El controvertido poema que Pablo Neruda le dedicó al cruel dictador Stalin: ¿Por qué lo escribió?

El laureado y célebre poeta chileno escribió su “Oda a Stalin” en 1953, pese a los infames crímenes del dictador soviético.

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El poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973), premio Nobel de Literatura en 1971, es considerado uno de los poetas más dotados y célebres de los últimos 100 años, gracias a obras como “Crepusculario”, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, “Residencia en la Tierra” y “Canto general”. El escritor colombiano Gabriel García Márquez, resumiendo el sentir de muchos de sus colegas, lo calificó como “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”.

Pablo Neruda.

Pablo Neruda.

Además de poeta, Neruda también fue un destacado diplomático y activista político, en calidad de militante y miembro del Comité Central miembro del Partido Comunista chileno, además de senador y precandidato presidencial.

Motivado por la dramática tragedia de la Guerra Civil Española, donde se puso del lado del bando republicano, Pablo Neruda, al igual que muchos otros intelectuales de tendencia izquierdista, fue un ferviente admirador de la Unión Soviética de Josef Stalin, gracias al rol que jugó en la derrota de la Alemania nazi. Fruto de esta confesa admiración fue la escritura de sus poemas “Canto a Stalingrado” (1942) y “Nuevo Canto de Amor a Stalingrado” (1943), lo que le valió recibir en 1952 el Premio Stalin de la Paz, distinción entregada cada año por la Unión Soviética a individuos que hubieran contribuido a la causa de la paz entre los pueblos

PN Iosef Stalin y Pablo Neruda - Descontexto

Tras el fallecimiento en 1953 de Josef Stalin, Neruda, quien había calificado al dictador soviético como “el más humano de los hombres”, le escribió una controvertida oda, cosa que también haría posteriormente con otros líderes izquierdistas como Fulgencio Batista y Fidel Castro.

La “Oda a Stalin” de Pablo Neruda, quien también calificaría a Lenin como “el gran genio de este siglo”, comenzaba del siguiente modo: “Camarada Stalin, yo estaba junto al mar en la Isla Negra, / descansando de luchas y de viajes,/ cuando la noticia de tu muerte llegó como un golpe de océano. / Fue primero el silencio, el estupor de las cosas, y luego llegó del mar una ola grande. / De algas, metales y hombres, piedras, espuma y lágrimas estaba hecha esta ola…”.

En otro fragmento del poema Neruda escribió: “Junto a Lenin / Stalin avanzaba / y así, con blusa blanca, / con gorra gris de obrero /, Stalin, /con su paso tranquilo, / entró en la Historia acompañado / de Lenin y del viento. / Stalin desde entonces / fue construyendo. Todo / hacía falta. Lenin recibió de los zares / telarañas y harapos. / Lenin dejó una herencia de patria libre y ancha. / Stalin la pobló / con escuelas y harina, / imprentas y manzanas. / Stalin desde el Volga / hasta la nieve / del Norte inaccesible / puso su mano y en su mano un hombre /comenzó a construir. / Las ciudades nacieron. / Los desiertos cantaron / por primera vez con la voz del agua…”.

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Neruda, en la parte final de su poema, escribió: “ Stalin construía. / Nacieron / de sus manos cereales, / tractores, / enseñanzas, / caminos, y él allí, / sencillo como tú y como yo, / si tú y yo consiguiéramos / ser sencillos como él. / Pero lo aprenderemos. / Su sencillez y su sabiduría, / su estructura / de bondadoso pan y de acero inflexible / nos ayuda a ser hombres cada día, / cada día nos ayuda a ser hombres. /¡Ser hombres! ¡Es ésta la ley staliniana! / Ser comunista es difícil. / Hay que aprender a serlo. / Ser hombres comunistas / es aún más difícil, / y hay que aprender de Stalin / su intensidad serena, / su claridad concreta, / su desprecio / al oropel vacío, / a la hueca abstracción editorial …Stalin es el mediodía…Enseñó a todos / a crecer, a crecer, / a plantas y metales, / a criaturas y ríos / les enseñó a crecer, / a dar frutos y fuego. / Les enseñó la Paz / y así detuvo con su pecho extendido / los lobos de la guerra….”

Al momento de escribir esta controvertida “Oda a Stalin”, el laureado y célebre vate chileno al parecer desconocía el lado oculto del dictador soviético, quien después de asumir como dictador de una de las dos potencias totalitarias más grandes del planeta (junto a la Alemania Nazi de Adolf Hitler) fue el responsable directo de la muerte de cientos de miles de sus propios compatriotas -entre los cuales se contaban miembros del Partido Comunista Soviético, del Ejército Rojo, socialistas, anarquistas y opositores-, quienes fueron perseguidos, juzgados y, finalmente, desterrados, encarcelados o ejecutados en los campos de concentración o gulags, sin mencionar que también provocó la muerte de 10 millones de campesinos ucranianos, quienes fueron asesinados, muertos de hambre o deportados a Siberia durante la colectivización forzosa decretada por los comunistas soviéticos en los años 30’, en el genocidio más espantoso –incluso por sobre el Holocausto judío- que se recuerde en todo el siglo XX.

