¿Existe la buena o la mala suerte? El psicólogo Richard Wiseman y su teoría de que la gente crea su propia fortuna

El 90% de nuestra suerte se definiría por nuestra forma de pensar y comportarse.

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¿Existe la buena y la mala suerte? ¿Y qué hace que algunas personas tengan más suerte que otras? Estas dos acuciantes preguntas han sido abordadas por el psicólogo y académico británico Richard Wiseman, quien ha estudiado el papel de la suerte y el impacto que tiene en la vida de las personas.

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Wiseman, un académico británico que ha llevado a cabo sus investigaciones en la Universidad de Hertfordshire, donde imparte la cátedra de Entendimiento Público de la Psicología, pasó una década intentando comprender el factor suerte en la vida de los individuos y por qué algunos se consideran afortunados y otros, desafortunados.

Según las conclusiones a las que llegó el psicólogo, contrariamente a lo que muchos piensan, la suerte no sería una habilidad mágica o el resultado del mero azar, pues dependería, en definitiva, de la forma en cómo pensamos y nos comportamos. “Llegué a la conclusión que nadie nace con suerte. Hay ciertos factores que determinan la suerte de la gente, pero lo más importante es tener una cosa clara: el 90% de nuestra existencia se define por nuestra forma de pensar y comportarse, mientras que el 10% restante es aleatorio”.

Richard Wiseman.

Richard Wiseman.

En su obra “El factor Suerte”, donde se explica por qué las cosas buenas siempre les pasan a las mismas personas, el psicólogo Richard Wiseman afirma que, en realidad, a las personas con suerte a las que se suele llamar “afortunadas” siempre están haciendo cuatro cosas bien. A saber:

1.- Aprovechar nuevas oportunidades:

Wiseman explica que las personas cometen dos errores recurrentes al valorar su suerte. Por un lado, suelen pensar que son responsables de su mala suerte y, por otro, que ésta solo favorece a las personas que están en el lugar preciso en el momento adecuado. Sin embargo, según el académico, todo depende de que la mente de la gente esté enfocada correctamente: Prestando atención a las oportunidades que se nos presentan para aprovecharlas de inmediato.

“Las personas que se autodefinen como afortunadas son capaces de detectar y aprovechar oportunidades en el momento adecuado. Cuando se les presenta un nuevo camino, lo transitan sin dudarlo. En cambio, con la gente desafortunada sucede exactamente lo contrario. Viven fijados en una rutina. Así que, aunque se les presente una oportunidad, tienen mucho miedo de aprovecharla”, explica Wiseman.

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2.- Seguir nuestro instinto o inteligencia intuitiva:

Aprovechar las nuevas oportunidades se relaciona mucho con seguir nuestros instintos y las personas afortunadas no tienen miedo de hacerlo. Si algo les da buenas sensaciones, hacen una especie de acto de fe y se lanzan a ello. Por ello, el psicólogo Richard Wiseman aconseja concentrarse en las cosas buenas y seguir nuestros instintos.

“La gente con suerte suele hacerle mucho caso a su intuición, mientras que los desafortunados la ignoran completamente. Las personas con mala suerte son analíticas por naturaleza y tienden a pensar demasiado en la situación, lo que termina convirtiéndose en una gran desventaja. Les lleva más tiempo decidir las cosas y, a menudo, su forma de pensar no es muy útil”, explica Wiseman.

3.- Ser optimistas y confiar en que todo saldrá bien:

Los optimistas, según Richard Wiseman, como afortunados que son, siempre esperan lograr el éxito en todos los proyectos que emprenden. “Estas personas esperan que las cosas salgan bien, y esa convicción se convierte en una profecía autocumplida. Puede que no funcione siempre, pero tener una actitud positiva los ayuda a seguir adelante, incluso en momentos difíciles. Esta cualidad tiene un efecto dominó y termina atrayendo a otras personas. En las personas con mala suerte, por el contrario, su naturaleza pesimista los domina. Como resultado, la gente tiende a evitarlos porque siempre están muy apagados. Si eres optimistas y piensas que, tarde o temprano, sucederán cosas buenas, la suerte vendrá a buscarte”.

