Heliogábalo: El emperador romano que soñaba con ser mujer y que terminó siendo asesinado

Su gobierno apenas duró cuatro años y sus perversiones sexuales, aborrecidas en todo el Imperio romano, le costaron la vida.

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En la historia del Imperio Romano, Calígula, Nerón o Cómodo son, sin duda, algunos de los emperadores con más triste fama debido a sus siniestros y decadentes reinados, aunque para muchos historiadores el peor emperador –y el más depravado- fue Heliogábalo, cuyo Gobierno duró tan solo cuatro años (desde el 218 al 222 D.C.) antes de ser asesinado por culpa de sus perversiones y ser arrojado al retrete de la historia.

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Heliogábalo, quien estaba emparentado con el emperador romano Caracalla, nació en Siria el año 203 D.C. y accedió al poder total con sólo 14 años, a instancias de su abuela y la Guardia Pretoriana, tras la derrota en el campo de batalla del prefecto Marco Opelio Macrino, quien había asesinado al mismo Caracalla para quedarse con el trono del Imperio romano.

Heliogábalo asumiría como Emperador con el nombre de Marco Aurelio Antonino Augusto, y de inmediato comenzaría un depravado reinado marcado por el escándalo y la polémica. Se casó por capricho con varias mujeres, entre las cuales se encontraba Aquilia Severa, una virgen vestal e hija de un influyente político, lo que causó gran conmoción porque según la ley romana las vírgenes vestales debía ser célibes durante 30 años. Él aseguró que con ella tendría una descendencia que se parecería a los dioses.

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Sin embargo, su auténtica pasión eran los hombres. No dudó en casarse con su esclavo Hierocles, un rubio auriga que había adquirido gran prestigio gracias a las carreras de cuadrigas y a quien se refería como su marido. El historiador y funcionario romano Herodiano comenta que Heliogábalo mimaba su belleza natural luciendo demasiado maquillaje, como una mujer, y se manifestaba “encantado de ser llamado la amante, la esposa, la Reina de Hierocles”.

La Historia Augusta también relata que Heliogábalo se casó con otro hombre llamado Aurelio Zotico, un atleta griego de Esmirna famoso por su virilidad, en una ceremonia pública en Roma. Se cuenta que el emperador mandó a llevarlo a la capital italiana con una numerosa escolta de guardias pretorianos, aunque el destino de esta nueva pareja no fue muy halagüeño, pues algunas fuentes aseguran que Aurelio Zotico fue envenenado por el celoso Hierocles, mientras que otros relatos apuntan a que fue exiliado porque no satisfizo el apetito sexual del César.

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El historiador y político romano Dión Casio relata que el líder se pintaba los ojos, se depilaba y lucía pelucas antes de prostituirse con hombres en tabernas y prostíbulos, e incluso en el mismo palacio imperial: “Finalmente, él reservó una habitación en el palacio y allí cometía sus indecencias, permaneciendo siempre desnudo en el umbral, como hacen las prostitutas, y moviendo la cortina que colgaba de anillos dorados, mientras que en una voz suave y conmovedora se ofrecía a los que pasaban por el corredor”.

Se cuenta que simulando ser la diosa Venus, Heliogábalo dejaba caer sus vestidos hasta los pies y se ponía de rodillas, desnudo, con una mano en su pecho y otra “en sus vergüenza, ofreciendo sus nalgas a su amante de turno”. Además, llegó a practicar los ritos de Salambo, un nefando acto sirio que consistía en realizar orgías que incluían “el acto de castración”, y constituyó todo un grupo paramilitar para buscar, rastrear y reclutar a los varones más sexualmente dotados de los dominios romanos, sólo para su disfrute personal.

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Según relata Herodiano la inclinación y gusto de Heliogábalo por aparentar ser una mujer llegó hasta tal punto que habría consultado con algunos de los médicos más prestigiosos del Imperio la posibilidad de someterse a algún tipo de intervención para cambiar su sexo, y tener genitales femeninos. Por estos motivos, ha sido considerado por escritores modernos como el primer caso documentado de una persona transexual.

