Investigación revela que los nazis eran adictos a las drogas

Investigador alemán reveló que los líderes del Tercer Reich drogaban a sus tropas con Pervitin, una conocida metanfetanima.

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El periodista e investigador alemán Norman Ohler, un conocido autor de novelas y guiones cinematográficos en su país, relató que en una oportunidad, tras conversar con un DJ underground de la ciudad de Berlín, éste le contó, entre otras cosas, que los nazis eran grandes consumidores de droga.

Intrigado por la extraña revelación que le había hecho su amigo, Ohler investigó los archivos federales alemanes y los archivos nacionales de EE.UU, en Washington D.C. y Maryland. Y la conclusión a la que llegó fue ciertamente llamativa: “El abuso de drogas en la Alemania nazi fue impactante”, aseguró el periodista, que a propósito de este poco conocido tema publicaría un libro llamado “Der totale Rausch” (“El éxtasis total”), cuyo título alude a la famosa frase que pronunció Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, en un mitín político celebrado en Berlín en 1943: “¿Quieren la guerra total?”.

nazis adictos a las drogas

De acuerdo a las conclusiones que Ohler revela en su libro, los “landser” alemanes, los soldados de infantería de la Wehrmacht germana, consumían Pervitin, un producto alemán patentado en 1937 que contiene metanfetamina, lo que hoy se conoce como cristal. “El Ejército se dio cuenta de la existencia de esta droga que podía ser interesante para sus fines, pues el Pervitin te mantiene despierto durante mucho tiempo. Durante un par de días no te hace falta dormir. Se usó por primera vez cuando Alemania invadió los Sudetes en Checosolovaquia y Polonia, y luego cuando Alemania atacó a Francia en 1940. Antes del ataque, el Ejército alemán encargó 35 millones de pastillas de Pervitin para los soldados que marchaban hacia Francia. El Pervitin se usó muy frecuentemente en el Ejército alemán y estuvo disponible como medicina hasta 1939. En Berlín se convirtió en una droga de elección, como cuando la gente toma café para aumentar sus energías. La gente tomaba muchísimo Pervitin en todas partes. La compañía quería que el Pervitin rivalizara con la Coca Cola. Esta droga hacía sentirse eufórica a la gente que la tomaba, lo cual encajaba con el estado de ánimo general antes de la guerra”.

Ohler agrega que el consumo de Pervitin por parte de los soldados alemanes no era ningún secreto de Estado, pues se hacía abiertamente a la vista de todo el mundo. “Al principio, el Ejército no comprendió que el Pervitin era una droga; pensaban que era como beber café. Pero en 1941 se ilegalizó. En el Ejército la distribución se mantuvo en secreto, pero los registros de la guerra con Rusia no son tan claros como los de la guerra con Francia, donde podemos ver cuántas pastillas se distribuyeron. Hablé con un oficial médico que estuvo en Stalingrado y él me dijo que todavía entonces prescribió Pervitin a algunos de sus soldados”.

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El periodista agrega además que, en su investigación, analizando las notas personales del doctor Theodor Morell, médico de cabecera de Adolph Hitler, descubrió que el Führer también era un asiduo consumidor de drogas. “Nadie sabía lo que Morell le daba a Hitler. Morell no se lo dijo a nadie y Hitler seguro que tampoco. Pero mucha gente sospechaba que algo raro pasaba. Hubo intentos de obligar a Morell a revelar lo que le daba a Hitler, pero se negó. Era un secreto entre estos dos hombres. Pero sus notas personales nos permitieron averiguar que Hitler no usaba Pervitin, él era más de esteroides: hormonas animales que se inyectaba a la vena. Más tarde usó Eukodal, un opiáceo fuerte, primo farmacéutico de la heroína. A Hitler le encantaba el Eukodal. Sobre todo en el otoño de 1944, cuando la situación militar estaba bastante mal, usó esta droga fuerte que le volvía eufórico, aunque realmente no lo estaba. Los generales no hacían más que decirle: “Necesitamos cambiar nuestras tácticas, tenemos que acabar con esto, vamos a perder la guerra”. Pero él no quería escuchar nada de esto. Él tenía al Dr. Morell para que le diese las drogas que le hacían invulnerable”.

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Ohler también averiguó en su investigación que el consumo de determinadas drogas no era privativa del ejército alemán, pues los médicos de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial también habrían prescrito determinadas sustancias a sus soldados para mejorar su rendimiento en combate. “Mientras que los alemanes tomaban cristal, los británicos tomaban speed. Muchos de los soldados estadounidenses pasaron por Gran Bretaña y recibieron allí anfetaminas. Los norteamericanos tomaban la droga para mantener el ritmo de los enloquecidos soldados alemanes. Esto se arraigó en el Ejército estadounidense: en la Guerra de Corea de 1950 los pilotos iban ciegos de anfetaminas. Los alemanes introdujeron las drogas en el Ejército, pero otros países siguieron sus pasos. El LSD, de hecho, fue inventado por un químico suizo y la inteligencia estadounidense intentó utilizarlo, también basándose en los experimentos alemanes en el campo de concentración de Dachau. Allí un médico llamado Plötner usó mescalina para desarrollar nuevas técnicas de interrogatorios. Cuando los estadounidenses liberaron el campo de concentración, cogieron estos estudios y los utilizaron en el “Proyecto Artichoke”, de la CIA, para aplicarlos en la década de los cincuenta en desenmascarar a los agentes soviéticos”.

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