Irena Sendler: La “Schindler mujer” que salvó a 2.500 niños judíos de morir a manos de los nazis en Varsovia

Esta valiente enfermera polaca usó ingeniosos métodos para lograr su objetivo.

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Cuando los nazis invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939, desatando con ello la Segunda Guerra Mundial, Irena Sendler (nacida en 1910 bajo el nombre de Irena Stanislawa Sendlerowa) era una enfermera y trabajadora social de 29 años empleada en el Departamento de Bienestar del municipio de Varsovia, repartición que se encargaba de proporcionar comida, ropa y medicinas para huérfanos, ancianos y pobres de la ciudad.

Irena Sendler.

Irena Sendler.

El padre de Irena había sido un abnegado y altruista médico que había muerto de tifus mientras ayudaba a sus pacientes en medio de una epidemia y ella, al crecer, heredó su aversión contra toda forma de maldad e injusticia. Una vez, de hecho, estuvo suspendida tres años en la universidad polaca porque protestó contra las medidas discriminatorias de las autoridades contra estudiantes judíos.

En 1940, los nazis, para separar a los judíos de la población polaca en la capital de ese país, organizaron el Gueto de Varsovia, un infame lugar donde se hacinarían unas 400 mil personas que vivían en condiciones infrahumanas. Irena, horrorizada por las condiciones del gueto, se uniría al Consejo para la Ayuda de Judíos, Zegota, para prestar toda la ayuda que pudiera.

“Conseguí, para mí y para mi compañera Irena Schultz, identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Más tarde tuve éxito en conseguir pases para otras colaboradoras. Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto”, relataría Irena Sendler, quien, cuando caminaba por las calles del gueto, solía portar un brazalete con la estrella de David en señal de solidaridad con el pueblo judío y para no llamar la atención sobre sí misma.

Habitantes judíos del gueto de Varsovia.

Habitantes judíos del gueto de Varsovia.

Sospechando que los nazis tarde o temprano iban a exterminar a todos los habitantes judíos del Gueto de Varsovia -trasladándolos a los campos de exterminio de Treblinka y Auschwitz- Irene Sendler pronto se puso en contacto con diversas familias judías a las que ofreció llevar a sus hijos fuera del gueto, para salvarlos de una muerte segura.

Durante un año y medio, desde su llegada al gueto hasta la evacuación del mismo en el verano de 1942, Irene consiguió rescatar a más de 2.500 niños judíos, valiéndose de diversas estratagemas: los sacaba en ambulancias simulando que eran pacientes enfermos víctimas del tifus o bien los escondía en sacos, cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercancías, bolsas de papas e, incluso, ataúdes.

Irena, por cierto, quería que en el futuro estos niños rescatados pudieran reencontrarse con sus padres y recuperar así su identidad y sus historias personales. Para ello, se preocupó de confeccionar una lista con el nombre real del niño rescatado (y en los casos en los que se sabía el de sus padres) y al lado el nuevo nombre inventado en los documentos apócrifos y el de sus nuevas familias de adopción. Luego hacía una copia, poniendo a salvo los papeles dentro de dos botellas o frascos que enterraba en la tierra del jardín de una vecina suya.

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En septiembre de 1943, cuatro meses después de la destrucción completa del gueto de Varsovia, Irena Sendler sería nombrada directora del departamento de Cuidado de Niños Judíos de Zegota. Usando el nombre clandestino de “Jolanta”, la enfermera aprovecharía sus contactos con orfanatos e instituciones para niños expósitos para enviarles chicos judíos, muchos de los cuales fueron enviados al orfanato Rodzina Marii (Familia de María) en Varsovia, a instituciones religiosas regentadas por monjas en la cercana Chotomów y a Turkowice, en las inmediaciones de Lublin.

Los nazis pronto se enterarían de las actividades extraoficiales de la valiente enfermera polaca. La Gestapo la detuvo el 20 de octubre de 1943 y la trasladó a la prisión de Pawiak, donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja de su celda, Irena encontró una estampa de Jesús Misericordioso con la leyenda: “Jesús, en ti confío”, imagen que conservaría consigo hasta 1979, momento en que se la obsequió al Papa Juan Pablo II.

