¿Es cierto que las personas solitarias son más inteligentes que el resto?

Estudios científicos comprobaron la supuesta relación entre tener un CI elevado y ser aficionado a estar solo.

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La imagen que se tiene de algunos genios, ya sean reales o ficticios, como Arquímides, Arthur Shopenhauer, Nikola Tesla o Sherlock Holmes, los muestran por lo general inmersos en una apacible soledad, sumergidos en una suerte de aislamiento voluntario, placentero y productivo que les permitía construir un ambiente donde gestar grandes obras o razonamientos geniales.

personas solitarias

 

Un estudio publicado en el “British Journal of Psychology”, escrito por los académicos Norman P. Li y Satoshi Kanazawa, intentó explicar, desde la perspectiva de la psicología evolucionista, la relación entre inteligencia y soledad. Apoyándose en el llamado “principio de Savanna (“Savanna principle”), que distingue y aisla las influencias sociales modernas, comparando los métodos ancestrales con los comportamientos actuales, y que establece que el cerebro humano evolucionó durante siglos para heredar las reacciones que nuestros antepasados tuvieron ante ciertos sucesos de su vida, los investigadores analizaron datos de 15 mil 197 jóvenes de 18 a 28 años, recabada en el National Longitudinal Study of Adolescent Health de Estados Unidos concerniente a inteligencia, salud, bienestar y satisfacción.

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Después de analizar y ponderar estos datos, Li y Kanazawa notaron que, en general, encontrarse en medio de grandes concentraciones de personas conducía a sentimientos de infelicidad pero, en contraste, socializar con algunos pocos amigos despertaba emociones satisfactorias. Sin embargo, para este último fenómeno, había una excepción: existía una minoría para la cual socializar, incluso con amigos, era causa de infelicidad. Coincidentemente, estos mismos individuos, según el mismo análisis, eran más inteligentes que el promedio de la población.

De acuerdo con los investigadores, estas personas se distinguían del resto porque, por su misma inteligencia, tendían a hacer cosas “fuera de lo natural”, lo cual, en este caso y bajo la “teoría de la felicidad de la savanna”, significa que buscan hacer lo que sus ancestros no hicieron. No socializar, por ejemplo, o no encontrar felicidad en el contacto con amigos.

“Las personas con más inteligencia y capacidad de utilizarla, son menos propensas a gastar tanto tiempo socializando porque se centran en algún otro objetivo a largo plazo. Las personas que poseen niveles más altos de inteligencia tienen una mayor capacidad para resolver problemas evolutivamente novedosos, enfrentándose con menos dificultades a la comprensión de ellos”, concluyeron los investigadores, que añadieron que la gente inteligente ve en forma diferente los problemas evolutivos novedosos, y por eso pasan su tiempo tratando de resolverlos.

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Otro estudio realizado por la London School of Economics llegó a conclusiones bastante parecidas, afirmando que “a mayor inteligencia, menor es la necesidad que sienten los seres humanos de tener una vida social activa para poder ser felices”. Este estudio aventuró que la gente solitaria poseía un CI (coeficiente intelectual) más alto que aquellas personas dotadas para socializar, por lo que emplearían más tiempo en enriquecerse intelectualmente, en oposición a aquellos que están en contacto permanente con otras personas, y que, quizás y debido precisamente a ello, parecían no ejercitar adecuadamente sus cerebros. De allí que hasta el día de hoy se haya creado el tópico repetido hasta el hartazgo de que las personas con un alto nivel intelectual son, por lo general, sujetos con poca capacidad de relacionarse socialmente.

