El cadáver de Alejandro Magno: ¿Fue conservado en miel para que no se corrompiera?
Guía de: Mitos y Enigmas
- Héctor Fuentes
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Alejandro Magno, el más grande conquistador del mundo antiguo, falleció en extrañas circunstancias (se dice que a causa de una fiebre tifoidea, un colapso hepático o envenenado) en el fastuoso palacio de Nabucodonosor en Babilonia, a mediados del mes de junio del año 323 a.C., cuando aún no había cumplido los 33 años.
El mito asegura que el cuerpo de Alejandro fue conservado en miel, sustancia natural símbolo de riquezas y con propiedades antibacterianas conocidas desde la antigüedad, para ser depositado, según las crónicas, en un ataúd de oro martillado a medida.
Posteriormente, el cuerpo cubierto de miel fue conducido a Menfis por uno de sus generales macedonios, Ptolomeo, para ser sepultado cerca del oasis de Siwa, como correspondía al hijo del dios Amón, de quien los egipcios decían que descendía Alejandro.
Los restos de Alejandro fueron transportados en una fastuosa carroza, pero Pérdicas, gobernador de Babilonia, intentó apoderarse del cuerpo. Ptolomeo, entonces, a sabiendas que quien controlara la tumba del conquistador macedonia podía reclamar legitimidad política, condujo al cortejo fúnebre hacia Alejandría, donde se construyó un espléndido templo para preservar los restos del joven conquistador macedonio. El féretro de oro posteriormente se reemplazó por un sarcófago de vidrio, que permitía exhibir el cuerpo cubierto en miel para peregrinos.
La tumba en Alejandría pasó a ser un activo centro de culto, visitas y disputas simbólicas. Varios generales y emperadores romanos se hicieron presentes en el lugar. Julio César visitó el sepulcro en el año 48 a. C. y lo propio hizo el emperador Augusto, de quien se dice que rompió parte de la nariz del cadáver al manipular una diadema. A Calígula se le atribuye la sustracción de una coraza; a Caracalla, la sustracción de una túnica, un anillo y un cinturón, mientras que el emperador Septimio Severo ordenó sellar el acceso del sepulcro ante su evidente deterioro, hasta que un terremoto y un tsunami en el año 365 de nuestra era destruyeron el mausoleo.
Desde entonces, se perdió para siempre el rastro del cadáver de Alejandro Magno. Algunos aseguraron que fue trasladado a una mezquita, destruido por cristianos durante las cruzadas, o llevado a la Basílica de San Marcos en Venecia. Napoleón Bonaparte, durante su campaña militar de Egipto, intentó localizar la tumba del emperador macedonio, pero fue en vano.
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