“El hombre que nunca existió”: La historia del ardid que engañó a Adolf Hitler

Durante la Segunda Guerra Mundial los aliados idearon una ingeniosa estratagema para engañar a los alemanes sobre el lugar de invasión en Europa.

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Finalizada la victoriosa Campaña del norte de África, durante la Segunda Guerra Mundial, los Aliados en 1943 decidieron que el siguiente paso para vencer a las tropas del Tercer Reich consistía en la invasión de Italia, comenzando por desembarcar en la isla de Sicilia para pasar finalmente a Roma. Sin embargo, para ello necesitaban engañar a los alemanes haciéndoles creer que desembarcarían en otro punto de Europa -como en la isla de Cerdeña o en la costa de Grecia-, de modo que las tropas de Hitler en Sicilia y en el sur de Italia pudieran ser reubicadas en otros destinos, lejos del lugar real de la invasión.

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Para tal efecto, la inteligencia británica ideó una operación en la cual el cadáver de un supuesto militar inglés llamado William Martin, en una presunta misión secreta con destino a África del Norte, aparecería muerto en las costas de España con una documentación secreta que confirmaba que los aliados entrarían a Europa por Cerdeña y Grecia.

El jefe de la inteligencia británica, Ewen Montagu, en primer lugar ordenó encontrar un cadáver “en buen estado”, en lo posible de un hombre que hubiera muerto recientemente para hacerlo pasar por el comandante Martin. El elegido resultó ser Glyndwr Michael, un galés vagabundo de 34 años, alcohólico y sin familia, que había muerto por beber un raticida. El cadáver de este sujeto tenía mucho fluido en los pulmones, lo que concordaba con la idea de que Martin había permanecido en el agua mucho tiempo y había sufrido una muerte por ahogamiento. Montagu, con su característico y macabro sentido del humor, bautizó a la operación con el nombre de “Mincemeat” (“Carne picada”).

Ewen Montagu, el hombre que logró engañar a Adolf Hitler.

Ewen Montagu, el hombre que logró engañar a Adolf Hitler.

La vida del comandante William Martin, de inmediato, se armó de la nada: lo hicieron nacer en Cardiff, Gales, en 1907, lo destinaron como oficial al Cuartel General de Operaciones Combinadas y le dieron el grado de comandante para hacer creíble su grado con la responsabilidad de la misión que le habían asignado y con los papeles que llevaría encima.

La falsa tarjeta de identidad del comandante británico William Martin, el hombre que nunca existió.

La falsa tarjeta de identidad del comandante británico William Martin, el hombre que nunca existió.

Entre las pertenencias del “hombre que nunca existió” se incluyó un juego de llaves, entradas de teatro recientes, una factura de alojamiento de su club de Londres, algunas facturas sin pagar, un pase caducado del Cuartel General de Operaciones Combinadas que se le había olvidado renovar y una airada carta de su banco, el Lloyds Bank, por una supuesta deuda impaga de 17 libras esterlinas.

También le inventaron una novia, Pamela, “Pam”, que en realidad era una funcionaria del MI5, el servicio de inteligencia inglés dedicado a la seguridad interna, y que se prestó a tomarse una foto en traje de baño que también fue incluida entre las pertenencias del “hombre que nunca existió”, además de un anillo con el que el inexistente Martin pensaba pedirle matrimonio a la inexistente Pamela.

La fotografía de "Pam", la novia ficticia del Comandante Martin, también inexistente.

La fotografía de “Pam”, la novia ficticia del Comandante Martin, también inexistente.

De ese modo, se trataba de hacer creer que el comandante William Martin se había estrellado con su avión en el Mediterráneo, frente a las costas españolas de Huelva, Andalucía, aunque en realidad, como ya se mencionó, se trataba del cadáver del vagabundo galés Glyndwr Michael, que, conservado en hielo seco, fue dejado flotando en las aguas de las costas españolas por el submarino británico HMS Seraph, que había zarpado de Escocia. El cadáver, por cierto, llevaba una cadena alrededor de su gabardina a la que iba amarrado un maletín lleno de documentos.

La inteligencia británica había seleccionado a España porque, aunque oficialmente neutral, el país ibérico gobernado por entonces por el general Francisco Franco simpatizaba con las potencias del Eje y estaba repleta de agentes nazis. También se sabía que en Huelva había agentes alemanes muy activos y que tenían muy buenos contactos con las autoridades españolas.

El cadáver del comandante británico William Martin, el "hombre que nunca existió", que fue descubierto por un pescador.

El cadáver del comandante británico William Martin, el “hombre que nunca existió”, que fue descubierto por un pescador.

A las 7.30 hrs. de la mañana del viernes 30 de abril de 1943, entonces, José Antonio Rey María, un pescador de origen portugués que se ganaba la vida pescando en su bote, divisó el bulto de una persona usando un uniforme de la Royal Navy y un chaleco salvavidas flotando en el mar (y que tenía amarrada al puño izquierdo de su gabardina un misterioso maletín). Lo subió a su bote, remó hacia la costa y avisó a las autoridades españolas, quienes de inmediato alertaron del hecho a algunos espías alemanes -como Adolf Clauss- que se encontraban en la España franquista.

