¿Es el cerebro del hombre igual al de la mujer? Estudios aventuran sorprendentes respuestas

La conectividad cerebral explicaría por qué las mujeres tienen mejor inteligencia emocional, y por qué los hombres son más dados a la acción.

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¿Por qué las mujeres no piensan como los hombres? ¿Y por qué los hombres no piensan como ellas? Estas preguntas, que han estado vigentes desde hace siglos, se relacionan con una de las creencias más arraigadas en la ciencia moderna: ambos cerebros funcionarían desigualmente en aspectos tan importantes como las habilidades motoras y las inclinaciones hacia la emocionalidad y al análisis crítico. Ello, entonces, explicaría por qué a ellas les cuesta estacionar un auto y leer un mapa, y por qué las emociones femeninas son para muchos un enigma casi desentrañable. Por contrapartida, ello explicaría también por qué los hombres supuestamente no pueden hacer dos cosas a la vez y carecen de intuición. Pero ¿es tan así?

Un estudio de la universidad de Pensilvania, que analizó mediante escáneres cerebrales a 949 personas con buena salud (521 mujeres y 428 hombres) de entre nueve y 22 años, concluyó que las redes cerebrales podrían explicar las diferencias de comportamiento entre los dos sexos y algunas creencias comunes sobre su comportamiento, como que los hombres tienen más habilidades motoras, o que las mujeres tienen mayor intuición.

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“Estos mapas de la conectividad cerebral muestran diferencias impactantes, aunque también complementarias, en la arquitectura del cerebro humano, que ayudan a elaborar una potencial base neuronal que explican por qué los hombres son brillantes en algunas tareas y las mujeres en otras”, explicó Ragini Verma, profesora de la Universidad de Pensilvania.

La mencionada investigación reveló en el hombre una mayor conectividad neuronal de adelante hacia atrás, y dentro de uno de los hemisferios, lo que sugirió que sus cerebros estaban estructurados para facilitar la conectividad entre el centro de la percepción y la acción coordinada. En cuanto a las mujeres, estas conexiones unían el hemisferio derecho, donde se halla la capacidad de análisis y el tratamiento de la información, hasta el hemisferio izquierdo, centro de intuición. Todo lo anterior explicaría, entonces, por qué las mujeres son más intuitivas, tienen mejor memoria, habilidades sociales e inteligencia emocional, y por qué los hombres poseen una mejor coordinación y percepción del espacio, están más orientados a la acción, y son mejores en tareas que requieren una respuesta inmediata.

«La parte izquierda del cerebro es responsable del pensamiento lógico, mientras que al derecho corresponde el intuitivo. De esta manera, si una tarea implica ambos procesos, parece que las mujeres podrían hacerlo mejor», explicó la misma doctora Ragini Verma, quien agregó que “las mujeres son más intuitivas, y tienen mejor memoria. Además, se involucran más emocionalmente al hablar, lo que hace que escuchen más».

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Las conclusiones de esta investigación concluyeron que los hombres eran en promedio más aptos para aprender y ejecutar una sola tarea, como andar en bicicleta, esquiar o navegar; mientras que las mujeres tenían una memoria superior y una mayor inteligencia social, lo que las hacía más aptas para ejecutar tareas múltiples y a encontrar soluciones para el grupo. “Fue también impactante constatar cuánto los cerebros de la mujer y del hombre son realmente complementarios”, añadió Ruben Gur, profesor de la Universidad de Pensilvania, quien agregó que el estudio concluyó que los hombres eran más aptos para aprender y ejecutar una sola tarea, mientras que las mujeres tenían una memoria superior y una mayor inteligencia social.

