El toro de Falaris: La oscura y brutal historia de este oscuro instrumento de guerra

Los ajusticiados se introducían en el interior de una estatua de cobre recalentada con forma de toro, pereciendo carbonizados.

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Se dice que la crueldad del ser humano no conoce límites y, desde tiempos remotos, en la historia siempre han existido horribles y viles métodos de tortura y ejecución. Uno de los más brutales fue el llamado toro siciliano o toro de Falaris, instrumento de tortura cuyo nombre se atribuye a Falaris, tirano de Acragas, Sicilia, que murió en el año 554 a. C.

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El toro de Falaris era una estatua de cobre hueca con forma de toro creado por Perilos de Atenas en algún momento entre los años 570 y el 554 a. C., fue creado para quemar vivas a las víctimas en su interior. Los ajusticiados se introducían en el interior de la estatua con forma de toro, que se colocaba a su vez encima de una hoguera, por lo que la temperatura del interior aumentaba como si se tratara de un horno.

Los alaridos y los gritos de las víctimas salían entonces por la boca del toro, haciendo parecer que la figura mugía, mientras el humo escapaba por la nariz del animal, llena de incienso para combatir el hedor a carne quemada. Una vez que los ajusticiados fallecían entre atroces dolores y se completaba la cremación de las víctimas, sus huesos se moldeaban para ser usados como brazaletes, que el mismo Falaris a veces usaba.

La leyenda cuenta que su diseñador, Perilo, murió al ser introducido en su propia creación por los subordinados de Falaris cuando le presentó el instrumento. El escritor Luciano de Samosata afirma que Falaris reaccionó con suma dureza cuando Perilos le presentó su invento, pues “odiaba la idea de una crueldad tan ingeniosa”, prometiendo castigar a su inventor. En realidad, antes de que muriera, Falaris ordenó sacar a Perilo del interior del toro para que no profanara su obra y dispuso que muriera al ser arrojado por un precipicio.

Al final, el propio Falaris moriría en el toro de bronce cuando la ciudad cayó en el 554 d. C. y fue derrocado por Telémaco.

Se cuenta que los romanos, que se inspiraron en los griegos en muchas cosas, también usaron este cruel dispositivo de tortura y ejecución para matar a algunos cristianos. Fue el caso de San Eustaquio, quien, según la tradición cristiana, fue asado en un toro de cobre con su esposa e hijos por el emperador Adriano. La misma suerte correría San Antipas, obispo de Pérgamo, durante las persecuciones del emperador Domiciano, siendo asado hasta la muerte en un toro de cobre en el año 92, convirtiéndose en el primer mártir en Asia Menor.

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