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Según algunos biógrafos, para entender cómo Pablo Neruda llegó a escribir estos controvertidos e ingenuos versos en honor de uno de los dictadores más crueles y sanguinarios de todos los tiempos, hay que tomar en cuenta que el poeta militaba desde 1945 en las filas del Partido Comunista Chileno, uno de los partidos comunistas más obsecuentes de todo el planeta durante casi todo el siglo XX. El PC chileno, de hecho, no tuvo empacho en aplaudir hechos tan condenables como el levantamiento del muro de Berlín, el sangriento aplastamiento de la “primavera de Praga” en Checoslovaquia y la invasión soviética a Afganistán, entre otros hitos históricos. Para ilustrar la total docilidad del PC Chileno hacia las directrices instauradas por la Unión Soviética, se comentaba en el ambiente político nacional que “cuando llovía en Moscú, los comunistas chilenos abrían sus paraguas en Santiago”.

Pablo Neruda, tal como se mencionó anteriormente, ingresó a militar en 1945 en las filas del Partido Comunista de Chile (PCCh), año en que también fue elegido senador de la República. Tres años más tarde, cuando el entonces Presidente de la República Gabriel González Videla promulgó la controvertida “Ley de Defensa Permanente de la Democracia”, que declaró ilegal al PCCh, Pablo Neruda se fue al exilio, viviendo en la clandestinidad hasta 1952, año en que nuevamente retornó a Chile.

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De todos modos, el mismo Pablo Neruda, después del famoso discurso del Secretario General del Partido Comunista soviético Nikita Khrushchev de 1956, en el que denunció el “culto de la personalidad” que había rodeado a Stalin, acusándolo además de diversos crímenes, reconoció en sus memorias “que había contribuido en alimentar ese pérfido culto personalista”.

Sin embargo, a pesar de su total desilusión con Josef Stalin y a su supuesto arrepentimiento por haber escrito su “Oda a Stalin”(oda que el profesor chileno de la Universidad alemana de Oldenburg Fernando Mires calificara como “el poema de la maldad”), hay que consignar que Pablo Neruda jamás perdió su fe en el comunismo, apoyando la represión de escritores soviéticos disidentes como Boris Pasternak o José Brodsky, algo que le sería reprochado por varios de sus colegas y sus más fervientes admiradores.

Por otra parte, su figura sibarita y amante de los placeres tampoco se condecía con la figura del militante comunista comprometido con el pueblo proletario. Sus enemigos políticos, de hecho, a sabiendas que Neruda era propietario de tres valiosas propiedades en tres zonas geográficas diferentes (“La Sebastiana”, en Valparaíso; “la Chascona”, ubicada a los pies del cerro San Cristóbal en Santiago y la famosa casona en la localidad costera de Isla Negra), solían referirse despectivamente a él como “el comunista con tres casas”.

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La figura de Pablo Neruda, aparte de toda estas polémicas, también se vería ensombrecida en los últimos tiempos por otros episodios más domésticos, aunque igual de controvertidos, como el haber abandonado a los dos años de edad a su hija Malva Marina, quien padecía de hidrocefalia y falleció a los ocho años víctima precisamente de esta enfermedad. “Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos”, escribió Neruda en una misiva a propósito de ella.

En su libro de memorias “Confieso que he vivido”, el poeta también se ganaría la repulsa total del mundo feminista cuando reveló un episodio en el que relató cómo había forzado sexualmente a una empleada que limpiaba su casa, mientras ejercía como cónsul en la isla de Ceilán (hoy Sri Lanka): “El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”, escribió.

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Esta paradójica dualidad entre la vida pública y algunos cuestionables aspectos de la vida privada de Pablo Neruda sería abordada por el escritor argentino César Aira, autor del libro “Diccionario de autores latinoamericanos”, donde abordó la controvertida figura del vate chileno. En una reciente entrevista concedida al diario “La Tercera”, Aira afirmó que el “cinismo de Neruda le permitió vivir sin sentir miserias ni dolores, aunque se los infligiera a otros. Creo que era muy propio de aquellos izquierdistas de antes, tan infatuados con su postura de Amigos del Pueblo que se lo podían permitir todo, desde el adulterio hasta el champagne. De cualquier modo, la calidad literaria corre por un canal distinto al de la moralidad”.

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