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La doctora Louann Brizendine, neuropsiquiatra de la Universidad de California, y autora de los libros “The male brain” (“El cerebro masculino” y “The female brain” (El cerebro femenino”), explicó por su parte que ambos cerebros tenían sus diferencias desde el nacimiento y la infancia, hasta la adolescencia y la vida adulta. Así, a la octava semana de la concepción los pequeños testículos del niño comenzaban a producir suficiente testosterona para bañar sus neuronas en desarrollo y comenzar a moldear la estructura de su cerebro, mientras que los estrógenos de las niñas potenciaban las regiones del cerebro responsables del lenguaje y de la expresión de emociones, fortaleciendo también la capacidad femenina de sintonizar con facilidad con el ánimo de los demás. Por ello, al crecer ellas eran mejores negociadoras y conciliadoras, mientras ellos eran más competitivos y luchadores, pues sus centros nerviosos de mayor volumen estaban dedicados a la actividad muscular y a la agresión.

 

El investigador alemán Boris Schiffer, de la Universidad LWL de Bochum, respecto a la famosa creencia de que los ojos son una de las principales fuentes de información a la hora de determinar el estado mental de otra persona, concluyó que los varones no sabían captar dicha información, y tenían más dificultad que las mujeres para detectar estados de ánimo leyendo la mirada del otro. Ellas, por el contrario, desplegaban más actividad en áreas del cerebro vinculadas a las emociones y la memoria al mirar a los ojos de otra persona, sin mencionar que les resultaba más sencillo reconocer caras, pudiendo hacerlo incluso automáticamente.

El investigador Larry Cahill, profesor de la Universidad de California, postuló por su parte que hombres y mujeres diferían en la parte del cerebro asociada a las reacciones ante la tensión y el nerviosismo. Por ello, en situaciones de estrés, en los hombres se activaba más el lado derecho, vinculado con la furia, y en las mujeres el izquierdo, donde se controlan las emociones y la conciencia de uno mismo. También la percepción del dolor, y la reacción ante él, variaban del hombre a la mujer, ya que ellas aparentemente sentían más el dolor que ellos, lo que explicaría por qué la mayor parte de las personas afectadas de dolor crónico son mujeres, sin mencionar que las féminas sufren el doble de migrañas que los varones, aunque hay que especificar que las migrañas femeninas son diferentes de las masculinas, ya que una serie de exploraciones con escáner demostraron que en el caso de las mujeres las emociones influían mucho más en sus repetidos dolores de cabeza que en los hombres.

La misma universidad de California y científicos de la Universidad Autónoma de Madrid, la Fundación Reina Sofía y la Complutense concluyeron, asimismo, que el cerebro de la mujer era más eficiente, ya que siendo de menores dimensiones que el del hombre –que es entre un 8% a 10% más grande-, rendía igual intelectualmente, es decir, requería menos energía y menor número de neuronas para llevar a cabo una tarea (razonamiento inductivo, ciertas operaciones numéricas y adaptación a los cambios), haciéndola en algunos casos mejor que el hombre. Los hombres, por su parte, mostraban una mejor percepción espacial.

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Neurocientíficos estadounidenses, finalmente, investigaron por qué los hombres parecían tener más facilidad para procesar información abstracta que las mujeres, por ejemplo, a la hora de leer mapas. Para ello, pidieron a grupos de ambos sexos que analizaran un complejo diagrama y dibujaran cómo quedaría si le dieran la vuelta. El resultado fue que los hombres lo hicieron más rápido que las mujeres. Más tarde, bajo el escáner, se comprobó que los varones desplegaban una mayor actividad en cuatro áreas del cerebro asociadas a la toma de decisiones, el enfoque en una sola tarea, y la visualización. Según Richard J. Haier, neurólogo pediátrico, los hombres eran notablemente mejores que las mujeres en determinadas habilidades de visualización espacial. Esta podría ser la causa, entonces, por qué el número de mujeres en la ciencia, que es de un 50% de media, sobre todo en ciencias de la vida, se reduzca al 95% en algunas disciplinas como ingeniería, matemáticas o física. En todo caso, los mismos investigadores informaron que la ventaja que tenían los varones para leer mapas podría desvanecerse si tuvieran que hacer algo más al mismo tiempo, pues el mayor número de conexiones en el cerebro femenino les permite a las mujeres, como se dijo anteriormente, afrontar más desafíos o tareas a la vez.

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