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Durante su estancia en prisión, Irena Sendler soportó con estoicismo las torturas y los malos tratos y se negó en todo momento a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos, revelando los nombres y las direcciones de las familias que los albergaban.

Ante su obstinada actitud, los nazis la sentenciaron a muerte, pero los miembros de Zegota consiguieron sobornar a algunos de los soldados alemanes encargados de su ejecución. Mientras esperaba la muerte, un soldado alemán se llevó a Irena para someterla a un “interrogatorio adicional”. Sin embargo, el guardia la sacó subrepticiamente a la calle y le gritó en polaco: “¡Corra!”. Al día siguiente y ya en libertad, Irena Sendler encontró su propio nombre en la lista de los polacos ejecutados.

Tras el fin de la guerra, Irena desenterró los frascos de vidrio donde tenía los datos de los niños rescatados y entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de Salvamento de los Judíos Supervivientes. Desafortunadamente, la mayor parte de las familias de los niños rescatados habían muerto en los campos de concentración nazis. En un principio, los niños que no tenían una familia adoptiva fueron cuidados en diferentes orfanatos, y poco a poco se los envió al Mandato Británico de Palestina.

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Los niños rescatados, por cierto, sólo conocían a Irena por su nombre clave, “Jolanta”. Pero años más tarde, cuando su foto salió en un periódico luego de ser premiada por sus acciones humanitarias durante la guerra, un hombre la llamó por teléfono y le dijo: “Recuerdo su cara, usted es quien me sacó del Gueto.” Y a partir de ese momento comenzaría a recibir muchas llamadas y reconocimientos. En 1965 la institución Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa Entre las Naciones, y se la nombró ciudadana honoraria de Israel.

En el nuevo milenio Irena Sendler sería conocida como “el ángel del Gueto de Varsovia” o la “Schindler mujer”, en referencia al famoso empresario alemán Oskar Schindler, quien también se haría conocido por salvar a miles de judíos del Holocausto.

Irena Sendler en sus años finales de vida.

Irena Sendler en sus años finales de vida.

En noviembre del 2003 el presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski, le otorgó a la antigua enfermera polaca la más alta distinción civil del país, al nombrarla dama de la Orden del Águila Blanca. En esa ceremonia Irena Sendler fue acompañada por sus familiares y por Elzbieta Ficowska, una mujer judía que en julio de 1942, cuando tenía sólo cinco meses de edad, había sido sacada del Gueto de Varsovia oculta en una caja de madera con agujeros, la cual iba entremedio de un cargamento de ladrillos, a bordo de un vagón traccionado por un caballo.

Otro de los niños rescatados por Irena (quien el año 2007 fue postulada para el Premio Nobel de la Paz) sería el profesor de literatura Michal Glowinski, cuyo nombre estaba en los dos mencionados frascos de vidrio que la enfermera polaca había enterrado en un jardín de Varsovia. “¿Qué pienso de ella? Lo que se puede pensar y sentir sobre alguien a quien le debes la vida”, comentó Glowinski en una entrevista que concedió al diario inglés The Guardian.

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Irena Sendler fallecería en Varsovia, Polonia, el 12 de mayo del 2008, a los 98 años de edad. Y hoy, en la ciudad santa de Jerusalén, todavía se yergue el árbol plantado en su honor en el comienzo de la Avenida de los Justos de las Naciones.

En sus últimos años de vida, Irena rechazaría en todo momento los homenajes que se le hacían, afirmando que “me cansan estas cosas, ya estoy grande. Me molesta que me llamen héroe. Le voy a decir más. Es lo contrario: cada día me reprocho no haber hecho más por los que lo necesitaban. Cada niño salvado con mi ayuda fue la justificación de mi existencia en la tierra, y no un título para recibir la gloria”.

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