Encuentran raro espejo en la tumba de una cortesana griega en Jerusalén

Según los responsables de la excavación, el artículo pertenecía a una hetaira y "parecía hecho ayer".

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Durante unas recientes excavaciones realizadas en la Vía Hebrón de Jerusalén se descubrió la tumba de una cortesana o hetaira griega que data de finales del siglo IV o principios del III a.C. En la cámara funeraria se descubrieron los restos incinerados de una joven junto a un raro espejo plegable de caja en perfecto estado de conservación, cuya calidad de fabricación era tan alta que, según los responsables de la excavación, “parecía hecho ayer”.
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Yossi Nagar, antropólogo de la Autoridad de Antigüedades de Israel, informó que en la citada tumba se descubrieron huesos humanos carbonizados que correspondían al cuerpo de una mujer joven. Y, junto a ellos, fueron encontrados varios clavos de hierro doblados y un raro tipo de caja de espejo plegable de bronce, artículo de lujo documentado en tumbas y templos del mundo grecohelenístico asociado a las mujeres griegas, cuyos espejos de caja solían estar decorados con grabados o bellos relieves de figuras femeninas idealizadas y de diosas, especialmente de Afrodita, la diosa del amor.

Según detallaron antropólogos de la Universidad de Tel Aviv, este es el segundo espejo de este tipo que se ha descubierto hasta la fecha en Israel (en total sólo se conocen 63 espejos de este tipo en todo el mundo helenístico).

Respecto de qué hacía la tumba de una mujer griega en la carretera que conduce a Jerusalén, los responsables de la excavación especularon que la dueña del espejo fue posiblemente la acompañante de un alto militar griego o un funcionario gubernamental helenístico durante una campaña por el territorio de Israel.

Se informó que probablemente se trataba de una mujer de compañía/cortesana (hetaira) y no una mujer casada, ya que estas últimas rara vez abandonaban su hogar en Grecia y acompañaban a sus maridos en las campañas militares. El hecho de que no hubiera ningún asentamiento helenístico cerca de la cueva sepulcral parece indicar que se trata de la tumba de una mujer griega que acompañaba a un militar de alto rango o a un funcionario del gobierno helenístico y que, tras fallecer por causas desconocidas, fue enterrada al borde del camino.
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Según los investigadores, los espejos de bronce como el encontrado en la tumba en el camino a Jerusalén se consideraban un artículo de lujo caro, y las mujeres griegas podían adquirirlos de dos formas: como parte de su dote antes de una boda, o como regalo de los hombres a sus hetairai o hetairas, clase distinguida de mujeres libres que generalmente desempeñaban funciones de artista, contertulia, prostituta y acompañante, prestando servicios de índole sexual y social, celebrando salones literarios y sirviendo de musas para obras de escultura y pintura que incluso se exponían en los templos.

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