Los espías alemanes, con la colaboración del gobernador civil de Huelva, Joaquín Miranda, falangista y germanófilo, tuvieron inmediato acceso al cadáver del comandante Martin y al valioso maletín que llevaba aferrado en su muñeca izquierda. Los alemanes abrieron cuidadosamente el maletín y fotografiaron todo su contenido. Tras revisarlo, comprobaron con sorpresa que incluía los planes aliados para la invasión de Europa, que tendrían como playas de desembarco las de la isla de Cerdeña y las de Grecia. Y no Sicilia, que era lo que los nazis sospechaban.

Entre los papeles que revisaron se encontraban algunas cartas personales, como una carta del teniente general Sir Archibald Nye, segundo jefe del Estado Mayor General Imperial, dirigida al general sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África. En esa carta, Nye se refería a dos operaciones bélicas, que indicaban que Alexander atacaría Córcega y Cerdeña, mientras que el general sir Henry Wilson lo haría en Grecia.

Además, en una jugada maestra de psicología inversa, la carta indicaba que los ingleses estaban elaborando planes para engañar a los alemanes y convencerlos de que el desembarco se haría en Sicilia. Para resaltar el carácter sensible de la carta y establecer la cualificación del comandante Martin para viajar al norte de África, Montagu incluyó otra carta de Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas, al almirante Sir Andrew Cunningham, Comandante en Jefe del Mediterráneo, en la que Mountbatten ensalzaba la experiencia del comandante Martin en operaciones anfibias.

Tarjeta de identidad de Adolf Clauss, espía alemán en la España franquista.

Tarjeta de identidad de Adolf Clauss, espía alemán en la España franquista.

El espía alemán Adolf Clauss fotografió todos los papeles que había en el maletín del comandante Martin y los hizo llegar a Berlín para que los evaluara la inteligencia del Reich, mientras que el cadáver del supuesto marino británico -que en realidad era el del vagabundo galés Glyndwr Michael- fue entregado al vicecónsul británico en España, F. Hazeldene, siendo enterrado el 4 de mayo, con honores militares, en el cementerio de Huelva. La inteligencia británica, con mucho tino, decidió incluir el nombre del comandante William Martin, que nunca existió, en la lista de bajas británicas que cada mes publicaba el Times, a sabiendas de que los alemanes iban a leerla para confirmar esa baja.

La estratagema planeada por la inteligencia británica funcionaría perfectamente, aunque estuvo a punto de ser descubierta, pues el médico forense que había examinado el cadáver del supuesto comandante Martin, el doctor español Eduardo Del Torno, quien informaría de que el hombre había caído al agua con vida, que no tenía golpes, que había muerto ahogado y que el cuerpo estaba en el agua desde hacía entre tres y cinco días, notó que el cuerpo no presentaba las típicas mordeduras de peces que tiene todo cuerpo que pasa en el mar varios días. Nadie le prestó atención a esa observación del forense, quien tampoco había hecho una autopsia completa del cadáver porque pensó que el comandante Martin era católico, ya que llevaba una cruz de plata colgada del cuello, otro ardid ideado por los hombres de Ewen Montagu.

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Adolf Hitler, tras recibir el informe de los aparatos de inteligencia del Reich, quedó tan convencido que los falsos documentos que portaba el comandante Martin eran auténticos, que discrepó con Benito Mussolini sobre la probable invasión aliada por Sicilia. Ordenó reforzar con tropas Córcega y Cerdeña y envió a Atenas al mariscal Erwin Rommel para formar allí un grupo de ejércitos. Los buques patrulleros, minadores y dragaminas, anclados en Sicilia, en tanto, fueron derivados a otros puertos vecinos a Córcega, Cerdeña y Atenas. También ordenó quitar del frente soviético, para instalarlos en Grecia, a dos divisiones Panzer de tanques Tiger que estaban a punto de librar la decisiva batalla de Kursk, el más grande y famoso enfrentamiento entre blindados de la historia militar.

Fuerzas aliadas desembarcando en Sicilia en julio de 1943, en el marco de la "Operación Husky", la operación anfibia más grande de la Segunda Guerra Mundial hasta ese momento.

Fuerzas aliadas desembarcando en Sicilia en julio de 1943, en el marco de la “Operación Husky”, la operación anfibia más grande de la Segunda Guerra Mundial hasta ese momento.

Ewen Montagu, el jefe de la inteligencia británica, viendo que la “Operación Carne Picada” había sido un verdadero éxito, le envió un escueto cable al primer ministro Winston Churchill, quien entonces se encontraba en viaje oficial en Estados Unidos, con sólo tres palabras: “Mincemeat swallowed whole” (“Se tragaron toda la carne picada”).

De ese modo, gracias a un cadáver de un alcoholizado vagabundo galés y un marino británico que nunca existió, se llevó a cabo uno de los más grandes engaño de la Segunda Guerra Mundial, que ayudó a acelerar la victoria aliada sobre las tropas de Adolf Hitler.

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El inexistente comandante William Martin hoy sigue enterrado en Huelva, España, con una placa de bronce en su tumba con su nombre y grado falsos y con flores siempre frescas que lo recuerdan como al héroe que nunca fue, aunque con su supuesta muerte salvó miles de vidas y cambió el curso de la guerra. Posteriormente a su lápida se le añadiría el nombre de Glyndwr Michael, el vagabundo alcohólico galés cuyo cuerpo realmente fue enterrado allí.

En cuanto a Ewen Montagu, por su participación en la Operación “Mincemeat” se le concedió la Orden del Imperio Británico y más tarde se convirtió en magistrado de la Judge Advocate of the Fleet. En 1953 escribió un libro sobre la operación titulado “El hombre que nunca existió”, que sería llevado al cine tres años después.

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