora del Centro Médico AUPA de Madrid, afirmó que “el alcohol y otras drogas aparecen en la vida de la persona con la pretensión de contrarrestar una merma o carencia espiritual, para calmar un estado de ánimo desequilibrado, una depresión, ansiedad o alguna otra enfermedad psiquiátrica. Por lo que el origen del consumo de estas sustancias nace como la consecuencia de unos terrores internos previos, o una realidad demasiado difícil de tragar. No se usan para crear, se usan para poder soportar vivir y así, estando vivo, poder hacerlo”.

La académica agrega que “varios de los famosos escritores que fueron aficionados al alcohol fueron hijos de padres que se suicidaron, incluso ellos mismos también optaron por ese dramático final. Muchos de ellos tuvieron infancias llenas de desgracias y sinsabores, y probablemente su cerebro optó por huir de esas atrocidades inventando historias, imaginando otras formas de vida y luego plasmándolas en un papel. Sin embargo, no fueron capaces de usar esa capacidad de inventar otros mundos, para soltarse de las afiladas garras del miedo y la ansiedad, por lo que trataron de buscar una pócima que les pudiera devolver la cordura de tener que volver a la realidad cada vez que debían de dejar de imaginar ser otro. Creyeron encontrar una ayuda para paliar sus terrores internos. Nada más lejos, ya que cuanto más alcohol se bebe, menos se crea y cuanto menos se crea, más ansiedad se siente y más alcohol se necesita. Es un círculo que se retroalimenta sólo”.

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Las neuronas del cerebro

Si existe una relación directa entre consumo de alcohol y creatividad, sigue siendo materia de controversia. Lo único cierto, con respecto al consumo de licor, y que la ciencia ya se ha encargado de demostrar, es que el alcohol, contrariamente a lo que se viene repitiendo como un mito urbano desde hace décadas, no mata las neuronas del cerebro, sino que afectaría las conexiones neuronales del cerebelo, zona de la que dependen el aprendizaje y la coordinación motora.

Los científicos daneses Grethe Jensen y Bente Pakkenberg, para probar que el alcohol no mataba las neuronas del cerebro, analizaron la densidad de neuronas en la corteza cerebral, usando cerebros procedentes de autopsias de 11 hombres alcohólicos y 11 hombres abstemios de las mismas edades y alturas, y los resultados fueron concluyentes.

Los pesos de los cerebros y los volúmenes medios de la neocorteza cerebral fueron similares en ambos grupos y similares en las cuatro regiones: occipital, frontal, parietal y temporal. Y la media del número de neuronas neocorticales en alcohólicos y personas abstemias también fue similar (alcohólicos 23,4 x 109; abstemios 23,2 x 109), lo que concluyó que el historial de alcoholismo no afectaba al número de neuronas, es decir, el alcohol no mataba células nerviosas.

Los científicos aseguran hoy que para aniquilar cualquier tipo de célula, se necesitan altísimas concentraciones de alcohol –próximas al 100%–, algo a todas luces improbable de hacer ya que las personas empiezan recién a emborracharse a partir de un nivel en sangre del 0,1%.

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