Los beneficios de la soledad

Susan Cain, autora del libro “Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking”, en un reportaje publicado por el diario El País, defendió la riqueza creativa que surgía de la soledad y la introversión. “Siempre me habían dicho que debía mostrarme más abierta, aunque yo sentía que ser introvertida no era algo malo. Así que durante años fui a bares abarrotados; muchos introvertidos lo hacen, lo que representa una pérdida de creatividad y de liderazgo que nuestra sociedad no se puede permitir. Tenemos la creencia de que toda creatividad y productividad proviene de un lugar extrañamente sociable. Sin embargo, la soledad es el ingrediente crucial de la creatividad. Charles Darwin daba largas caminatas por el bosque y rechazaba enfáticamente invitaciones a fiestas. Steve Wozniak inventó la primera computadora Apple encerrado en su cubículo de Hewlett Packard, donde trabajaba entonces. La soledad importa y para algunas personas, incluso, es el aire que respiran”.

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Cain hizo hincapié en que cuando estamos rodeados de gente, por lo general nos limitamos a seguir las creencias de los demás para no romper con la dinámica de grupo. La soledad, en este contexto, significaría abrirse al pensamiento propio y original. “Las sociedades occidentales privilegian más a la persona activa que a la contemplativa. Por eso recomiendo detener la locura del trabajo constante en equipo e ir a algún lugar solitario para tener nuestras propias revelaciones. Si bien los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, tras pasarnos el día rodeados de gente, de reunión en reunión, atentos a las redes sociales y al móvil, hiperactivos e hiperconectados, la soledad nos ofrece un espacio de reposo sanador, sin mencionar que puede resultar crucial para la creatividad, la innovación y el buen liderazgo. Un estudio realizado en 1994 por Mihaly Csikszentmihalyi, el gran psicólogo de la felicidad, comprobó que los adolescentes que no soportaban la soledad eran incapaces de desarrollar el talento creativo”.

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La psicóloga y terapeuta Mireia Darder afirmó, por su parte, que si bien la soledad históricamente ha despertado mucho temor en las personas porque suele asociarse al vacío y la tristeza, aseguró que “no se puede olvidar que para ser realmente autónomo hay que aprender a transitar por la soledad. El amor no es lo contrario de la soledad, sino la soledad compartida. En nuestra sociedad, la inactividad —que surge a menudo de la soledad— se teme y despierta la culpa. Nos han preparado para la acción y para realizar muchas cosas al mismo tiempo, pero es cuando estamos solos cuando podemos reflexionar sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos”.

El filósofo Byung-Chul Han, autor de “La sociedad del cansancio”, en tanto, abogó por la necesidad de recuperar nuestra capacidad contemplativa para compensar nuestra hiperactividad destructora. “Sólo tolerando el aburrimiento y el vacío seremos capaces de desarrollar algo nuevo y de desintoxicarnos de un mundo lleno de estímulos y de sobrecarga informativa. Por eso hay que tener muy presente las palabras de Catón, que decía que “nos olvidamos de que nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, y nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”; así como las palabras de Edward Gibbon, que afirmaba que “la conversación enriquece la comprensión, pero la soledad es la escuela del genio” “.

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Arthur Schopenhauer, el filósofo que reivindicó a la soledad como la marca del genio.

Arthur Shopenhauer, el filósofo alemán del siglo XIX que sostenía que mediante la introspección era posible acceder al conocimiento esencial del yo, además de legarnos una gran obra filosófica, dejó para la posteridad certeros pensamientos sobre diversos aspectos de la condición humana, como la Soledad. Shopenhauer afirmaba de hecho que “la superioridad de la inteligencia conduce a la insociabilidad. Si la calidad de las compañías pudiera ser reemplazada por la cantidad, valdría la pena vivir en el gran mundo. Pero cien locos reunidos en un montón no llegan a hacer un hombre razonable”, agregando también que “los hombre vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos”.

El pensador alemán, autor del libro “El mundo como voluntad y representación”, también creía que “el instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad. No se busca tanto la grata presencia de los demás, cuanto se rehuye la aridez de la propia conciencia. Porque por lo mismo que es la miseria lo que primero acerca a los hombres, es más tarde, una vez descartada la necesidad, el tedio lo que les reúne”. Shopenhauer, finalmente, concluyó que “como el águila, las inteligencias realmente superiores se ciernen en la altura, solitarias” y que “la soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”.

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