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En una prueba realizada por el mismo psicólogo británico, se colocó un poco de dinero en la acera por la que circularían personas que afirmaban tener suerte y otras que se consideraban desafortunadas. Las personas “afortunadas” notaron el dinero y lo recogieron, pero las de “mala suerte” pasaron por el costado sin verlo.

Wiseman afirma al respecto que “las personas supersticiosas que creen firmemente que son poco afortunadas, realmente se sentirán más tensas ciertos días. Con total seguridad se sentirán estresadas, conducirán peor, posiblemente estarán más distraídas y serán más propensas a tener un accidente. Los individuos que poseen ‘buena suerte’ tienen, en realidad, la habilidad de convertir lo malo en algo bueno. Los psicólogos llaman a esta capacidad ‘mentalidad de inversión’, que consiste en pensar que los sucesos podrían haber sido mucho peores y sentirse contentos por cómo en realidad son…Percibir que la suerte depende de nuestra razón junto con una dosis de ciencia y sano escepticismo puede ser muy positivo en nuestras vidas”.

4.- Mantenerse positivo pese a las adversidades:

Richard Wiseman explica que si bien a todos nos suceden cosas malas, los afortunados consiguen recuperarse de esas experiencias, pues aprenden de las situaciones adversas y siguen adelante. “Ellos transforman la mala suerte en buena. Pero los que se consideran ‘desafortunados’ se dejan arrastrar incluso por las cosas negativas más banales. Están convencidos de que el futuro será sombrío y de que no merece la pena intentar cambiarlo. Por otro lado, las personas que se sienten afortunadas son más relajadas y abiertas, y, por lo tanto, observan todo el panorama y no sólo lo que ellos están buscando”.

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Con respecto al uso de amuletos de la suerte, como las herraduras, los tréboles de cuatro hojas, el cruce de los dedos o los gatos chinos de la suerte, estos, según los psicólogos, proporcionan buenos resultados porque aumenta la confianza de las personas y eso las vuelve más perseverantes y eficientes. Un estudio que se realizó en 2010 en Estados Unidos, de hecho, demostró que los objetos de la suerte sí funcionan, pero no por un poder especial que puedan tener, sino por el efecto que ellos producen en la confianza de las personas.

En una prueba realizada con un grupo de jugadores de golf, los que pensaban que estaban utilizando “un balón de la suerte” mostraron mayor rendimiento con respecto a quienes habían oído que su pelota era una común y corriente. También tuvieron mayor efectividad en la resolución de anagramas las personas a quienes se les permitió conservar el amuleto que habían traído con ellos. La hipótesis de los investigadores fue que quienes tenían un objeto de la suerte se sentían más eficaces y persistían en la resolución de los problemas.

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Además de los cuatro factores anteriormente mencionados, el psicólogo Richard Wiseman aconseja adoptar ciertas técnicas y costumbres que podrían ayudar a cualquiera a pensar y comportarse como una persona con suerte. Entre ellas se incluye mantener un “diario de la suerte”, apuntando lo más positivo y afortunado que haya sucedido en el día, sin importar lo trivial que sea, pues esto contribuiría a reducir la negatividad y ayuda a centrarse en los aspectos positivos de la vida y construir una actitud de resistencia frente a la adversidad.

Wiseman también aconseja pagar por experiencias, no por objetos, pues aquéllas proporcionarán la oportunidad de hacer cosas con otros, o de contárselo después a otros; no ir siempre de vacaciones al mismo sitio; usar vasos altos y estrechos y platos pequeños para reducir el consumo de alcohol y la ingesta de comida; mantener las relaciones afectivas equilibrando cada comentario negativo dando cinco positivos; tomar un camino diferente de vez en cuando para ir y volver del trabajo y, en definitiva, llevar un estilo de vida que favorezca que sucedan cosas positivas y mantenerse siempre abierto ante las oportunidades que nos rodean.

A diferencia de la suerte ciega, que ocurre por inercia o mero azar, la suerte inteligente es la que deriva de nuestra capacidad de sacar lo mejor de sucesos inesperados. Por ello, el psicólogo Richard Wiseman concluye que “la suerte no es una habilidad mágica o un don de los dioses. Por el contrario, es una forma de pensar y comportarse”.

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