El creciente odio que los senadores, la Guardia Pretoriana y el mismo pueblo romano sentían por su joven y depravado Emperador no se limitaban únicamente a sus vicios sexuales. Durante su mandato, vendió todo tipo de títulos, comandancias militares y demás cargos al mejor postor, reemplazó al dios Júpiter, cabeza del panteón romano, por el dios Sol Invicto (“Deus Sol Invictus”) e institucionalizó un Senado para mujeres, emplazándolo en la colina del Quirinal, lugar en el que se celebraban las reuniones de las matronas romanas.

Denario romano con la supuesta efigie del emperador Heliogábalo.

Denario romano con la supuesta efigie del emperador Heliogábalo.

En el año 222 D.C., finalmente, las perversiones sexuales y excentricidades del emperador Heliogábalo colmaron toda medida, por lo que los soldados de la Guardia pretoriana, en un complot urdido con la propia abuela del joven emperador, lo depusieron y nombraron emperador en su lugar a su primo de 13 años, Alejandro Severo.

Dion Casio relata que el 11 de marzo de ese mismo año los pretorianos atacaron a Heliogábalo, que por entonces tenía 18 años, y a su madre, dándoles muerte a ambos: “Intentó huir, y podría haber llegado a algún lugar escondido en un arcón, pero fue descubierto y le dieron muerte, a los 18 años de edad. Su madre, que lo abrazó estrechamente, pereció con él; cortaron sus cabezas y sus cuerpos, después de haberlos desnudado, primero los arrastraron por toda la ciudad, y luego el cuerpo de la madre fue dejado en algún lugar, mientras que el de él fue arrojado al río”.

Busto del emperador Heliogábalo.

Busto del emperador Heliogábalo.

Después de su muerte, muchas personas relacionadas con Heliogábalo fueron asesinadas, entre ellas su “marido” Hierocles. Sus edictos religiosos fueron revocados y se prohibió que las mujeres volvieran a acudir a las reuniones del Senado. Finalmente, se decretó sobre su persona la damnatio memoriae, que implicaba que su nombre fuese borrado de todos los documentos públicos romanos.

Debido a su escandaloso comportamiento y su reputación de excentricidad, decadencia y fanatismo, Heliogábalo se transformaría en uno de los emperadores romanos más vilipendiados por los historiadores antiguos y modernos.

El cuadro "Las rosas de Heliogábalo" (1888), que alude a un supuesto episodio protagonizado por este emperador, cuando mandó arrojar durante un banquete miles de pétalos de rosa desde lo alto y algunos de sus comensales murieron asfixiados.

El cuadro “Las rosas de Heliogábalo” (1888), que alude a un supuesto episodio protagonizado por este emperador, cuando mandó arrojar durante un banquete miles de pétalos de rosa desde lo alto y algunos de sus comensales murieron asfixiados.

El famoso historiador inglés Edward Gibbon, quien consideró su reinado como una victoria de la barbarie de Oriente frente a las virtudes tradicionales romanas y su escandalosa homosexualidad como una señal inequívoca de la decadencia de la civilización romana, escribió que Heliogábalo “se abandonó a los placeres más groseros y a una furia sin control”.

El historiador alemán B.G. Niebuhr consideró por su parte que el nombre de Heliogábalo quedó grabado en la historia por encima de otros debido a su “indescriptiblemente desagradable vida”, mientras que el biógrafo Elio Lampridio escribió que Heliogábalo era “una bestia de lujurias antinaturales”. Uno de los seis autores de la obra Historia Augusta, finalmente, se llegó a preguntar: “¿Quién podía soportar a un emperador que absorbía placer por todas las cavidades de su cuerpo, cuando nadie toleraría un comportamiento similar ni siquiera en una bestia?”.

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